Itzury Cruz
Cuba es el país que se ha mantenido a la vanguardia en la lucha contra el COVID-19, y se ha mostrado como un digno ejemplo de la solidaridad internacional. La isla ha ofrecido atención médica a pacientes extranjeros en su territorio. Tal fue el caso del crucero Braemar, que el 18 de marzo pasado desembarcó con alrededor de mil personas a bordo, cinco de ellas dieron positivo al coronavirus. Cuba ofreció su apoyo hasta que hicieran un regreso salvo hacia Europa.

Además de ofrecer atención en la isla, envían brigadas médicas y de enfermería a los países que así lo soliciten y necesiten, los países que ya han recibido esta clase de solidaridad suman más de 20.

Cuba cuenta con un programa de misiones médicas que tiene más de 60 años de trayectoria, desde el triunfo de la Revolución. Tienen presencia del área médica, enfermería y odontología, tanto general como especialistas, en más de 60 países.

Los aportes que han hecho a la ciencia médica son de los más destacados, en el caso del coronavirus, han estudiado y desarrollado el medicamento llamado “Interferón” desde el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba. Junto al personal de otros países, están cooperando para generar una vacuna, ya que por el momento el medicamento únicamente ha servido para frenar la expansión del virus.
En uno de los países más afectados durante la pandemia, Italia, han atendido a más de 5 mil personas infectadas, y han dictado más de 210 altas hasta el momento. La ciudadanía les ha brindado aplausos y numerosas muestras de afecto, como mantas con mensajes de agradecimiento colgadas en las casas y edificios, o los grandes murales que adornan algunas calles.

Las escuelas de medicina cubana no educan para ganar fama o hacer lucro, sino que, además de tener los conocimientos más avanzados en su materia, educan con altos valores revolucionarios y éticos. Las y los médicos cubanos llevan ese conocimiento a la práctica con gran humanismo, “no somos héroes, somos revolucionarios” menciona uno de ellos a un periodista que cuestiona su presencia en otros países.

A pesar del escarnio que ha recibido Cuba, por ser un bastión socialista, nadie puede negar su solidaridad y la eficacia de su sistema de salud público y gratuito, un éxito, al igual que el sistema educativo.

Cuba ha mantenido una tasa de positivos y de contagios que va a la baja. La más grande ventaja del sistema de salud cubano es la cultura de la prevención, gracias a un sistema de salud eficaz que cubre las necesidades de todos y todas, pues cuenta con clínicas en todas las provincias, personal médico suficiente (9 por cada 1000 habitantes, mientras México tiene 2 por cada 1000), hospitales bien equipados y el desarrollo biotecnológico de sus laboratorios está al servicio del pueblo, no al servicio de los fines y caprichos del capital.

Las brigadas cubanas también han llegado a nuestro país, tan solo el 22 de mayo pasado arribaron a Veracruz 108 médicos cubanos, ya que es ahí donde hay más de 2 mil casos positivos de coronavirus, por lo que Veracruz ya ocupa el sexto lugar nacional en fallecimientos por el virus. Para bajar las cifras, los cubanos cooperan con las autoridades mexicanas brindando su atención y conocimientos.

Hay una larga historia de solidaridad cubana en diversas áreas y en diferentes momentos históricos, la pandemia mundial del COVID-19 no es la excepción. La ternura con otros pueblos, desde el triunfo de la Revolución en 1959, se ha mantenido intacta a pesar de las dificultades y bloqueos económicos por parte de las grandes potencias capitalistas.

Cuba, es un digno ejemplo de lo que la clase trabajadora puede lograr para la humanidad cuando triunfa la Revolución. Es un digno ejemplo de lo que se puede hacer cuando la ciencia está al servicio del pueblo, es un bastión que se mantiene de pie a pesar del constante golpeteo mediático y el bloqueo económico. Es un pueblo que demuestra su valor, más que con palabras, con hechos.

El pueblo cubano ha demostrado, lo que para estas alturas no debería ser una sorpresa para nadie, que la barbarie capitalista no es compatible con la dignidad humana, mientras que el Socialismo es uno de los más altos grados de humanismo.