Lenin Contreras

Existe una idea ampliamente difundida en los medios de comunicación pero que, pese a ser la respuesta más repetida sobre el advenimiento de la crisis económica, no deja de ser falsa. Organismos financieros, bancos centrales, cámaras empresariales o gobiernos responsabilizan de la crisis a los efectos negativos provocados por las medidas de contención y mitigación de la pandemia.

Es cierto que la propagación por el mundo del COVID-19 aceleró, en el mes de marzo, la caída de los principales indicadores bursátiles hasta en un 30 por ciento, pero también, es verdad que las turbulencias ya se habían presentado, aunque en menor magnitud, algunos meses atrás. En el año de 2019 por lo menos en tres ocasiones -el 5 de agosto, el 14 de agosto y el 2 de octubre- los principales indicadores de la Bolsa de Valores de Nueva York se desplomaron.

Aunque el Fondo Monetario Internacional (FMI) decretó el 27 de marzo formalmente que la economía mundial había entrado en una fase de recesión, también es cierto que la economía ya se venía ralentizando[i].

Fuente: Hasta 2018 se utilizan los datos proporcionados por el Banco Mundial, para 2019 las fuentes son periodísticas.

Como se observa en la gráfica 1, la recesión económica se anunciaba en las principales economías del mundo desde 2019. Estados Unidos, pese a que registró una tendencia creciente en 2017 y 2018, en gran medida por el apalancamiento del sector productivo mediante el sector financiero, no logró superar las tasas de crecimiento del 4 por ciento registradas previo a la crisis de 2008.

China mantenía una desaceleración constante al grado que en 2019 presentó la menor tasa de crecimiento en 24 años. Tanto la desaceleración de EE. UU., como de China, se proyectaron en el comportamiento de las tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial.

Fuente: Hasta 2018 se utilizan los datos proporcionados por el BM, para 2019 las fuentes son periodísticas.

Por su parte, como lo muestra la gráfica 2, Japón mantiene tasas de crecimiento inferiores al 1 por ciento, y para el último trimestre de 2019 registró una caída del 6 por ciento.[i] Alemania, la principal economía de la Unión Europea, apenas creció 0.6 por ciento en 2019, tampoco ha logrado recuperar el dinamismo que tenía previó a la crisis de 2008. Para la eurozona la situación no pintaba bien aún sin la pandemia, sobre todo por el impacto de la salida del Reino Unido de la Comunidad Euro en 2020.

La situación de la economía capitalista era delicada, tanto que incluso el FMI publicó un reporte sobre las perspectivas de la economía mundial, donde caracteriza a la situación como “desaceleración del crecimiento y precaria recuperación”.[ii]

En otras palabras, la pandemia por COVID-19 sólo aceleró lo que era inevitable. Esta idea no es ni por mucho original, ha sido ampliamente expuesta por economistas marxistas como Michel Husson, Michel Roberts, Erick Toussaint, entre otros.

La interrogante no es por tanto si el coronavirus es la causa de la crisis, ya que no lo es, sino cuál es el origen real de la crisis y que tan profunda será: de forma “V”, con una rápida recuperación; será de forma “U” con un periodo relativo de estancamiento; o de forma “L” con un prolongado periodo de crecimiento negativo.

El origen de la crisis

Sobre el origen de la crisis, David Harvey[iii] señala que la crisis se desata por un problema de falta de consumo. La política de imponer cuarentenas implicó que las cadenas de producción y valorización se detuvieron, en primera instancia en importantes ciudades industriales de China, y posteriormente por la detención de las actividades económicas en Europa, lo que luego detonó el desplome financiero. Esta situación, según Harvey, golpeó en los fundamentos del modelo neoliberal que se basa en la creación de manera creciente de “capital ficticio y en una ingente expansión de la oferta de dinero y creación de deuda”.[iv]

Michel Husson documenta que el problema es que el capitalismo tiene un “agotamiento de las ganancias de productividad”, esta situación, sumada a las bajas tasas de interés han inflado el capital ficticio, que, aunque más rentable implica mayor riesgo.[v] Por su parte, Michael Roberts señala que la causa de “la crisis del capital, son las bajas tasas de inversión debido a la desaceleración del crecimiento de las ganancias”. [vi]  En otras palabras, los negocios del capitalismo en el sector productivo no son lo suficientemente rentables.

Como se observa, la discusión es si la crisis inicia en la interrupción de la oferta o de la demanda de mercancías. En el primer caso, las inversiones no producen debido a que no hay motivación para hacerlo, lo cual impacta en las cadenas de suministros y producción. En el segundo caso, señala Harvey, el problema es que el neoliberalismo se enfrenta a un problema de demanda efectiva, lo cual impactó en el desmoronamiento de la “forma en espiral de infinita acumulación de capital”.[vii] Es por ello que afirma que, la única medida que puede salvar al capital es que los Estados financien el consumo masivo a partir de nacionalizaciones.

Si el origen del problema es la demanda efectiva, activar el consumo puede solucionar el problema económico, por lo menos de forma momentánea. Pero si el problema son las tasas de utilidad, la demanda efectiva no lo soluciona. Y esto es lo que observan tanto Husson, Roberts y Toussaint. En su caso Erick Toussaint[viii] apunta que la activación de la economía podría hacerse mediante la inyección de liquidez a los mercados, pero esto no garantiza la inversión productiva, incluso promueve la especulación, porque al capital no le interesa reactivar la económica o el consumo sino generar mayores tasas de utilidad.

El Estado podría hacerse cargo de la inversión productiva, pero la mayor parte de las economías del mundo tiene un gran endeudamiento y los problemas tributarios a los que se enfrentan impiden que esto se realice sin empeorar más aun el problema de la deuda pública.  Como señala Husson, más deuda combinado por un posible incremento repentino de las tasas de interés, podría llevar a que los gobiernos y empresas incumplan con sus obligaciones.  Justo como ocurrió entre 1979 y 1980, cuando el entonces presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Paul Volcker, subió de forma repentina las tasas hasta en un 20 por ciento, situación que contribuyó a la Crisis de la Deuda en 1982[ix].

El problema de la rentabilidad del capital es crónico y sigue motivando la ampliación de la financiación de la economía. Incluso las bajas tasas de interés, bien lo apunta Erick Toussaint, motivan a que así sea, debido a que los inversionistas buscan mayores utilidades, aunque implique mayor riesgo, de esta forma, la inversión en capital financiero/ficticio está inflando nuevas burbujas especulativas, que tarde o temprano estallarán.

El fondo del problema es estructural y fue bien captado por el marxista Fred Goldstein[x], cuando afirma que el problema del capitalismo contemporáneo no solo es que está basado en bajos salarios a nivel mundial, lo que implica un endeudamiento de los hogares y el impago de las deudas, como la hipotecaria -punto medular de la crisis de 2008-, o que acelera el crecimiento del sistema financiero creando burbujas debido a que los capitalistas encuentran mayores tasas de utilidad creando capital ficticio, sino que el capitalismo contemporáneo tiene una alta composición orgánica de capital lo que ha presionado de forma histórica a la baja la tasa de ganancia.

El problema podría enunciarse así: no hay crisis porque no haya inversión, no hay inversión porque hay crisis.

La deuda

La caída los mercados bursátiles solo se pudo detener por la promesa de los gobiernos de inyectar grandes sumas de liquidez. El gobierno de Estados Unidos destinará 700 mil millones de dólares en estímulos o subvenciones a las empresas privadas; el gobierno de Francia 300 mil millones de euros para salvar a las empresas privadas; en Alemania se prometió liquidez ilimitada a las empresas como una medida de protección frente a los efectos de la pandemia; en Inglaterra se darán 38 mil millones de dólares en estímulos fiscales. Sin embargo, esto no soluciona el problema del capitalismo, por más que los bancos centrales inyecten liquidez monetizando las economías, las causas de las crisis no desaparecerán.

La inyección de liquidez se soportará con la emisión de más deuda. Pero más deuda es insostenible sobre todo para las economías centrales; el gobierno de Japón debe el 225 por ciento de su PIB; EE. UU. el 107 por ciento del PIB.  Tarde o temprano se hará evidente que dichos compromisos son impagables.

La deuda mundial de los sectores público y privado, que combinadas alcanza 188 billones de dólares -alrededor del 230 por ciento del PIB mundial, cifra superior a la deuda que el mundo tenía previo a la crisis de 2008, y que se agudiza por las bajas tasas de interés-, genera inestabilidad. Y como lo señalamos citando a Husson, un incremento repentino de las tasas de interés podría dificultar el pago de los compromisos de deuda, desatando un colapso financiero.

¿Qué tan profunda será? ¿Hay salida para el capitalismo?

Lenin decía que para el capitalismo “no existe situación absolutamente sin salida”[xi]. Y tal como lo ha mostrado la historia de la sociedad burguesa, tiene mucha capacidad de reinventarse. El economista Hugo Pipitone[xii], acuñó bien la frase: “el capitalismo es uno que cambia”, con ello describió las bases materiales que caracterizó el paso de la época de bienestar (más o menos de 1950-1980) a la época neoliberal (a partir de más o menos 1980). Y es posible que mediante su capacidad de reestructuración pretenda reutilizar viejas o nuevas políticas para su reanimación.

Pero, pese a la capacidad de cambio, el capitalismo siempre será en esencia un sistema que se guía por la lógica de la máxima ganancia. Es por ello que es indudable que intentará cargar sobre los hombros de la clase trabajadora los costos de la crisis.

Puede impulsar procesos de precarización laboral para incrementar la tasa de explotación y nivelar la tasa de ganancia. Incluso puede usar para tal medida los más de 195 millones de trabajadores que, según la Organización Mundial del Trabajo, perderán su empleo por la crisis.[xiii] Si esta situación es real, será complicado para los Estados activar el mercado interno de sus economías, lo que implicaría más explotación y menos consumo. Y aunque el capital es capaz de esto y más, tendrá que enfrentar a una -cada vez mayor- resistencia y lucha de la clase trabajadora.

Es importante recordar que previo a la cuarentena por el COVID-19 los trabajadores y trabajadoras en Francia, La India, Chile, Colombia, Ecuador, Honduras, etc., protagonizaron grandes rebeliones contra las medidas de austeridad laboral y social de corte neoliberal. El enojo y descontento ahora es mayor por la indolente y pésima gestión de los gobiernos ante la crisis. Lo cual supone que el capital no tendrá nada fácil incrementar las tasas de explotación.

La guerra imperialista es siempre una opción para el capital, aunque esto implique que las rivalidades geopolíticas pueden escalar a un punto de no retorno.  Lo real es que es una opción porque las posibilidades de abrir -por medio de las armas- nuevos mercados o nuevas fuentes de materia prima barata, que por cierto impacta de forma positiva en las tasas de rentabilidad, no son mal vistas por los estados burgueses.

Las opciones están ahí, pero la simple formación de éstas son opciones que reafirman la tesis de que el capitalismo enfrenta grandes problemas estructurales al grado de que el proyecto neoliberal, hegemónico en los últimos 40 años, se encuentra fuertemente cuestionado tanto por posiciones burguesas de derecha como de izquierda, síntoma de su agotamiento. Es por ello que el teórico marxista Atilio Boron señala de forma asertiva que, el neoliberalismo es “la primera víctima mortal del virus[xiv].

Sin embargo, como sabemos, la reestructuración o colapso del capitalismo no será por la voluntad de uno u otro personaje bien o mal intencionado, sino de las lógicas de reestructuración que se desarrollen al interior del desarrollo capitalista, de la lucha de clases entre las fracciones de la burguesía (criollas, nacionales, industriales, financieras, imperialistas, etc.) y, sobre todo, entre las fuerzas proletarias que enfrentan a la burguesía mundial.

Al parecer la crisis económica del capitalismo podría devenir en una crisis política, en una crisis general, lo cual sería la señal del advenimiento de una situación revolucionaria. Tal como lo apuntaría Lenin[xv], el problema es que no toda situación revolucionaria termina en una revolución. En otras palabras, al capitalismo aún le queda el camino de la barbarie y no dudará en llevar a la humanidad hasta allá si con ello impide la rebelión de la clase obrera.

 

[i] FMI. https://elpais.com/economia/2020-04-09/el-fmi-preve-que-la-pandemia-provocara-el-mayor-impacto-en-la-economia-desde-la-gran-depresion.html

[ii] https://www.eleconomista.com.mx/economia/El-PIB-de-Japon-se-contrae-6.3-interanual-por-el-incremento-del-IVA–20200217-0029.html

[iii] FMI. Perspectiva de la economía mundial. Desaceleración del crecimiento y precaria recuperación. https://www.google.com/search?q=DESASELERACION+DEL+CRECIMIENTO+Y+PRECARIZACION+DE+LA+RECUPERACI+fmi&rlz=1C1AVFB_enMX799MX799&oq=DESASELERACION+DEL+CRECIMIENTO+Y+PRECARIZACION+DE+LA+RECUPERACI+fmi&aqs=chrome..69i57.26883j1j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8

[iv]Harvey, David. Política anticapitalista en tiempos de COVID-19, en Sopa de Wuhan. ASPO. https://www.mdzol.com/sociedad/2020/4/9/sopa-de-wuhan-el-libro-viral-que-filosofa-sobre-el-coronavirus-72042.html

[v] Harvey, David. Política anticapitalista en tiempos de COVID-19, en Sopa de Wuhan. ASPO. https://www.mdzol.com/sociedad/2020/4/9/sopa-de-wuhan-el-libro-viral-que-filosofa-sobre-el-coronavirus-72042.html

[vi] Husson, Michel. Crisis económica. Neoliberalismo contaminado https://vientosur.info/spip.php?article15793

[vii]Roberts, Michael. ¿Es el virus en que provoco la crisis? https://www.elviejotopo.com/topoexpress/es-el-virus-el-que-provoco-la-crisis/

[viii] Harvey, David. Política anticapitalista en tiempos de COVID-19, en Sopa de Wuhan. ASPO. https://www.mdzol.com/sociedad/2020/4/9/sopa-de-wuhan-el-libro-viral-que-filosofa-sobre-el-coronavirus-72042.html

[xix] Toussaint, Erick. No, el coronavirus no es responsable de las caídas en las bolsas. https://rebelion.org/no-el-coronavirus-no-es-responsable-de-las-caidas-en-las-bolsas/

[x] Harvey, David. Breve historian del Neoliberalismo. http://www.paginaspersonales.unam.mx/files/4031/Asignaturas/813/Archivo2.829.pdf

[xi] Goldstein, Fred. El capitalismo en un callejón sin salida. https://cronicon.net/paginas/Documentos/El%20capitalismo%20en%20un%20callej%F3n%20sin%20salida.pdf

[xii] V.I. Lenin.

[xiii] Pipitone, Hugo. El capitalismo que cambia. 1986. Era. México.

[xiv]https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-52220090

[xv] Boron, Atilio. https://www.clacso.org/la-pandemia-y-el-fin-de-la-era-neoliberal/

[xvi] V.I. Lenin. El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo, en O.E. Tomo XIX.