Emiliano Raya

La industria maquiladora, uno de los referentes tristemente célebres en México por sus extremos niveles de explotación, se enfrenta a una severa crisis: el coronavirus. O al menos eso es lo que han hecho creer a sus trabajadores y a la opinión pública, construyendo un sentido común enfocado en justificar sus diversas medidas (recortes salariales, despidos masivos o el cierre total de operaciones) a la pandemia que asola al mundo. No obstante, la crisis de salud es más bien una máscara para la verdadera crisis que enfrenta el modelo maquilador y el sistema en general: una crisis productiva.

De acuerdo a datos del presidente del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index), Luis Aguirre Lang, “El coronavirus ha afectado a 45 por ciento de las maquiladoras de exportación por falta de insumos ocasionando paros técnicos, suspensión en líneas de producción, lo cual va a disminuir las exportaciones hasta 2 mil millones de dólares (mdd) en marzo”.

Según las percepciones del presidente de la Index “Las afectaciones económicas no han sido cuantificadas, pero se estima una disminución de las exportaciones entre mil 500 a 2 mil mdd” tan solo para el tercer mes del año.

Ante esta situación, las maquiladoras han ideado diversas formas de enfrentar la crisis, formas que responden a la heterogeneidad misma del sector, pero cuya lógica se encuentra fundada en la misma idea: enfrentar la crisis productiva obligando a que sea el pueblo trabajador y nos las empresas las que asuman los costos.

De esta forma, con el argumento de salvaguardar la salud de la fuerza de trabajo, 238 maquiladoras de las 323 que alberga el estado de Sonora, cerrarán sus plantas como medida para evitar la propagación local del virus. Solo seguirán laborando aquellas cuyo giro esté relacionado con la producción de material médico. Esto para garantizar la suficiencia de los insumos necesarios para que el sector de salud pueda resistir a la crisis sanitaria.

Sin embargo, lo que no ha quedado claro es lo que va a pasar con las y los trabajadores, que, tan solo en el estado norteño, suman 129 mil empleos directos. Aunque, de acuerdo a las declaraciones de representantes sindicales y gubernamentales, las empresas deben garantizar el salario íntegro de sus empleados, el problema que se presenta es que, en muchos de los casos, el grueso del salario que se percibe en compañías de este giro manufacturero, es conformado en su mayoría por bonos de puntualidad, asistencia, productividad, etcétera.
Esto ocasiona que el pago que las empresas registran ante las autoridades de gobierno, es menor al que reciben las trabajadoras y trabajadores.

Desafortunadamente, estos bonos no podrán ser cobrados si las plantas cierran, dado que no podrán ser justificados. Así, las compañías se ahorrarán una buena parte del gasto que implica el sueldo de la mano de obra.
Por ejemplo, algunas empresas como Automovile, han empezado a tomar medidas ante las extraordinarias condiciones que se deben desarrollar, debido al Covid-19 (popularmente conocido como Coronavirus). Por ejemplo, firmando un convenio en el que se “garantiza” que sus trabajadores recibirán, durante dos semanas, el 50 por ciento de su salario.

Otras empresas han decido mantener sus líneas de producción abiertas, aunque esto implique poner en riesgo la salud de la fuerza laboral. Dentro de este rubro se encuentran maquiladoras como LEONI (de nacionalidad germana) que se ha negado a para actividades incluso cuando cuatro de sus trabajadores han dado positivo en Covid-19, y aunque muchos de sus empleados sean considerados como población vulnerable, debido a que padecen diabetes o hipertensión. Lo anterior se agrava dadas las condiciones en las que se desarrollan las actividades productivas. Espacios sin capacidad para el distanciamiento social, sin protocolos de sanidad ni servicio básico como drenaje adecuado.

Además de todo lo anterior, existen maquiladoras que han optado por medidas más drásticas: el despido masivo. En este rubro se encuentran la maquiladora del municipio poblano de Quecholac, en donde ya se han despedido a 50 trabajadores, bajo el argumento de “la baja producción que ha originado la pandemia del coronavirus”.

Pero, sin importan de la forma que las compañías “adopten” para salir de la crisis, lo real es que, de una u otra forma, todas sus soluciones tienen como principio que sean los trabajadores maquiladores quienes paguen los costos. Además, pretenden justificar que la crisis de producción se debe al coronavirus, y no a las bajas tasas de utilidad, es decir, las empresas producen lo mismo, pero ganan cada vez menos por la mercancía realizada.

Ante esta situación es necesario que, como obrero exijamos que:

1.- No se despida a ningún trabajador o trabajadora
2.- Que los sueldos durante la cuarentena se paguen completos (incluyendo lo proporcional a bonos)
3.- Que los sistemas de salud, público y privado, den preferencia al pueblo trabajador y a sus hijos e hijas y sean atendidos de manera gratuita y eficiente
4.- Que se reduzca el cobro de impuestos, como el ISR, a los trabajadores y trabajadoraa.