Mely Mirrey

La encuesta telefónica del INEGI sobre ocupación y empleo estimó que se han perdido 12 millones de empleos, la mayoría de ellos debido a la pandemia. Lo que significa que miles de hombres y mujeres serán sumidos repentinamente en la pobreza y pobreza extrema.

Pero el desempleo es solo uno de los males que vive la clase trabajadora. Miles de obreros han sido obligados a producir en las plantas ensambladoras de Ford o General Motors. En las industrias maquiladoras, para finales de mayo se registraron 432 muertes en Baja California y 200 en Chihua. Lo anterior demuestra que la cuarentena solo fue posible para un sector de la clase trabajadora.

Pero la historia de muerte no termina aquí. El 18 de junio, se reportaron en Chihuahua, tres nuevos brotes de Covid-19, esto durante las primeras semanas de reapertura gradual, uno de ellos en un albergue de jornaleros agrícolas en el municipio de Delicias. El mismo día, la maquiladora Teleflex, en Nuevo Laredo, encargada de la producción de artículos médicos, detectó a 8 trabajadores con Covid-19 y 150 sospechosos entre sus empleados. Un empleado de 51 años murió tras contagiarse de coronavirus.

El 25 de junio, en Silao, Guanajuato, trabajadores de General Motors denunciaron despidos y la inacción de organismos laborales, a la par denunciaron también el contagio de por lo menos siete compañeros en la planta.
En Ciudad Ahumada, Chihuahua, denuncian de nuevo a Lear Corporation, los empleados afirman trabajar 12 horas 4 días a la semana y algunos que laboran de lunes a viernes 9 horas al día en lugar de 8, lo que da una hora extra para cubrir el descanso del sábado, sin embargo, denuncian que el pago de estas horas extras es incompleto.

Un día después, el 26 de junio, los trabajadores denunciaron acciones fuera de la ley por parte la maquiladora Jobar, que maquila mezclilla para grandes marcas, dicha empresa ha implementado el cobro de un préstamo llamado COVID, que se traduce a quitar un porcentaje del salario, justificado en que, el tiempo que no estuvieron en labores por la pandemia no era un salario sino un “préstamo”.

Y es así como la nueva normalidad, no es más que la continuidad de la explotación capitalista.