Michel Quesada

En México todos y todas sabemos que nuestro sistema público de salud está en el abandono. Esta situación se logró mediante el desmantelamiento sistemático, por medio de políticas de los anteriores gobiernos y no cambió en lo que va del actual. Las cuales son propias de las características del capitalismo, así como del neoliberalismo. Por desmantelamiento nos estamos refiriendo a: 1. privatización e intromisión de empresas privadas en el sistema público, 2. descapitalización y 3. subrogación de varios servicios del sistema público de salud en México. Desmantelar significa hacer de un derecho humano, una mercancía privilegiada para aquellos que puedan comprarla.

El desmantelamiento del sistema de salud , no sólo es el desamparo de las instituciones que brindan este servicio, sino un complejo desarrollo de destrucción que toca otros derechos como el de educación, trabajo, vivienda, energía eléctrica, etc. Aquí sólo contemplaré el plano fundamental de esta situación, al abordar el debilitamiento de las instituciones públicas de salud, así como la relación del derecho a la salud con el derecho al trabajo, lo que implica tocar los marcos de la seguridad social.

El resultado de esta realidad está mostrando sus graves consecuencias en Estados Unidos y Europa, geografías que implantaron este desmantelamiento y que ahora ante la pandemia, se demuestra que la privatización de la salud es un fracaso más del capitalismo. Y que sólo garantizando el derecho pleno a la prevención y atención de enfermedades, medicación, hospitalización y seguimiento del tratamiento en los pacientes puede garantizarse un país sano, y preparado para cualquier hecatombe como la que estamos viviendo en este momento.

Adelantando una consecuencia, quienes estamos pagando y pagaremos los estragos del coronavirus en México y en la mayoría del mundo, seremos las y los trabajadores. Es por eso importante explicar cuáles son los puntos fundamentales que nos han dejado en esta condición. Pero además pensar más allá de nuestra lógica común, ver la realidad objetivamente y planear alternativas desde abajo, que aboguen por las y los trabajadores, que aseguren un futuro para nuestra clase y, por ende, para el conjunto de la humanidad.
Debemos de ver el proceso de desmantelamiento paso por paso para precisar mejor. Esto no significa que haya una cronología. Existe más bien una cuestión simultánea y paralela en esta parte. En nuestro país se fue desarrollando así, no se requirió del avance de un paso para pasar al siguiente. Que se entienda que privatización, descapitalización y subrogación son rebanadas de un mismo pastel. Hago esta necesaria aclaración para una correcta comprensión del fenómeno.

1. Privatización e intromisión de empresas privadas en el sistema público de salud

La privatización de un derecho como la salud es el proceso mediante el cual, aquello que pertenece y beneficia al conjunto de la sociedad es robado y puesto a beneficio de un pequeño grupo social. En este caso, nos referimos a que el derecho social de la salud, ha sido privatizado por los grandes empresarios nacionales como internacionales, así como por los serviles políticos quienes han desarrollado las leyes adecuadas para este robo. Esta expropiación sucede de manera institucional y sin gran resistencia por parte de las y los trabajadores.

En nuestro caso concreto, la privatización de la salud ha pasado por diversos esfuerzos y se han relacionado con los demás aspectos del desmantelamiento. Al mismo tiempo se ha desarticulado la resistencia de las y los trabajadores representada por la organización de las y los mismos en sindicatos, federaciones y demás instrumentos de coalición, aplastando también los derechos de los y las trabajadoras de la salud, y al mismo tiempo del conjunto de los derechos de los demás sectores de trabajadores.

Uno de los primeros esfuerzos de la privatización y restricción de la salud, fue la Ley de 1995 en materia laboral y la modificación del régimen de pensiones y jubilaciones de 1997 para el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), una de las instituciones más importantes de la salud en nuestro país. En el marco de esta ley, se amplió el periodo de semanas para que un trabajador o trabajadora pudiese jubilarse, pasando de 500 semanas cotizadas a 1250 semanas cotizadas ante la institución. Además se implantaron una serie de mecanismos para que el patrón pudiese dar de alta y baja a sus trabajadores sin sanción política, únicamente administrativa. Esta Ley significó el comienzo de la crisis de salud en México, por las grandes restricciones para acceder a la salud para las y los trabajadores. (Ley del Seguro Social, 1995-1997).

El IMSS siempre se ha caracterizado por una mala atención, debido a la sobrecarga de trabajo que reciben las y los trabajadores de la salud, no es cifra que necesite ser citada, que se atienden diariamente a 40 pacientes por médico, durante cada turno. Si hacemos la cuenta se tendrían que estar atendiendo a 5 pacientes por hora, es decir, 12 minutos para cada paciente. Bajo esta cifra, es evidente nuestro déficit de médicos en nuestro sistema de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) deben existir al menos 23 médicos por cada 10 mil habitantes y en nuestro país apenas son la mitad. Es decir, no se cumple ni con la mínima cantidad recomendada (INEGI). Además, el presidente el año pasado dijo que hay un déficit de 123 mil médicos, esto declarado en su visita al hospital rural de Villamar, en Michoacán realizada en julio.

2. Descapitalización

Esta realidad de las instituciones de salud, su continua carencia tanto de insumos como de atención adecuada, es producto de la falta de inyección de presupuesto para la salud pública. En el año de 2018 sólo se le destinó el 2.5 por ciento del PIB (Producto Interno Bruto), se mantuvo así en 2019, y ahora en 2020 sólo subió a 2.6 por ciento del PIB que representa el 10.4 por ciento del presupuesto nacional; lo que equivale a 634 mil 388 millones de pesos (codigof.mx, 2020). La OMS recomienda se destine a salud al menos el 6 por ciento del PIB.

Para que haya una descapitalización, debe de haber una financiación. Por lo tanto con descapitalización no me refiero a la reducción de recursos que han hecho los gobiernos de un periodo de tiempo a otro. Sino al proceso por el cual la riqueza generada con el trabajo en México no es distribuida acorde a la necesidad de la mayoría de la población. Hay una financiación de la economía y del sistema de salud en México, pero hay una descapitalización por medio de los gobiernos, destinando ese recurso a otros aspectos que no son de tanta importancia, como nos está haciendo evidente nuestra realidad.

3. Subrogación de servicio

Otro aspecto importante del desmantelamiento y que va de la mano con la privatización del derecho a la salud en nuestro país, es la subrogación de algunos servicios específicos de instituciones como el IMSS, ISSSTE y la Secretaría de Salud. Esto quiere decir, que el Estado, recurre a la financiación de empresas privadas para ofrecer servicios como el de limpieza, farmacia, insumos sanitarios (bolsas, papel, jabón, cubrebocas, catéteres, jeringas etc.), cocina, ambulancias y atención prehospitalarias, camilleros, seguridad, etc., propiciando que haya un desabasto de material necesario y un enriquecimiento ilícito de particulares, sobre todo de políticos que gestionan las administraciones en los estados y municipios.

Además de que políticamente se nos quita recurso económico para la salud en México, la subrogación de los servicios de salud se encarga de que ese poco recurso que nos llega, salga de los hospitales y caiga en manos de empresarios y políticos para salvaguardar intereses del capital (generación de empresas privadas o salvar algunas que están en quiebra o financiar partidos electorales burgueses como el PRI, PAN, PRD y MORENA). Los y las trabajadoras nos quedamos chiflando y aplaudiendo.

La subrogación de los servicios de salud en México, se tiene aplicando en México desde los años 70’s, pero lo que potencia este actuar es la descentralización de la Secretaría de Salud en la década de 1990. Por tal, los órganos de gobierno estatales, se dieron a la tarea de usar nuestro recurso para los intereses del capital. A partir del año 2000 se da el “boom” de la subrogación y continúa desarrollando esta dinámica corrupta, ilegal y que además asegura los privilegios para los capitalistas.

De la mano de la subrogación comienza la subcontratación (outsourcing), precarización y flexibilización laboral de las y los trabajadores, con el fin de elevar la plusvalía de esas empresas a partir de la superexplotación de la fuerza de trabajo. Subrogación y subcontratación son mecanismos de los empresarios para elevar sus ganancias, y privatizar el derecho a la salud a partir del sufrimiento obrero. Además es su política garantizar que con un mal funcionamiento del sistema público de salud (derecho constitucional amparado en el artículo 4°), el sistema de salud privado (mercancía-negocio) triunfe, y con la venta de la salud, ellos obtengan aún mayores ganancias.

En tiempos de coronavirus y pandemia, esta política inhumana es más clara, y las consecuencias llevan consigo la muerte. Si no fuese así, cualquier país pudiese haber combatido este virus como lo está combatiendo Cuba.

El aspecto ideológico del desmantelamiento de la salud
Además del proceso un tanto mecánico que acabo de describir para ver con objetividad dónde estamos y qué herramientas tenemos para enfrentar el coronavirus, además de observar la consecuencia de privatizar los derechos, quiero hacer énfasis en que no se trata de un mero proceso mecánico, sino de un proceso dialéctico y que corresponde al movimiento generado por la lucha de clases. Para eso voy a hablar de la cuestión del porqué el sentido común piensa que un sistema de salud privada es mejor que un sistema de salud público.

Ver la atención médica privada como un servicio mejor que cualquier servicio público, representa una realidad: es inalcanzable un sistema de salud privada para todos y todas. Es una contradicción plenamente absurda, donde hay propiedad privada no puede existir la propiedad social, dónde no se garantiza el derecho pleno, existen entonces los privilegios. El privilegio es tener servicios de salud privada, porque esta salud privada se convierte en mercancía y deja de ser derecho. Al ser mercancía, ésta sólo es adquirible para algunos pocos.

Pero además, esta representación es la ilusión de pensar que pagando nuestra salud está garantizada. El coronavirus (realidad natural y objetiva) ha desmentido esta ilusión poniendo entre las dos cejas la realidad concreta. Este fetiche se construye al igual que en cualquier mercancía, haciendo de una relación social como el trabajo, un producto ajeno de a su propia realidad, de decir, al concebir a la salud como una mercancía y no como un derecho, se niega la importancia social y vital para la humanidad.

Y en tiempos de coronavirus, es la realidad, el peligro inminente de la infección y muerte por no poseer tal mercancía lo que dicta la verdadera necesidad de una sociedad, en el caso mundial, la necesidad es un sistema de salud público y social, que garantice el pleno derecho a una salud digna. La necesidad plantea que socialicemos tal producto y el medio de producción de tal mercancía. Es por eso que, es necesario echar abajo todo indicio de privatización, desfinanciamiento y subrogación y con ello, echar abajo la subcontratación de las y los trabajadores de la salud, desde los profesionales hasta los técnicos. Se debe asegurar amplias condiciones de trabajo para garantizar el derecho a la salud.

Pero no sólo en el sector salud se debe acabar con las políticas de subcontratación, precarización y flexibilización laboral, sino que cada trabajador debe tener una estabilidad en el trabajo, un buen salario que alcance para llevar una vida saludable, así como reducir la jornada el tiempo suficiente para ejercitarse y activar nuestras defensas. Esta utopía del trabajo existe, se llama socialismo.

Para llegar a este plano debemos comenzar por proponer desde las bases de las y los trabajadores, desde cada organización legislaciones que garanticen un presupuesto pleno a las instituciones de salud, así como el término de las políticas de superexplotación laboral si queremos sobrevivir a tal crisis sanitaria y a la presente crisis del sistema capitalista, que es aún más grave. El coronavirus es sólo un síntoma de la gran enfermedad de la economía, si queremos curarnos de esta enfermedad debemos comenzar a cambiar todo esto que tiene que ser cambiado.

En América, el país con menos casos de infectados por el coronavirus y que está auxiliando a todo el mundo es Cuba, a pesar del bloqueo económico. A pesar de los ataques del imperialismo gringo e internacional, hoy Cuba es un ejemplo del camino que tenemos que seguir.
Por tal, para cambiar este sistema de salud y nuestra concepción del mismo, es necesario impulsar leyes que garanticen el pleno derecho a la salud, es la organización una herramienta fundamental para ver nuestra realidad, pero también para combatir las inclemencias y las injusticias.

No hay un Estado que pueda salvarnos, ni tampoco un mesías. ¡Sólo el pueblo, salva al pueblo!