Gil Revueltas

Si México tuviera un sindicalismo verdadero, democrático y proletario, hubiéramos vivido escenarios muy distintos durante esta pandemia.

Para empezar, si una empresa no esencial hubiera querido continuar trabajando mínimamente se hubiera visto obligada a escuchar las exigencias del sindicato, y si se pretendiera desobedecer un decreto, habría sido el sindicato quien habría llamado al paro laboral o estaría facultado para promover amparos o traer un auditor de la secretaria del Trabajo para defender la salud de sus agremiados, y de paso no violar un decreto. Y sobre cualquier falta a las medidas sanitarias, los trabajadores tendrían a sus delegados para canalizar y atender cualquier queja, al final del día, las empresas las mueve el lucro y tarde o temprano terminarían por deducir que el costo de cubrebocas o medidas preventivas es una inversión mínima, comparada con los efectos de un paro laboral que detiene el flujo de ganancias, pero cuando no hay un sindicato es muy común que la tentación por ahorrarse esos pequeño costos sea demasiada, los administrativos sucumben ante la oportunidad de ser los autores de presentar estos ahorros a sus superiores.

Si la empresa hubiera intentado despedir trabajadores el sindicato tendría que haber intervenido con el respaldo de la ley. En el peor de los casos, la empresa se hubiera visto obligada a convencer que la situación era financieramente insostenible y, aun así, pudiera haber opciones de créditos empresariales para superar la crisis u otras opciones. En fin, un sindicato orillaría a la empresa a considerar planes A, B o C en lugar comenzar a despedir gente como primer y único plan.

Bajar el sueldo fue otra de las medidas comunes, con el eufemismo que se guste seleccionar, “cooperar con la empresa” fue una de las más socorridas coartadas morales para evitar llamarle a las cosas por su nombre. Contraviniendo el decreto, las empresas bajan sueldos y suben a los trabajadores a rango de inversionistas, los empleados se supone que por definición reciben salarios fijos sin importar las finanzas, debido a que los empleados no corren riesgos como los inversionistas que pueden tener plusvalías (ganancias) pero también pueden tener minusvalías (pérdidas).

Entonces, cuando la empresa deja de ganar, ahora los empleados también dejan de ganar, pero ¿Qué va a pasar cuando las empresas vuelvan a tener ganancias? Por lógica se esperaría que las ganancias sean repartidas además del salario, de igual manera que las pérdidas fueron distribuidas afectando el salario, es decir, si la empresa está en números rojos y el trabajador gana -50% entonces cuando la empresa tenga ganancias ¿Le va a pagar +50%? De manera unilateral, la empresa coloca al trabajador en un esquema en que solamente lo jode. De entrada, es una medida que alarmaría a cualquier sindicato, la empresa tendría que sentarse a negociar los términos con el sindicato, y en el más desafortunado de los casos, el sindicato podría haber aprovechado para conseguir que los empleados “cooperen” con la empresa reduciendo su salario -50% por un mes y después que la empresa “coopere” con los empleados aumentando el salario +50% por un mes y sin intereses (si así lo deciden los trabajadores).

Imagínense que un grupo de trabajadores invitaran a un inversionista de Wall Street a un negocio en el que si hay pérdidas todos pierden y si hay ganancias solo los trabajadores ganen el excedente, no queremos infartar de la risa a ningún inversionista de Wall Street, así que mejor dejemos esta bochornosa propuesta como un sucio secreto. Pero en México esta mierda de opción se ofrece como si fuera oro y los trabajadores deben mostrarse agradecidos por haber sido salvados de manera tan caritativa. Dicho sea de paso, si un mes, dos o seis meses de pérdidas ponen en jaque a las empresas multinacionales, pues no serían las mejores administradoras de las ganancias, si cualquier mexicano puede durar años con pérdidas y recuperarse, una empresa multinacional con ganancias gigantescas tendría que ser muy mediocre administradora de las finanzas, o nos están “cuenteando”.

Todos los “hubieras” anteriores se basan en la definición misma de lo que debe ser un sindicato: la defensa irrestricta de los intereses de los trabajadores, obviamente, la salud de los trabajadores es uno de esos intereses.

Sin un sindicato democrático que les hable “de tú a tu” las empresas se vuelven juez y parte, si les da la gana se autodefinen como esenciales, desechan medidas preventivas, desestiman contagios o muertes y cualquier trabajador que de manera individual se atreva a desafiar su autoridad la empresa termina avasallándolo con lujo de violencia y maltratos, es decir, no hay nadie que le ponga un alto a la naturaleza explotadora de una empresa. Y aunque es de esperarse, si se tiene un modelo económico cuyo atractivo se basa en salarios de hambre tampoco podemos esperar que las empresas que lleguen tengan los más altos valores éticos, pero eso tampoco significa que se tengan que aceptar esos términos indignos para los trabajadores, el mejor instrumento sigue siendo el sindicalismo, es un hecho que a mayor sindicalismo democrático y proletario mejores condiciones laborales existen.

En México no solamente el neoliberalismo ha propiciado condiciones tan inhumanas para los trabajadores, el hecho de que desde el gobierno se haya fomentado y apoyado activamente a que las empresas se organicen, es lo que ha potenciado al máximo su poder, al grado tal de invertir a su favor las ideas y darle a la palabra “sindicato” el grado de tabú, como si evocar un derecho constitucional fuera un sinónimo de traicionar a la empresa “que te da de comer” (su trabajo les da de comer). Lo que nos lleva a lo siguiente.

¿Por qué las empresas tienen sindicatos y los empleados no?

La COPARMEX y otros entes similares fueron creados sin el consentimiento de los trabajadores, no se les preguntó ni se les tomó parecer; de hecho, en la práctica muchas empresas tienen doble sindicato, ya que los sindicatos blancos terminan defendiendo y promoviendo los intereses de las empresas. Es cierto que en la democracia burguesa las empresas no tienen por qué pedir permiso para organizarse, “es su derecho”, pero entonces ¿Por qué parece que la formación de un sindicato de trabajadores tiene que pasar por la aceptación (y persecución) de las empresas? También es un derecho de los trabajadores que, aunque está en la constitución las empresas han actuado como si ellas otorgaran ese derecho, o como si los trabajadores hubieran interrumpido la formación de la COPARMEX o se manejara como un tema tabú en el que los trabajadores ven un ataque a sus derechos.

No vemos a ningún trabajador comportándose altivamente como si la empresa existiera gracias a su trabajo, y esta idea todavía tiene más razones para ser cierta ya que en esta pandemia se demostró que si la clase obrera no trabaja las empresas quedan paralizadas, en todo caso la concepción esta invertida, las empresas necesitan de la clase trabajadora pero los trabajadores no necesitan de una empresa ni de la “realeza burguesa”, ni de sus vicepresidentes ni sagrados inversionistas, las cooperativas son un ejemplo contundente que además en varios casos exitosos tiene condiciones laborales por encima de las de Pemex.
En conclusión, puede haber dudas sobre los alcances del sindicalismo, bienvenida la discusión, pero de lo que no hay duda es de lo que pasa cuando no hay sindicalismo, que es lo que estamos viviendo en estos días, las empresas atropellan masivamente los derechos de los trabajadores, eso es en sí una consecuencia de la falta de sindicalismo, no hay contrapesos. Todo modelo económico tiene sus cimientos filosóficos y encima de ellos echará raíz un tipo de industria que replique esos valores, en situaciones críticas el modelo mostrará su más pura esencia, como cuando una casa es arrollada por un tsunami y deja al descubierto sus cimientos, si está diseñado para proteger el capital ya sabemos quiénes pagarán las consecuencias; los trabajadores. Pero hablando de raíces, a nadie debería extrañarle, el capitalismo lleva en su palabra su prioridad máxima y como toda criatura es lo que defenderá por, sobre todo; el capital.

En esta pandemia ¿Qué importó más a las empresas? ¿El lucro o la vida de los trabajadores? Ese es el valor ético que las empresas replican. El sindicalismo por sí mismo no va a cambiar el modelo, pero al menos es un dique de contención para contrarrestar sus efectos nocivos, el sindicalismo da la pauta para promover la conciencia de la clase trabajadora, eso sí tiene el poder de cambiar modelos y sociedades