Lenin Contreras

Con las recientes restricciones impuestas por el gobierno de los Estados Unidos a la exportación de aguacate, se prendieron alarmas en el gobierno de la 4T y se exacerbaron las preocupaciones de los productores, empacadores y exportadores de aguacates agrupados en la APEAM.

Las exportaciones de aguacate ascendieron a 3 mil millones de dólares en el 2021. Para dar una idea de lo significativo de este monto podemos compararlo con el valor de las Inversiones Extranjeras Directas (IED), el agronegocio representa el doble de las IED que llegaron a Michoacán en el mismo año y tres cuartas partes del total de las remesas que llegaron al estado. Sin embargo, el tema del aguacate no se reduce a las afectaciones de los bolsillos de unos cuantos.

La industria de exportación de aguacate es la expresión más acabada de lo que podríamos llamar la agricultura capitalista en el periodo neoliberal. Una industria altamente productiva, con altos niveles de utilidad, basada en el monocultivo de exportación, controlada por unas cuantas empresas agro-comercializadoras extranjeras, con bajos costos de mano de obra y fuertes daños ecológicos. Los datos del agronegocio son escalofriantes.

En el caso de Michoacán, que concentra el 85 por ciento de la producción nacional de aguacate, este solo fruto representa el 40 por ciento del valor monetario de la producción agrícola estatal y el 15 por ciento de la superficie cultivada.

El agronegocio de aguacate es controlado por 15 empresas estadounidense que realizan el 46 por ciento de las exportaciones. Las principales empresas exportadoras son Mission, Calavo y Fresh Dirección. Lo que significa que la gran parte de los 30 mil productores y las 48 mil hectáreas están subordinadas a las agroexportadoras extranjeras quienes subcontratan la producción.
Los exportadores de aguacate se quedan con el 35 por ciento de los ingresos, los productores solo con el 20 por ciento y los distribuidores a minoristas, sobre todo cadenas como Walmart en Estados Unidos, con el resto. Además, se estima que el 39 por ciento de las utilidades de las agroexportadoras son repatriadas por las empresas extranjeras.

El monocultivo de exportación

La producción de aguacate es un monocultivo y aquí reside el problema ambiental. Los monocultivos depredan la naturaleza, agotan el suelo por uso intensivo de plaguicidas y fertilizantes no orgánicos, presionan la deforestación y ocasionan estrés hídrico y contaminación del agua.

El monocultivo se soporta técnicamente en la mecanización, el mejoramiento genético de variedades modernas, además, está íntimamente relacionado con los procesos de deforestación y contribuyen a la liberación de nuevos patógenos que socavan la salud pública, como el Covid-19. Los daños ecológicos del modelo industrial basado en el monocultivo son tan severos que no es casual que el premio nobel de Química Paul Crutzen consideró al monocultivo como uno de los factores del Antropoceno.

Después de dos décadas de la frenética producción de aguacate son inocultables los grandes problemas ambientales: 1500 hectáreas de bosque deforestadas anualmente, acaparamiento de agua y la utilización de 500 mil litros de insecticidas, más de 900 mil toneladas fungicidas y 30 mil toneladas de fertilizantes por año.

La colonización de la agricultura
Lo que no se dice es que la gran expansión de este monocultivo, que de 2010 al 2020 paso de 134 mil a 241 mil hectáreas, está relacionado con la reestructuración de la industria agrícola norteamericana que desde la década del 80 inició el traslado de su producción a México. Este proceso, caracterizado por Ernest Feder como la colonización de la agricultura, tenía por objeto trasladar la degradación ambiental al sur, reducir el costo de mano de obra, explotar tierra más barata y evadir la organización sindical de jornaleros agrícolas migrantes.

Es por ello que México y particularmente Michoacán, están pagando los costos ecológicos por el hiperconsumo norteamericano de aguacate, que, por otra parte, bien se podría producir en Estados Unidos. La producción de aguacate en Estados Unidos en el periodo de 2015 y 2019, fluctuó entre 100 mil y 200 mil toneladas de aguacate de forma anual, en cambio, para el 2019 importó 1 millón 1 mil de toneladas, la mayor parte proveniente de Michoacán.

En el estado de California, Estados Unidos, el salario en el campo como cortadores es de 15 dólares por hora en jornadas laborales de entre 8 y 10 horas. Lo que supone que, a una tasa de cambio de 20 pesos, el salario nominal de los trabajadores agrícolas migrantes en EE.UU. varía entre 2 mil 400 a 3000 pesos diarios (entre 120 a 150 dólares). En contraste, en el municipio de Tancítaro, uno de los principales productores de aguacate, el salario fluctúa entre 350 a 450 pesos por jornada.

Nulo desarrollo social

Otro aspecto es que, pese al millonario negocio que representa, esta industria no ha impactado en la reducción de la pobreza. Si consideramos los cinco principales municipios productores: Tancítaro, Tacámbaro, Salvador Escalante, Uruapan y Ario de Rosales, los cuales concentran más del 50 por ciento de la producción, se observa que en todos ellos la pobreza no se redujo, incluso se incrementó.

Dicen los empresarios y los gobiernos que les preocupan los 15 mil cortadores y los 300 empleos indirectos. Es curioso que solo les interese cuando sus ganancias están en vilo. Los trabajadores directos, jornaleros, carecen de derechos laborales y sus salarios son altamente precarios.
Ahora, los jornaleros están literalmente condenados a sobrevivir de la caridad, ya que después del anuncio de las restricciones a las importaciones, los empresarios ordenaron parar el corte y no presentaron alternativa alguna para los trabajadores.

No deja de ser irónico que en los tiempos de la supuesta 4T, las sanciones a las exportaciones de aguacate por parte del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) representen tantas preocupaciones. Según la retórica del programa sectorial de desarrollo rural, el actual gobierno fomentaría prácticas de producción sostenible, autosuficiencia alimentaria y bienestar de la población rural. Nada de esto es compatible con el agronegocio, ni hoy ni en el futuro, y en lugar de que el gobierno federal y estatal exploren alternativas ante los chantajes de Washington, su respuesta fue convertirse en ciervos del capital agroexportador.
Como se observan las cosas, no habrá cambio en la política de desarrollo sectorial, y con ello el aguacate seguirá expandiéndose como el fruto del imperialismo.