Agosto de 2021

A inicios del presente mes la secretaria de Educación Pública Delfina Gómez en reunión con la jefa de gobierno de la Cd. De México, la y los gobernadores de los 32 estados enfatizó la urgencia de volver a las aulas, lo anterior para intentar resarcir las problemáticas acentuadas durante la presente pandemia, el abandono escolar, el bajo nivel de aprovechamiento, el estrés, la sobresaturación de actividades, la depresión de los estudiantes y la violencia hacia ellos y ellas. El regreso a clases ha sido respaldado por el presidente Andrés Manuel, quien por cierto, desde el pulpito, esgrime para los críticos del programa Aprende en Casa y el regreso a clases el mismo discurso hecho a la derecha, opositores, neoliberales y conservadores han sido algunos calificativos.

Es claro que los resultados obtenidos de la educación a distancia no han sido los pronosticados, más aun, no se tiene un balance serio del programa y sus resultados. Y si bien los debates sobre las funciones de la escuela en la actual pandemia se avivaron, estas caen en viejos vicios de la pedagogía critica, creemos entonces pertinente exponer un breve balance del programa aprende en casa y la acción revolucionaria que representa la pedagogía.

Fue en marzo del 2020 cuando la SEP anunció la participación en el aislamiento voluntario preventivo de estudiantes, personal docente y administrativo de las escuelas tanto públicas como privadas en todos los niveles de enseñanza, en el marco de las medidas preventivas para la mitigación y control de los riegos para la salud que implica la COVID-19.

Las sesiones presenciales en educación básica y media superior serían reemplazadas por el programa Aprende en Casa, el cual implicó la trasmisión de programas televisivos basados en los contenidos educativos. Muchos de estos programas, así como las plataformas que se habilitaron han tenido deficiencias, entre ellas: los contenidos educativos transmitidos carecieron de herramientas que permitieran el aprendizaje de los estudiantes con capacidades diferentes; la mayor parte del material complementario (libros, fichas de repaso, videos lecturas, cursos, talleres, entre otros) está disponible únicamente en línea; existió una saturación de contenidos y carga de tareas que los y las estudiantes tuvieron que realizar; se partió de la idea de que los niños y niñas tenían el mismo conocimiento, aprenden al mismo ritmo, así como las mismas condiciones materiales y económicas. Aun cuando el programa partió de suposiciones de homogeneidad, distante de la construcción de ambientes de aprendizaje adaptativos, incluyentes y colaborativos (De la Cruz, 2020), se aseveró que el programa se caracterizaba por su diversificación y que la educación a distancia por TV tenía una base pedagógica sólida y equitativa, por tanto, esto permitiría que los y las estudiantes continuaran aprendiendo.

Los siguientes datos fueron suficientes para justificar el programa Aprende en Casa; a) un millón de docentes se habían capacitado en competencias digitales (48% del total); b) la TV tenía un alcance del 94% para los y las estudiantes; d) se crearon 999,308 cuentas para docentes en plataformas digitales y 11.5 millones en educación básica (45% del total de estudiantes).

Aunado a lo anterior, los especialistas de la SEP recomendaron a los padres, madres de familia, tutores y tutoras acompañar a los y las estudiantes en sus actividades académicas diarias, esto sin analizar las vulnerabilidades ya presentes en los hogares y que en otros casos surgieron durante la pandemia. De acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval ,2021) entre 2018 y 2020 el porcentaje de la población en situación de pobreza aumentó de 41.9% a 43.9, esto es, de 51.9 a 55.7 millones de personas, mientras que la población en situación de pobreza extrema incrementó de 7% a 8.5% (de 8.7 a 10.8 millones). Asimismo, en 2020 poco más de 6 millones de hogares eran monoparentales y el 56% de la población ocupada (31 millones de personas) se encontraba con empleo informal, esto sin mencionar que para el mismo año la crisis sanitaria derivó en el cierre de actividades no esenciales, el encierro de millones de personas y con ello la pérdida de empleos, así como una disminución en el ingreso de muchos negocios formales e informales.

El traslado de la escuela a los hogares, implicó una sobresaturación de actividades para padres, madres de familia, tutores y tutoras, quienes tuvieron que lidiar con una jornada laboral, el trabajo doméstico y el apoyo o seguimiento de las actividades académicas de sus hijo e hijas. Acompañar, estar disponibles, apropiarse de las herramientas, así como de los conocimientos previstas para grado y asignatura, descifrar las orientaciones orales y escritas, son solo algunas de las actividades. Pero, la sobresaturación de actividades no ha sido el peor de los escenarios, la existencia de hogares monoparentales, de padres y madres que no dejaron de trabajar o el fallecimiento de estos, implicó un esfuerzo extraordinario para los y las estudiantes que construyeron su aprendizaje solos, estos niños, niñas y jóvenes se convirtieron en autodidactas/autosuficientes, muchos otros abandonaron la escuela.

De acuerdo a datos del INEGI (2021), el apoyo que recibieron los y las estudiantes para la realización de las actividades escolares fue mucho mayor en los niveles iniciales del ciclo escolar 2020-2021: el 98.7% de la población inscrita en preescolar recibió apoyo de al menos una persona de la vivienda, en primaria fue del 93% y en secundaria del 51.7%. Es importante mencionar que fueron las madres de los y las estudiantes quienes apoyaron principalmente en las actividades escolares, en preescolar fue del 84.4%, en primaria del 77% y en secundaria del 60.2%. El apoyo de los padres únicamente representó el 5.9% en preescolar, 7.9% en primaria y 10.2% en secundaria.

Referente al abandono escolar, para el ciclo 2019-2020 un total de 738.4 mil personas no concluyeron el grado escolar en el que se encontraban, este comportamiento fue más acentuado en las escuelas privadas. Si bien es cierto, el fenómeno del abandono escolar está presente en cada ciclo, es importante distinguir cuándo estuvo relacionada con la pandemia, de esta manera se tiene que, 405 (58.9%) mil estudiantes señalaron que fue por un motivo relacionado directamente a la COVID-19; 65 mil por falta de dinero (8.9%), 49 mil porque tenía que trabajar (6.7%) y 188 mil por otras razones (25.5%). Los motivos específicos asociados a la COVID-19 fueron: perdió el contacto con maestras/maestros o no pudo hacer tareas; la escuela cerró definitivamente; carecía de computadora, otros dispositivos o conexión a internet; consideró que las clases a distancia son poco funcionales para el aprendizaje, y; el padre, madre o tutor/a no pudo estar al pendiente de él/ella.

Para el ciclo escolar 2020-2021 aún no se tienen datos del abandono escolar, pero si el número de estudiantes que no se inscribieron, de acuerdo con el INEGI (2021) de un universo de 54.3 millones de personas de 3 a 29 años (que representa una cobertura del 95% de la población en ese rango de edad respecto del Censo de Población 2020), 32.9 millones (60.6%) se reportaron como inscritos y 21.4 millones (39.4%) no inscritos. En cuanto a las razones para no inscribirse, 2.3 millones de personas (4.3% respecto del total de la población) lo hicieron por motivos relacionados con la COVID-19, 2.9 millones por falta de recursos/dinero.
En cuanto al tema del acceso a los recursos y servicios tecnológicos, estos fueron indispensables y en algunos casos exigidos por las escuelas, por ejemplo, contar algún dispositivo electrónico (celular, computadora o Tablet) y servicio de internet para acceder a las clases vía Meet o Zoom. Bajo este panorama la educación digital acentuó la ya existente desigualdad educativa.

Recordemos que durante 2020 el 96% de los usuarios de Internet se conectaba mediante un celular inteligente, aquellos que lo hicieron por medio de una computadora portátil fue de 34%, entre las principales actividades que realizaron los usuarios están comunicarse (93.8%), buscar información (91%) y acceder a redes sociales (89%) (ENDUTIH, 2020). Si bien es cierto las nuevas generaciones de estudiantes están más vinculadas con los recursos tecnológicos, esto no ha significado que puedan aprender con estas herramientas, pues no necesariamente los emplean para el aprendizaje. Mas aún, lo intentos educativos para la implementación de tecnologías en las aulas han servido únicamente para el enriquecimiento de empresas. En el periódico magisterial Rojo No. 28 se realizó un recuento de las ganancias que ha significado el gasto en tecnologías de la información: Enciclomedia con el gobierno de Vicente Fox con una inversión de 22 mil 955 millones de pesos; Habilidades Digitales para Todos (HDT) con Felipe Calderón con una inversión de 1 mil mdp en 2009, 586 md en 2010 y 4 mil 903 mdp en 2011; Laptops y Tablets con Enrique Peña Nieto con una inversión de 3 mil 700 mdp en 2013, 2 mil 346 mdp en 2015. Algunas de las empresas beneficiadas fueron: Microsoft, Vamos México, Sinnex, Tv Azteca y Iusacell.

Pero además, no se analizaron las condiciones de los profesores y profesoras para las clases a distancia, no todos están familiarizados con la enseñanza a distancia, ni cuentan con internet o herramientas inteligentes, y no podría ser de otro modo en las escuelas del medio rural en donde los contenidos y las herramientas escolares dependen en gran parte de la capacidad del docente para ajustarlas a cada contexto.

Es revelador observar como la imposibilidad o el acceso limitado a las herramientas tecnológicas se volvió un mecanismo de exclusión y acentuó la brecha educativa. Adicionalmente, para contrastar la información presentada en la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2020 (ENDUTIH), la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación 2020 presenta datos sobre el comportamiento de uso de aparatos o dispositivos electrónicos. Durante el ciclo escolar 2020-2021 para la realización de actividades escolares o clases a distancia, el uso de un celular inteligente fue más acentuado en la primaria con 70%, computadora portátil 9.8%, televisión digital 6.7% y otros dispositivos 13.5% (ver gráfica 1).

Fuente: INEGI. Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación.

Está claro que la preocupación principal de las autoridades ha sido salvar los años escolares, cumplir el currículo, los cursos, las tareas y calificar a los y las estudiantes. Prueba de lo anterior es que, durante el distanciamiento se ha repetido la necesidad de cumplir con las metas del ciclo escolar, que se resume en abordar los contenidos establecidos en los programas académicos. Estas circunstancias muestran la visión estrecha y lineal del tipo de educación que tenemos, la monotonía de los programas transmitidos; los problemas para seguir el ciclo escolar mediante las clases vía Zoom o Meet (que fueron implementados o exigidos por varias escuelas), el alto nivel de ausentismo y deserción son prueba de ello.

Lo anterior ha motivado diversas discusiones, sino nuevas, por lo menos a recobrar el auge perdido hace décadas. Por un lado, académicos cuestionan, la pertinencia de los conocimientos adquiridos en aula y su escasa o nula relación con los conocimientos necesarios para la convivencia cotidiana, obtener alimentos para el sustento y en última instancia, para afrontar la pandemia y lo que se nombra ahora la nueva realidad. En este sentido, se menciona que la educación ha quedado atrapada en el formalismo del currículo, del aprendizaje, de la eficiencia y de la evaluación; que la escuela se ha convertido en el centro de reclusión de los niños y adolescentes para que dentro de un horario aprendan un plan de estudios, tomen apuntes, cumplan tareas, usen sus libros de texto y presenten exámenes, no para que desarrollen aprendizajes significativos (Díaz-Barriga, 2020).

Por otro lado, algunos más aventurados han recobrado las tesis de Iván Ilich (1971), recordemos: la escuela tiene como funciones la custodia, la selección y adoctrinamiento de los estudiantes, en donde el docente funda su autoridad en una triple corona custodio-moralista-terapeuta; en la escuela el currículum simboliza los valores envasados, en donde los contenidos son producidos como cualquier otra mercancía atendiendo a las demandas futuras del mercado, bajo esta lógica a los consumidores-alumnos/as se les enseña a ajustar sus deseos a valores comerciables; la escuela agrupa a las personas según sus edades, lo que es una de sus funciones básicas de regulación social.
Autores más pesimistas auguran el agravamiento de los estados autoritarios y la perpetración de los estados de excepción, y junto con ello el cambio hacia manifestaciones autoritarias de los sistemas educativos, “los tiempos y espacios escolares se ampliarán a través de la carga cada vez mayor de tareas, invadiendo cada rincón de la vida familiar y la vida provida de los estudiantes” (Plá, 2020, p.36).

¿Cuáles son las algunas propuestas en torno al papel de la escuela en la presente pandemia? En palabras de Plá (2020, p.37) “lo primero sería hacer una pausa y preguntarse qué escuela y para que sociedad”, esto permitiría ver que la institución escolar no está siendo capaz de responder a las necesidades de la coyuntura, es decir, se debe pensar la escuela para la sociedad, esto llevaría a cambiar las finalidades del sistema educativo, porque el diagnostico sería distinto. Pero, estos cambios no pueden llevarse a cabo si no se cambian las estructuras jerárquicas de la SEP, al mismo tiempo que se requiere descentralizar/flexibilizar/contextualizar el currículo, que permita incorporar temas transversales y dinámicos (v. gr., género, derechos humanos, democracia, sustentabilidad, etc.), en donde exista protagonismo de las autoridades educativas estatales y locales, las propias escuelas, sus maestros y las comunidades escolares (Chehaibar, 2020). Además, la implementación de una política de inversión para fortalecer la educación pública en todos los niveles, desde la inicial hasta el posgrado, esto principalmente para las zonas de mayor precariedad socioeconómica. Dejaría de ser la producción de ciudadanos competitivos la finalidad última y se educaría para el trabajo colectivo, para la autonomía el pensamiento crítico.

Aun cuando existen más de seis décadas de investigaciones respecto de una teoría critica de la educación, en donde se analiza el papel que juega la escuela como institución para la reproducción cultural y social de la clase dominante, parecería que las discusiones se siguen enfrascando en las erróneas afirmaciones de los teóricos radicales, que expresan la independencia de las escuelas respecto de la ideología profesada por cualquier gobierno u organización de mercado o que la escuela es social y políticamente neutral, bajo este análisis bastaría con reformar la escuela o cambiar la burocracia y la política educativa. No compartimos esta visión, por ello recuperamos algunas ideas que son necesarias para entender el proceso educativo; por un lado, compartimos las posiciones de que las escuelas no pueden ser analizadas como instituciones separadas del contexto socioeconómico en el que están situadas; y si bien las escuelas sirven bajo el presente contexto a los intereses del capitalismo, de igual manera los maestros y estudiantes no reciben simplemente información, también la producen y la median, de esta manera las escuelas son también espacios de contestación y lucha entre grupos diferencialmente dotados de poder cultural y económico (Giroux, 2004).

Sin duda es importante resolver en la actual pandemia los problemas prácticos, metodológicos, administrativos y didácticos para la educación a distancia y el regreso posible a clases presencial. Pero, realmente nuestra labor docente termina ahí, nosotros pensamos que no, que se debe hacer énfasis en que la labor pedagógica es ante todo una labor política, sin esta perspectiva, como afirmó Makárenko, la educación no reporta provecho. Este quehacer político arranca de los anhelos del pueblo, de los fines y objetivos de nuestra lucha, Lenin (1928) brillantemente afirma que “nuestro trabajo en el dominio escolar consiste en derribar a la burguesía, y declaramos abiertamente que la escuela fuera de la vida, fuera de la política, es una mentira y una hipocresía” (Pistrak, 2007, p. 19). Solo mediante la emancipación de la humanidad entera hombres y mujeres podrán llegar a ser plenamente desarrollados, y esto se logrará con la instauración del socialismo.

Finalmente, en cuanto a los problemas de inicio del Ciclo Escolar 2021-2022, ya de por si complicados, habrá que añadir la regularización de los y las estudiantes, la higiene en las escuelas y los protocolos de actuación en casos de COVID-19. Y si las condiciones no permiten el regreso a clases una opción podría ser el trabajo por proyectos en las materias, en donde se vinculen las materias con los problemas actuales de nuestro entorno.

Referencias
Chehaibar L. M. (2020). Flexibilidad curricular. Tensiones en tiempos de pandemia. En IISUE, Educación y pandemia. Una visión académica (pp. 83-91). Recuperado de http://www.iisue.unam.mx/nosotros/covid/educacion-y-pandemia
Consejo Nacional de Evaluación de la Politica de Desarrollo Social. (2021). Medición multidimensional de la pobreza en México 2018-2020. Recuperado de https://www.coneval.org.mx/Medicion/MP/Paginas/Pobreza_2020.aspx
De la Cruz Flores, G. (2020). El hogar y la escuela: lógicas en tensión ante la COVID-19. En IISUE, Educación y pandemia. Una visión académica (pp. 39-46). Recuperado de http://www.iisue.unam.mx/nosotros/covid/educacion-y-pandemia
Diaz-Barriga, A. (2020). La escuela ausente, la necesidad de replantear su significado. En IISUE, Educación y pandemia. Una visión académica (pp. 19-29). Recuperado de http://www.iisue.unam.mx/nosotros/covid/educacion-y-pandemia
Giroux, H. (2004). Teoría y resistencia en educación. Una pedagogía para la posición. México, D.F.: Siglo XXI.
Illich, I. (1985). La sociedad desescolarizada. Recuperado de http://peuma.unblog.fr/category/ivan-illich/
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2020). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2020. Recuperado de https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2021/OtrTemEcon/ENDUTIH_2020.pdf
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2021). Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación. Recuperado de https://www.inegi.org.mx/investigacion/ecovided/2020/#Documentacion
Pistrak (2007). Fundamento de la Escuela del Trabajo. En Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Sección XVIII, Antología para el maestro (pp. 5-150), Morelia, Mich.
Plá, S. (2020). La pandemia en la escuela: entre la opresión y la esperanza. En IISUE, Educación y pandemia. Una visión académica (pp. 30-38). Recuperado de http://www.iisue.unam.mx/nosotros/covid/educacion-y-pandemia