Carlos Mendoza

En tiempos recientes hemos sido bombardeados a través de las redes sociales por influencers e intelectuales de la ultraderecha política que se hacen llamar “libertarios”. Su discurso ha permeado de manera considerable en jóvenes que se vuelven acérrimos defensores de los grandes capitalistas, del individualismo y de la desigualdad social, así como enemigos de la clase trabajadora. En este texto pretendemos dar una aproximación seria de este proceso.

Crisis económica mundial

La incesante acumulación de capital (condición necesaria del capitalismo) genera crisis, la forma en que las supera necesariamente vaticina a futuro nuevas crisis más profundas. Partiendo de este punto, podemos señalar que la crisis del 2008 sumió a la economía mundial en un bache del cual no se ha podido levantar, las maneras en que se ha buscado superar con la profundización de políticas neoliberales sólo han traído más desigualdad y concentración de la riqueza en muy pocas manos. La superexplotación laboral y la precarización de la vida se incrementó con la pandemia y el efímero freno que se les puso a algunas ramas de la economía capitalista en el mundo.

Esto es importante señalarlo porque en momentos de crisis las personas tienden a escuchar otras ideas que les den “solución” a sus problemas inmediatos. Ahí es donde pueden surgir con fuerza posiciones fascistas o neofascistas, ayudadas con el monopolio de medios de comunicación y otros elementos de la hegemonía cultural burguesa.

Ascenso del fascismo

El fascismo “clásico” nunca ha sido anticapitalista, así lo demostró donde tomó el poder, forjando alianzas con el gran capital, al que sirvió manteniendo a raya al movimiento obrero. Supuso más bien una reinvención del capitalismo mediante el abandono y momentáneo fracaso del liberalismo después de 1929.
Hoy en día (con la crisis económica ya mencionada), precisamente puede ocupar un lugar similar al de entonces, pues su surgimiento también corresponde a una amenaza latente de que los movimientos populares puedan tener un ascenso y quitarle algunas cosas a la gran burguesía, incluso llegar a poner en tela de juicio su dominio.

Así, hemos visto con gran preocupación como las ideas fascistas han cobrado fuerza en el mundo: los nacionalismos reaccionarios, la xenofobia, el clasismo, sexismo, racismo e incluso un fundamentalismo religioso han sido expresados por distintas fuerzas políticas. A éstas habría que mencionar su renuencia a ciertas prácticas democráticas y derechos sociales.

Esas ideas representadas en fuerzas políticas, gobiernan ya en varios países del este de Europa y han logrado entrar en los ejecutivos de Austria e Italia. La desgraciada llegada de Trump a la presidencia de EEUU las ha fortalecido. En Latinoamérica tenemos al defensor de la dictadura militar Bolsonaro en Brasil, en Uruguay gobierna el derechista Lacalle Pou, en Bolivia Jeanine Áñez fue puesta y es sostenida por militares y por la Iglesia, el pinochetista José Antonio Kast (hijo de Michael Kast Schindele, general alemán nazi) consolida su partido en Chile “Acción Republicana”, mientras el partido franquista VOX en el Estado español es la tercera fuerza nacional y el Reagrupamiento Nacional de Francia (antes Frente Nacional) tiene una posición importante.

En México tenemos a personajes como el gobernador de Monterrey, Jaime Rodríguez “El Bronco”, el partido político “México Libre” (sin registro electoral aún) y el Partido Acción Nacional (PAN) como representantes más visibles de estas ideas. Aunque también existen organizaciones como “El Yunque” y la misma Iglesia detrás de esas posturas.
Batalla cultural y la disputa del sentido común
Retomando al marxista italiano Antonio Gramsci, podemos conocer la importancia que tiene el llamado sentido común en la formación de conciencia de las personas. Como regularmente éste es impuesto por la hegemonía cultural de la burguesía, les sirve para mantener la dominación en el terreno ideológico y cultural de las clases dominadas.

Como comunistas es nuestra obligación entrar a la batalla cultural y de ideas en beneficio de la clase trabajadora, ayudar a la formación de la conciencia de clase para sí. Siempre tomando en cuenta que, a diferencia de la izquierda posmoderna, nuestra lucha no es solo por el discurso o relato, sino también por el poder político y la instauración del socialismo.
La pertinencia de este texto parte precisamente de la anterior premisa mencionada, explicando y desmenuzando las ideas de la ultraderecha libertaria podemos comprender sus intenciones y a qué intereses representa realmente.
Origen de la ultraderecha libertaria
Antes de iniciar con su origen debemos señalar que no es casualidad que esta corriente se quiera apropiar del término “libertario” que ha sido desarrollado por las distintas corrientes del anarquismo, es decir, retoman una idea del campo ideológico de la izquierda para impregnarlo ahora con sus valores liberal/conservadores más reaccionarios. Señalando que lo libertario viene de “libre mercado”, pues a diferencia del comunitarismo libertario de los anarquistas (sociedad sin Estado ni clases sociales) lo que importa es la “libertad económica” de un mundo sin intervención económica del Estado y controlado en su totalidad por empresarios.

Llegando a su origen, en 1971, Murray Rothbard –quien había sido alumno de Ludwig von Mises y había estado en círculos de discusión con Ayn Rand– funda el Partido Libertario en Estados Unidos. Este partido no tuvo mucha relevancia durante décadas hasta las elecciones presidenciales del 2016, donde fueron la tercera fuerza en este país con 3.28 % de los votos.
Si bien existen varias pequeñas corrientes dentro del pensamiento libertario de derecha (liberales clásicos, paleolibertarios, minarquistas, anarcocapitalistas, etc.), podríamos clasificarlos como neoliberales moderados o radicales, ya que retoman fundamentos de la teoría neoclásica de la economía. Es decir, son “grandes lectores” de Von Mises, Friedman y Von Hayek.

Algunos de sus principales exponentes actuales a nivel mundial son Jordan Peterson, Ben Shapiro, Milo Yiannopoulos, Hans-Hermann Hoppe, Richard Spencer y Steve Bannon.
También debemos señalar que estos libertarios mencionan que no son de izquierda ni de la derecha política, señalan que ser libertario es algo más que eso, incluso llegan a mencionar que toman lo mejor de ambos campos políticos. Lo curioso es que en su práctica y teoría claramente se posicionan en la ultraderecha más reaccionaria.

¿Quiénes o qué hay detrás de los libertarios?

Si bien hay distintas páginas, canales de youtube e influencers que retoman los videos de los “libertarios”, existen fundaciones o centros de pensamiento ultra derechista de donde surgen. Un claro ejemplo es “Fundación Libre”, con poco más de 100 mil suscriptores en youtube, es quizá el centro de pensamiento que más esparce la ideología “libertaria”, su presidente es Agustín Laje, quien, junto a Nicolás Márquez, Javier Milei y Daniel Dann son sus principales referentes (de ellos hablaremos más adelante).

Otros think thanks “libertarios” son el Panama Post donde escribe Vanesa Vallejo, “Fundación para el progreso”, que impulsa Axel Kaiser, el Instituto Cato en Estados Unidos donde imparte clases José Piñera, hermano del presidente derechista Sebastián Piñera (instituto financiado por corporaciones como la tabacalera Philip Morris y la petrolera ExxonMobil), así como otros centros de cristianos capitalistas radicales como el Instituto Acton y el Instituto Juan de Mariana.

Principales tesis de la ideología libertaria
En su dinámica de confrontación y troleo han logrado un gran alcance en redes sociales, utilizando sus “argumentos” contra personas que aparentemente no están lo suficiente preparadas para debatir, además se burlan de ellos y ellas. La mayoría de veces utilizan tergiversaciones y mentiras o “verdades” descontextualizadas para ganar sus debates.

También, han ganado muchos adeptos porque se hacen pasar como disruptivos y un movimiento que resiste la política del establishment. Pues ellos buscan un “capitalismo puro y duro” en palabras de Gloria Álvarez. Un fenómeno similar a como se vendió la imagen de Trump en su campaña presidencial.

Así, uno de sus principales puntos de su discurso es contra el gasto público, utilizan el hecho de que el Estado capitalista está lleno de políticos corruptos para atacarlos como los únicos responsables de la miseria. Como buenos neoliberales, buscan la minimización del Estado y dejar el libre funcionamiento del mercado (algo así como un anarquismo burgués internacional en palabras del historiador marxista Hobsbawm). Por lo tanto, hay que terminar con la salud y educación públicas, terminar con todos los derechos sociales y privatizar todo lo posible.

En ese sentido, al unísono de “No hay nada más injusto que la justicia social” y “los socialistas quieren igualar a los desiguales” (frases del economista libertario argentino Javier Milei), señalan que cobrar impuestos a las empresas es un robo y un crimen de lesa humanidad, pues se está atentando contra la propiedad de los ricos, que en su miopía teórica creen que son quienes crean el empleo.

Suelen ser partidarios de que el Estado reprima a la población para contener la protesta social y el descontento ante la precariedad capitalista. Este punto los asimila bastante con el pensamiento fascista.

Otro aspecto que los acerca al fascismo en la práctica son sus manifestaciones donde convergen con supremacistas blancos y neonazis. Además de que defienden abiertamente las dictaduras militares que se instauraron en el cono sur del continente que tuvieron miles de muertos y desaparecidos.

Evidentemente, su concepción de Estado es muy pobre y no señalan la función que éste tiene en el capitalismo como garante de la acumulación de capital, ni la entrañable relación entre funcionarios públicos y empresarios.

Pero no termina ahí, llegan al ridículo de llamar socialista o comunista a todo lo que se interponga ante la “libertad económica”, critique medianamente el orden patriarcal y capitalista. Como ejemplos que nos producen mucha gracia se puede ver que llamen de esta forma a Obama, Bill Gates, George Soros, Emmanuel Macron, Mauricio Macri, Sebastián Piñera, Macri, a la ONU, la CNN, al Banco Mundial, etc.

Otro de los ejes de su discurso se centra en atacar al movimiento feminista y lo que ellos llaman “ideología de género”. Plantean que no existe el patriarcado y que el movimiento feminista sería resultado de una conspiración mundial impulsada por millonarios como George Soros. Los “libertarios” buscan descalificar los legítimos reclamos de las mujeres y la masividad de las marchas feministas con imágenes y frases aisladas de feministas radicales, buscando dar la impresión por ejemplo de que determinadas pintas o acciones serían suficientes para desacreditar todo el movimiento. También señalan de una manera irreal que el movimiento feminista se vincula a las demandas del incesto. Demás está decir que son “pro vida” (justificando su postura con datos pseudocientíficos), amigos de las iglesias (que muchas veces los invitan a dar conferencias en distintos países) y que señalan que el mejor método anticonceptivo sería la abstinencia, posiciones medievales a todas luces.

En ese mismo sentido, su lucha contra la comunidad LGBTTT se ve muy bien plasmada con las aseveraciones del argentino Nicolás Márquez de que la homofobia no existe, incluso llega a mencionar que los homosexuales sufren de una enfermedad (les llega a llamar sodomitas y depravados) y se posiciona en contra del matrimonio igualitario y la adopción por estos. Una forma nada sutil para disfrazar su machismo y homofobia, justo como no pueden disfrazar su misoginia, clasismo y racismo.

Otra característica asociada a esta posición es el llamado “hispanismo” (por ejemplo, en México tenemos una página de internet llamada “Mitófago” que reproduce estas ideas), ideología que defiende la conquista española y las masacres perpetradas por el imperio español sobre las poblaciones indígenas de América Latina. Estas ideas reivindican la implantación a sangre y fuego de la religión católica sobre los “salvajes”, así como la expoliación y el saqueo del que han sido y son objetos los territorios que integran el subcontinente. De ahí es normal que los libertarios se pongan contra los movimientos indígenas y su autodeterminación.

Finalmente, los libertarios acusan con sus teorías conspiranoicas que todo es producto del marxismo cultural para dominar el mundo. En ese sentido intelectuales postestructuralistas como Michel Focault y otros de la izquierda posmoderna como Laclau pasan a ser marxistas. Además, en sus libros y vídeos hablan de Antonio Gramsci, Marx, Engels, Lenin y muchos otros pensadores marxistas para tratar de desacreditarlos y contraponerlos con sus autores de cabecera. Es decir, aunque hacen análisis superficiales y distorsionados nos demuestran que son cuadros de la burguesía mínimamente preparados para dar la batalla cultural. También es necesario mencionar que repiten mentiras como los 100 millones de muertos del socialismo real y muchas otras exageradas y desorbitantes aseveraciones.

Concluimos

A groso modo, hemos mencionado generalidades de la ultraderecha libertaria y sus verdaderas intenciones. No es ninguna casualidad que estas posturas ataquen directamente las ideas marxistas, pues ven en ellas un verdadero peligro a sus intereses capitalistas. Aunque hoy en día, no pasemos de ser anecdóticos en la lucha política, portamos la semilla de un cambio real para mejorar las condiciones de la gran mayoría de la población, de la clase trabajadora.