Frente de Trabajador@s por el Derecho a la Salud y a la Seguridad Social
Cooperativa de Salud Panamédica
Colectivo Salud y Resistencia-MIR

Introducción. Refrescar nuestra memoria

Las y los trabajadores de la salud no podemos olvidar, porque lo vivimos en carne propia, la devastación que provocaron durante 40 años políticas de los capitalistas neoliberales en todos los terrenos políticos y sociales; particularmente en materia de salud y de seguridad social. Asimismo hemos sido testigos de que el gobierno actual lo reconozca y retome algunas de las demandas que en esos mismos periodos hemos levantado.

De tal manera que aunque allá arriba se reconozca y se prometa una política de rescate de las instituciones públicas, es un hecho que éstas no están en condiciones para atender de manera integral las necesidades de la población y mucho menos, podrá estar en condiciones de enfrentar la pandemia del COVID-19 si ésta crece exponencialmente y rebasa la capacidad con la que se cuenta. Como incluso ya lo han reconocido abiertamente las autoridades, y puede ser una réplica de lo visto en otros países donde la privatización y desmantelamiento de los servicios de salud han corrido la misma suerte.

No perdamos de vista que los discursos no transforman la realidad de un sistema de salud que está por debajo de las recomendaciones de organizaciones internacionales como la OMS o la OPS, que arrojan un déficit de camas censables: “En promedio, los países de la OCDE tienen 4.8 camas por cada 1,000 derechohabientes. En el Instituto se tiene un número de camas censables por derechohabiente 7 veces menor, es decir, de 0.67” (Zoe Robledo, El Economista, 07, oct, 2019).

Cifras de 2010 señalaban que en las unidades hospitalarias de las tres principales instituciones de salud contaban se contaba con 74,064 camas, lo que representa una relación de 0.7 camas por mil habitantes (https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/58337/ODH_2011.pdf), y en México, hay 2.4 médicos por cada mil habitantes, cuando el promedio de los países de la OCDE es de 3.4 médicos. La densidad de médicos en una población es un importante indicador de los recursos humanos en atención a la salud. (Excélsior, 24 de marzo, 2020).

La inversión pública en salud no ha crecido más del 3%, cuando recomiendan esos organismos que sea al menos, del 6%. O sea que en estas condiciones el sistema de salud será rebasado si no funcionan las medidas programadas de prevención, contención y atención, lo que es difícil en nuestras condiciones de precariedad social y laboral.

El capitalismo es en sí una enfermedad.

Si perdemos de vista que el desmantelamiento y la privatización de la salud y de la seguridad social, que igual ha sucedido de manera globalizada en todo el mundo, en unos países más que en otros, es un elemento fundamental que ha permitido no sólo la generalización de la presente pandemia (COVID-19), sino también las que hemos vivido como la creciente situación de violencia, de feminicidios, del crecimiento de las enfermedades crónico degenerativas, etc.

Las tendencias de morbilidad y mortandad en los diferentes periodos de la pandemia, muestran evidencia de que mueren personas no sólo de determinado rango de edad, sino las que tienen asociadas enfermedades crónicas, sobre todo obesidad, diabetes e hipertensión, que la sociedad de consumo capitalista ha masificado.

El Seguro Popular, muerto por decreto, sigue siendo el esquema para el otorgamiento de la atención médica en muchas partes del país, y en la atención especializada los esquemas de copago continúan vigentes. La gratuidad de la que hablan las autoridades no es una realidad y sí ha demostrado que al contemplar sólo el 13% de las enfermedades que abarca la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), EL GENOCIDIO Y COBERTURA DISCRIMINATORIA con el que ha operado desde el 2000.

La salud a la que aspiran las y los trabajadores

La salud o bienestar integral a la que aspiramos es el resultado de una serie de satisfactores como lo son el tener un salario y un empleo digno y estable, vivienda, alimentación adecuada, educación gratuita, laica y científica, tierra, territorio, agua, medio ambiente saludable, seguridad y otros, que son, en conclusión, derechos humanos.

No obstante, el sistema actual no lo garantiza, al contrario, genera las condiciones para que sólo unos cuantos cuenten con esos privilegios repartiendo para la mayoría condiciones de pobreza y precariedad que permiten que la sociedad esté enferma: la sociedad que produce, que es explotada, que se encuentra desempleada o sub empleada, esto es, la clase obrera, trabajadora y el pueblo en general.

No se reconocen como enfermedades generadas por el sistema a la violencia que provocan los cárteles de la droga protegida o alentada por políticos y militares, que representa otra forma de acumulación capitalista; los feminicidios que son expresión del machismo o patriarcado capitalista; las enfermedades crónico degenerativas ya mencionadas en parte aparecen una alimentación deficiente a la que induce el consumismo, lo que genera enormes ganancias al capital. El propio modelo de sanidad hecho para la cura (creando enormes ganancias a partir de la enfermedad) y no para la prevención.

Las, los trabajadores de la salud, directamente afectados

Las y los trabajadores de la salud enfrentamos esta crisis sanitaria, económica, social y ambiental, que ya es global, de manera directa y sin las plenas garantías de que estaremos en condiciones de proporcionar la mejor atención posible.

Desde ya han estado apareciendo muestras de inconformidad ante la falta de insumos, materiales, equipo, medicamentos y personal, situación que el mismo director del IMSS ha reconocido: “… han habido… manifestaciones de protesta de trabajadores del instituto en –varios- estados de la República, en demanda de los insumos que les permitan evitar el contagio del nuevo virus.” (https://www.jornada.com.mx/ultimas/politica/2020/03/24/reconoce-robledo-carencia-de-insumos-en-clinicas-2026.html)

En el IMSS, las medidas pactadas con la cúpula sindical amén de poco claras, promueven la sobre explotación pues si por un lado permiten que un sector más vulnerable por la edad o las enfermedades se retire, no se están cubriendo las faltantes con la eficacia necesaria y lo mismo la promesa de las horas extras en el marco de esta contingencia puede provocar errores fatales por el desgaste físico y mental.

Entonces si nos enfrentamos a una pandemia que en países como España o Italia ha llegado a que el contagio del personal de salud representa un 13 y 8 por ciento, respectivamente, es previsible que si no se atienden las carencias estaremos en una situación muy parecida además de que los meses establecidos para el control de la epidemia, son largos, lo que implica que en casi todas las áreas clínicas y hospitalarias se presente un desgaste físico y sobre todo mental, área que no se atiende ni al personal sanitario ni a la población en general.

Estas situaciones también han puesto de relieve la precariedad en la que están trabajadores en las tres instituciones, más acentuadas en la secretaría de Salud, donde un alto porcentaje de sus trabajadoras y trabajadores son eventuales y ni siquiera cuentan con seguridad social.

Pandemia, crisis del capitalismo y control social

El COVID-19 aparece casi de la mano con la crisis económica y financiera del sistema capitalista que se venía gestando meses atrás. “La apreciación del dólar y la huida del capital de los mercados emergentes podrían derivar en otra crisis financiera ‘importante´”, señaló el empresario George Soros en marzo de 2018 (https://www.elespectador.com/economia/se-esta-gestando-una-nueva-crisis-financiera-george-soros-articulo-791322).

La pandemia ha estado antecedida y reforzada por una publicidad globalizada que más que generar tranquilidad, provoca temor, miedo y terror. Ello le ha permitido a los diferentes gobiernos ejercer sobre una parte de la población, medidas de control masivo que le permiten al sistema un respiro luego de las grandes manifestaciones de descontento a nivel mundial, particularmente el del movimiento feminista. Así han quedado aplazadas las muestras de descontento y crean las condiciones para que el control no sólo sea mediático, sino también físico a través de la tendencia a la militarización que aparece o que ya se aplica.

Pero además, como han señalado compañeras, el aislamiento “sugerido” y/u ordenado refuerza la cultura e ideología del capital de fomentar el individualismo, el patriarcado, se rompen los lazos comunitarios, fomentando la no solidaridad viendo al otro como el que nos puede infectar y por tanto, teniendo actitudes de rechazo que pueden llegar a todo tipo de fobias (personal de salud ha sido atacado y humillado) incluso de tipo nacionalista.

La situación nacional no difiere mucho de la que se vive en el mundo

Muchos gobiernos, incluido el mexicano, han tenido que ir disminuyendo sus arengas y discursos para dar paso a la voz de los especialistas (sobre todo de la salud) para difundir información que si no es certera y oportuna, pueden -y han provocado– que se generen situaciones trágicas– poniendo a esos políticos en la mira de la población haciendo incierto su futuro.

No obstante, los llamados al confinamiento, a la sana distancia y la higiene, entre otros, se complican cuando en la informalidad laboral hay más de 30 millones —sin prestaciones de la seguridad social, bajos salarios, empleo inestable, etc. -, y tienen que salir a buscar sustento y por tanto, usar el transporte público; comunidades rurales, incluso zonas en las ciudades, que no cuentan regularmente con agua o de plano no la tienen; personas (15 millones) sin acceso pleno a una vivienda, y el acceso limitado a una alimentación sana e integral.

Las asistencias del gobierno en el marco de esta crisis sanitaria y económica, pueden aliviar de manera limitada y momentánea —a quienes les llega—su situación de precariedad, pero ya se advierte que habrá cientos de miles de despidos y una baja muy importante del crecimiento económico.

Confiar o dejar en manos de los gobiernos, de los empresarios o de las cúpulas sindicales la posibilidad de que esta situación se revierta, es un gran engaño pues muchas de las medidas mencionadas es posible que sólo se queden en el espacio propagandístico ya que vemos que dependemos de las cadenas productivas que operan globalmente, y se incluye el acceso a suministros sanitarios.

Conclusiones y propuestas

Es claro que el discurso desde el poder es fundamental para manipular la realidad o presentarla ligera o altamente diferida, que evite que el rango de aceptación a los diferentes gobiernos, incluido el mexicano, se vaya desplomando.

La pandemia combinada con la crisis, agravará la situación de pobreza, explotación, despojo, desprecio, etc., de la mayoría de la población a nivel nacional y mundial.

La corrupción, que es un discurso que pretende explicar la situación de precariedad nacional, es básicamente la expresión de un sistema con el que debemos terminar.

En este contexto se requiere demandar, desde abajo, MEDIDAS URGENTES que tiendan a impedir que las condiciones de la mayoría del pueblo oprimido y explotado, y la clase trabajadora se deterioren más, exigiendo que los salarios se incrementen y los empleos se mantengan, sean estables y dignos, con acceso pleno a la salud y a la seguridad social

Inversiones apremiantes y significativas al sector de la salud y de la seguridad social, tomando medidas como la anulación de la deuda pública, expropiación de las riquezas acumuladas en unas pocas manos, como la que atesoran las AFORES a costa nuestra; requisa de la red hospitalaria privada, anulación de las transferencias púbicas a los privados (como las Asociaciones Público Privadas), cancelación de los megaproyectos que sólo favorecen a los capitalistas (Tren maya, PIM, transístmico, nuevo aeropuerto, etc.).

Nuestra apuesta es al rechazo organizado que impida la disminución de nuestros derechos sociales o laborales y exigir que se cumplan a través de las movilizaciones y la denuncia, promoviendo asimismo lazos de solidaridad internacionales que nos permita identificarnos como clase y caminar hacia demandas comunes.

Aprovechar esta situación para reforzar nuestros lazos de solidaridad y convivencia con nosotros mismos y con los derechohabientes y sus familias, desde los centros de trabajo y en los barrios, colonias, comunidades, donde vivamos, ofreciendo información y creando comités de ayuda mutua.

Las y los trabajadores de la salud, junto con los derechohabientes y la población oprimida y explotada, tenemos la posibilidad y la capacidad de asumir la administración, la operación y la toma de decisiones del sistema de salud desde los centros de trabajo y donde se encuentran.