Emiliano Raya

I

A finales de abril y principios de mayo, Tijuana era el primer lugar en casos confirmados de Covid-19 con 856. Baja California, por su parte, ocupaba el segundo lugar en fallecimientos con 213 muertes, de las cuales 152 ocurrieron en la capital del estado, Mexicali.

Chihuahua, el octavo lugar a nivel nacional por muertes por Covid-19, registraba 69 casos, de los cuales 59 se suscitaron en Ciudad Juárez. Los denominadores comunes de todas estas ciudades es que, son poblaciones fronterizas y que se encuentran infestadas de plantas maquiladoras.

En el norte del país, la mezquina avaricia de quienes dirigen estas empresas ha evidenciado la verdadera cara del empresariado en México, quien no concibe perder un centavo de sus ganancias, sin importarles la salud de sus empleados. Las compañías maquiladoras, el tipo de empresa preponderante en esa zona del país, se rehúsan a cerrar sus plantas poniendo en riesgo la vida de cientos de miles de trabajadores y trabajadoras.

Esta miserable actitud por parte del empresariado maquilador, responde a una lógica muy puntual: las maquiladoras sirven al extranjero y no a México. Es decir, el grueso de lo que producen las maquiladoras está destinado a satisfacer los requerimientos de las industrias o el mercado en Estados Unidos u otras partes del mundo, y no para atender las necesidades de la sociedad mexicana.

II

Las maquilas son tan importantes en la relación México-Estados Unidos que, ante la declaración de emergencia sanitaria del gobierno federal mexicano y de la posterior resolución que obligaba al cierre de empresas consideradas no esenciales, los empresarios norteamericanos cabildearon para que el gobierno mexicano homologara las empresas esenciales en México con las de Estados Unidos para evitar así perder la cadena de suministros.

Esto ocasionó que los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) tuvieran una actitud, sino servil, si bastante timorata y tibia a la hora de hacer acatar lo dispuesto. Mientras las empresas recurrieron a todo tipo de argucias (legales e ilegales) para mantenerse abiertas.

Por esta razón en Baja California sólo pararon 516 empresas, mientras, según cifras oficiales, 620 empresas (el 68 por ciento de las empresas en la entidad) se negaron a dejar de producir. Esto puso en riesgo a más de 239 mil familias.
Por si esto fuera poco, y para dejar en claro la participación de las instancias gubernamentales pertinentes, como la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, la mayoría de las fábricas pararon debido a la presión de las trabajadoras y trabajadores, que se negaron a seguir laborando y de facto pararon la producción. Esto fue lo que pasó en la planta de Hyundai en Tijuana, donde 7 mil trabajadores detuvieron sus labores en las 7 plantas de esa empresa.

Otras, no pocas, pararon solo hasta que la planta se convirtió en un foco evidente y confirmado de contagio, o lo más triste y repudiable de todo, hasta que se registraron muertos dentro de sus filas.
Además, muchas de las empresas que fueron clausuradas, reiniciaron labores a los pocos días de ser cerradas. Todo esto, parece ser, con la complicidad de las autoridades estatales y federales.
Lo anterior es uno de los motivos por los que las cifras de contagios y defunciones, por el Covid-19, se han disparado de forma alarmante en la frontera norte de México.

III

Ante esta situación, y con el reconocimiento de las autoridades de la Secretaría de Salud estatal de que el sector de la población más afectado por contagios de coronavirus es la clase trabajadora, las organizaciones sindicales clásicas han brillado por su ausencia, con honrosas excepciones como la del Sindicato Nacional Independiente de Trabajadores de Industrias y de Servicios MOVIMIENTO 20/32 (SNITIS) en Matamoros.

Aquí es importante entender que los sindicatos en el norte del país tienen formas muy singulares de operar que difieren, incluso entre una y otra ciudad. Por ejemplo, en Matamoros se mantuvo casi intacto un tipo de sindicalismo tradicional y charro, pero con presencia dentro de la vida laboral.

Por su parte, en Tijuana el tipo de sindicato que se reprodujo y que es mayoritario son los conocidos como Sindicatos Fantasmas. Este tipo de sindicato, como su nombre lo indica, no se ve y parece que de hecho no existe, solo cuando es necesario para la empresa, aparecen para sancionar a las y los trabajadores inconformes, o para negociar Contratos Colectivos de Trabajo en detrimento de la fuerza laboral y a favor de las empresas.

Por esta razón, durante la pandemia, han sido los trabajadores y trabajadoras quienes, superando las dirigencias charras o de los sindicatos fantasmas, se han movilizado, protestado y exigiendo el cumplimiento de las medidas pertinentes para salvaguardar su salud y su vida.

IV

¿Qué proponemos?

Primero. – Es importante entender, que las maquiladoras han violentado la soberanía nacional, al servir a los intereses del mercado norteamericano, por lo que se debe reformar el marco legal que las rige para garantizar que todas las industrias que se instalen en México, independientemente de la nacionalidad del capital que las instale, prioricen y atiendan las necesidades del pueblo mexicano.

Segundo. – Debemos exigir una sanción ejemplar a todas las empresas, y a sus dueños, que se negaron a cerrar sus plantas y pusieron en riesgo la salud y vida de cientos de miles de familias trabajadoras.

Tercero. – Las trabajadoras y trabajadores han demostrado su capacidad de acción y fuerza, pero también se ha demostrado que estas formas improvisadas de organización son insuficientes. Así como los empresarios están organizados, nosotros, nosotras, debemos promover las organizaciones laborales independientes (sindicatos, coaliciones, comités obreros, etcétera) que puedan reaccionar de manera firme y rápida ante los atropellos que se comenten contra el pueblo trabajador de México.