Redacción

— En la televisión nos está diciendo el mero chingón “que váyanse, que enciérrense” […]. Sí estamos asustados, pero ¿quién chingados te va a mantener?, ¿Quién me va a mantener? Yo que no tengo cabrón y tengo obligación de darle a mis pinches verijonas, a mis hijas—. Dice una comerciante frente a su puesto de hiervas y productos para realizar “limpias”, ante pregunta expresa del reportero.

Es un lugar común decir que la pandemia originada por el Covid-19 nos afecta a todos los seres humanos por igual. Que la enfermedad no reconoce clases sociales. Algo hay de razón en estas afirmaciones; aunque, lo más acertado sería decir que la enfermedad afecta a algunas personas más que a otras. Más puntualmente, el coronavirus perjudica más a quienes históricamente han sido perjudicados por el sistema.

¿Por qué? Muy fácil. Cuando eres un empresario que vive de explotar y expoliar el fruto del trabajo de tus empleados, es muy fácil quedarse en casa durante la cuarentena (sobre todo cuando tu casa mide 685 metros cuadrados de construcción, más alberca y espacios de recreo).

Pero, cuando eres un pequeño comerciante o minorista (como la señora del video citado que circula en redes), una trabajadora en el sector informal o un empleado que laboral dentro del esquema de outsourcing (subcontratación), la cosa se pone ligeramente más “cabrona”.

Según los índices oficiales, en México el grueso de la población vive de su trabajo. El 67.5 por ciento de la gente (es decir, 67 de cada 100) son asalariados. Mientras un, 22. 7 por ciento del país “trabaja por cuenta propia”.

Si a esto le agregamos que en nuestro país el 57 por ciento de quienes laboran, lo hacen en el sector informal, sin derechos de ningún tipo (sin vacaciones, sin aguinaldo y, por supuesto, sin acceso a salud) son trabajadoras y trabajadores que, literalmente, viven de lo que consiguen día con día. En este sector se encuentran, por ejemplo, las trabajadoras del hogar. Lo curioso es que esta población es la que produce el 23 por ciento del Producto Interno Bruto de la nación.

¡Sí! 23 de cada 100 pesos que produce el país, lo hacen personas que no tienen ningún derecho laboral y que en plena pandemia no tienen acceso a instituciones de Salud.

Pero esto se agrava. El 57 por ciento de las trabajadoras y trabajadores informales, perciben como máximo dos salarios mínimos (7, 492 pesos, aproximadamente). Además, el 60 por ciento de los laborantes en el sector informal, tienen un promedio de educación superior al de la media nacional, según las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.

Así pues, uno de los sectores que más produce, lo hace sin derechos laborales, sin derecho a la salud, con un ingreso miserable y, además, es el más estudiado. Es ese pueblo mexicano, para el que “quedarse en su casa” es un lujo.

La cuarentena los pone entre la espada y la pared. Quedarse en su casa y morirse de hambre o salir y morir de Coronavirus.

Veo que tiene huevos— pregunta el reportero a la decana vendedora de hierbas, mientras señala una cubeta con blanquillos
— ¡Sí! ¡Sí tengo huevos, tengo huevos también yo!— contesta exaltada la hierbera, jugando con el doble sentido de la frase,y continúa, —Eh! pero mire, esos huevos son para curar, para hacer limpias.
— Y no se pueden comer— replica el entrevistador
— ¡Nooo! Son para hacer limpias. Creencias de gente pendeja. La mera neta mano— sentencia la entrevistada, sin el menor reparo y segura, confiada de sus palabras.

Un último dato. Se estima que en México, 5 millones de personas laboran mediante el esquema de subcontratación o outsourcing. Si los empresarios que contratan a sus trabajadores mediante este esquema, pagaran lo que corresponde de impuestos, tan solo al IMSS, se podrían comprar 55 por ciento más medicinas o invertirlos en la compra de 4,528 mastógrafos o 1,380 tomógrafos, según los dichos de Zoé Robledo, director general del IMSS.

Curiosamente, los que más se quejan, son los que más tienen: los agremiados de la Coparmex y los diferentes sindicatos patronales (en los que por supuesto, no está nuestra querida y honesta vendedora de hierbas). Son los primeros en pedir y llorar, porque el presupuesto público (el dinero que es de todo el pueblo) no se destina a “rescatar” sus empresas.

Ante esta situación es imperioso, rechazar las ridículas peticiones del sector empresarial; exigir la condonación del pago de renta, luz, agua y gas, para el grueso del pueblo trabajador mexicano, para quien esos gastos representan una parte sensible de su salario y exigir una renta universal para todas las trabajadoras y trabajadores que, como nuestra apreciada dueña de un puestecito de hierbas en un tianguis, viven al día y sin mayor seguridad social que la que el fruto de su trabajo les puede otorgar.