Itzury Cruz

“Felicitamos al pueblo americano por su reelección por una amplia mayoría. Si la resistencia al Poder esclavista fue la principal consigna de su primera elección, el triunfante grito de guerra de su reelección es: ¡muerte a la esclavitud!”. (Fragmento de la carta de la Primera Internacional, redactada por C. Marx a Lincoln)


En 1864 Carlos Marx redactaría, a nombre de la primera internacional, una carta a Lincoln en la cual expresaría, a nombre de las organizaciones obreras de Europa su apoyo a la causa antiesclavista, en este texto se puede leer los siguiente:

“Mientras los trabajadores, el verdadero poder político del Norte, permitieron que la esclavitud profanase su propia república, mientras ante el negro, dominado y vendido sin su consentimiento, presumieron de que la mayor prerrogativa del trabajador de piel blanca era venderse y elegir su propio dueño, no fueron capaces de alcanzar la verdadera libertad del trabajo, ni de apoyar a sus hermanos europeos en su lucha por la emancipación, pero esta barrera al progreso ha sido barrida por el mar rojo de la guerra civil”.


Para este año, Carlos Marx comprendía perfectamente la relación existente entre la barbaridad del sistema capitalista respecto a la relación capital-salario, con las interconexiones dialécticas con los problemas de la raza y clase, la etnia y la nación, lo cual, como se muestra, le permitió desarrollar una postura política antirracista y anticolonial.


Marx entendía que el racismo es una de las tantas formas que impiden la unidad de la clase explotada; el capitalismo, el sistema de las desigualdades por excelencia, se alimentó de él a su surgimiento, al igual que se alimentó del esclavismo y del exterminio de pueblos originarios. Es un problema estructural, y las personas que lo reproducen están sosteniendo al capitalismo, replicando su hegemonía.


En las últimas semanas los esfuerzos colectivos para romper ese pilar del sistema han crecido, en numerosas ciudades del mundo. El movimiento de personas negras, migrantes, indígenas y otras llamadas “minorías”, cuyos dolores habían sido invisibilizados a pesar de que nunca han suspendido su actividad política, ahora ocupan las primeras planas. Se ha logrado posicionar el tema en el debate público.


No sólo se discute el presente, en el sentido de que han puesto en tela de juicio el papel de la policía, el ejército y la politiquera electoral rancia, y a qué intereses obedecen. Porque para algunas personas nos queda claro que son instrumentos o títeres de clase de la burguesía y sus distintos niveles locales y nacionales, pero para otros sectores sólo son personas sin ética, ya que es su deber “servir y proteger al pueblo”.


Haciendo un llamado a la memoria histórica de nuestros pueblos, encontraremos muchas respuestas. Ya se ha mencionado antes cómo el capitalismo bajo su única lógica de acumular ganancia a costa de lo que sea, vulnera en niveles barbáricos e inimaginables a la dignidad humana, dando nacimiento a vicios despreciables, como el racismo. Es la misma lógica que en su momento dio nacimiento a la esclavitud o el colonialismo, la ganancia y privilegios de unos cuantos, por el sufrimiento y la vida de los pueblos sometidos, pero no todo fue derrota en la historia.


Para reivindicar las luchas de las heroicas generaciones pasadas, que se alzaron contra estas formas de dominación, desigualdad y explotación, en diversas ciudades se intervinieron los espacios públicos donde se erigieron monumentos o estatuas que representan al sistema capitalista- patriarcal. Así sucedió en Virginia, Mississippi, Charleston y Minnesota, al igual que en Massachusetts o Florida, las estatuas de esclavistas, racistas, confederados y conquistadores fueron intervenidos, derribados o decapitados. Lo mismo sucedió en otros países como Reino Unido y Holanda.


Hoy es fundamental las lecciones de Angela Davis, quien claramente señala que “no podemos erradicar el racismo sin erradicar el capitalismo racial”. La lucha, contra el capitalismo racista, al parecer apenas comienza, pero el desmontar los símbolos heredados de la esclavitud y la colonia, es una buena forma de empezar a erradicar las estructuras coloniales, racistas y esclavistas. La caída de sus símbolos, sus lugares de culto, puede ser una señal de que su sistema se desmorona.


Consultado en K. Anderson. El Lincoln de Spielberg, Karl Marx y la Segunda Revolución Americana, en https://www.sinpermiso.info/textos/el-lincoln-de-spielberg-karl-marx-y-la-segunda-revolucin-americana


Angela Davis entrevistada por Amy Goodman en programa Democracy Now!
el 12 de junio de 2020. https://www.democracynow.org/