En todos los estados del país se han comenzado a notar los efectos de la pandemia, pero también las causas que impiden enfrentarla eficazmente. 

En Nayarit, la contingencia ha comenzado a reflejar sus efectos en la economía de la zona y en las condiciones precarias en que viven las y los trabajadores.

Las ventas locales, según información proporcionada por la Cámara Nacional de Comercio en Tepic (CANACO), han caído hasta en un 80 por ciento y en lo que respecta a la ocupación hotelera, uno de los grandes aportes a la economía de la entidad, sólo se registra un 10 por ciento, por lo cual, algunos negocios han tenido que suspender actividades temporalmente y otros tantos locales pequeños comenzaron a cerrar.  

Esta situación ha puesto en peligro a muchas y muchos trabajadores de la zona que están propensos a ser momentáneamente despedidos.

Otro impacto que sufrieron los pequeños negocios en Tepic, por las medidas de contingencia, ha sido la especulación en los precios de los productos desinfectantes y materiales sanitarios. Las tiendas locales que decidieron seguir vendiendo se vieron obligadas, por los lineamientos de la Secretaría de Salud, a tener gel antibacterial en sus negocios y los vendedores a portar guantes y cubrebocas. Varios de los distribuidores de estos productos aprovecharon la demanda y subieron desmedida e injustificadamente sus precios: el gel antibacterial lo vendían a $100 el litro y 1 cubrebocas llegó a costar $15. Un golpe considerable para las y los dueños de las pequeñas tiendas, considerando las bajas ventas que han tenido.

A diferencia de la situación de los pequeños negocios, las grandes empresas de Tepic, en su mayoría, no han cesado sus actividades. El grupo embotellador Nayar (la distribuidora de productos de Coca-Cola en Nayarit), Plaza Forum Tepic (que alberga a empresas como Starbucks, Burger King, Chili’s, Carl’s Jr., Cinemex, Liverpool, Sears, Sanborns, C&A, Suburbia, entre otras), el ingenio azucarero de Menchaca y centros comerciales como Waltmart, Chedraui, Soriana y Ley, aseguran que cuidaran la integridad de sus consumidores brindando la higiene necesaria en sus empresas y productos, sin embargo, no son las y los dueños los que salen a diario y se enfrentan a las jornadas de trabajo que podrían poner en peligro su salud, sus trabajadoras y trabajadores carecen de las medidas necesarias para evitar el contagio.

Es la clase trabajadora la que sufre día a día las consecuencias más catastróficas de esta contingencia producida por el COVID-19. Las ya difíciles condiciones de vida a las que se enfrenta el pueblo trabajador empeoran en esta situación sanitaria, y conforme esta problemática avanza y se agudiza, el capitalismo muestra su avariciosa e inhumana cara con la inflación de los precios de los productos de la canasta básica y los medicamentos, así como el despido de las y los trabajadores para reducir gastos, o exponiéndoles a laborar como carne de cañón para seguir acumulando riqueza a costa de su salud. 

Las y los trabajadores no debemos pagar con nuestra salud la ganancia que obtienen los capitalistas. El pueblo debe tener garantizado el acceso gratuito a todos los servicios de salud que sean necesarios y el Estado debe apoyar a todas las familias que se encuentran en cuarentena con los insumos necesarios.