Itzuri Cruz

“La solidaridad es la ternura de los pueblos”
Gioconda Belli

La pandemia por el COVID-19 y el aceleramiento de otra de las crisis del sistema capitalista nos demuestran dos cosas: lo inhumano del sistema capitalista, y; la necesidad del internacionalismo proletario.

Según los últimos datos, el epicentro del capitalismo, Estados Unido (EE. UU.), superó ya los casos de coronavirus confirmados con 94 mil, frente a los 81 mil de China y 86 mil de Italia.

A pesar de que el presidente Donald Trump aseguró que, son el país que mejor preparado está, los hechos muestran lo contrario. Cabe mencionar, que el sistema de salud estadounidense es el más privatizado del mundo, sujeta a las grandes compañías de seguros y farmacéuticas, que muchas veces no cubren gastos por enfermedades, como el cáncer u operaciones del corazón (las más frecuentes) y tampoco, los costos por coronavirus. Este problema, el de no contar con seguro médico por no poder pagar un privado, ni con un seguro gubernamental, ha llevado a muchas personas a la “bancarrota” y la pérdida de sus hogares.

Italia, es otro de los países que tiene los últimos lugares en Europa respecto al monto destinado a seguridad social, que incluye por supuesto, el sector salud. El acceso a servicios de salud es prácticamente nulo para las y los trabajadores que viven en la flexibilización laboral.

El ejemplo de estos dos países de “Primer Mundo” deja en evidencia la ineficiencia de la privatización, y la falacia de decir que brindan mejor servicio para el pueblo, utilizando el concepto de “calidad”. Quienes se han colocado al frente, en cuanto a la prevención, atención y la cura para el coronavirus, son dos países, uno del llamado “Tercer Mundo” y el otro, caracterizado como emergente: Cuba y China.

Cuba ha manifestado una gran solidaridad con el mundo, demostrando la eficacia de un sistema de salud completamente socializado. No sólo ha aportado sus grandes innovaciones de la industria farmacéutica, también ha demostrado porque los médicos cubanos tienen el reconocimiento de ser los mejores del mundo y, por si fuera poco, ha mandado brigadas solidarias por la contingencia del COVID-19 a países como Italia, Granada, China, Surinam, Nicaragua, Jamaica, Venezuela, Dominica, Belice, Argentina y Santa Lucía.

En Brasil, Jair Bolsonaro había expulsado a médicos cubanos arguyendo que preparaban una guerrilla comunista en su país, y ahora, está pidiendo su regreso, petición a la que seguramente Cuba no se negará, pues la prioridad es atender al pueblo, sea del país que sea.
No es la primera vez que Cuba se ha mostrado solidaria ante situaciones como esta, a principios del 2010, envió brigadas a Haití para combatir el cólera. Ese mismo año, envió otra brigada a combatir el ébola a África. Cuba ofreció enviar asistencia similar a los Estados Unidos después del huracán Katrina que devastó la Florida, aunque fue rechazada por la administración del expresidente Bush.

La revolución cubana bajo el liderazgo de Fidel Castro atendió a los niños y niñas de Chernóbil cuando nadie más se ofreció. A la fecha, suman más de 55 años de participación en proyectos de colaboración médica internacional para enfermedades y atención en desastres naturales, cuenta con 114 embajadas, más que la mayoría de los países. Todo esto, ¡a pesar de los 60 años de bloqueo económico a la isla! ¿Si Cuba puede con los escasos recursos con los que cuenta, por qué el imperio no?

Esto pone al descubierto la inhumanidad y la falta de solidaridad del imperialismo con los pueblos del mundo, sobre todo en momentos de adversidad mundial como los que se viven ahora.

Un medicamento cubano ha alcanzado el interés de varios países para contrarrestar los efectos y propagación del virus. Este medicamento fue creado en la segunda mitad del 80 por científicos del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), con la cooperación y ayuda de China. Las relaciones de cooperación médica no son recientes, por ello, han podido desarrollar el medicamento para poder combatir los virus y complicaciones que han azotado a diversos pueblos a través de estas décadas.

Es por esto, que ha Cuba han llegado las solicitudes de distintos países para adquirir el medicamento Interferón Alfa 2b, el cual ha mostrado efectividad, ya probada tanto en Cuba como en China, contra el COVID-19 y otros virus similares, gracias a su potencial para mejorar la afección respiratoria.
China, es la otra gran solidaria con el mundo. A raíz de la contención del Coronavirus, ahora comparte los aprendizajes de su experiencia; descubrimientos, métodos, tecnologías, medidas, protocolos (de diagnóstico, cuarentena, tratamiento y recuperación), terapias, así como material; medicamentos, mascarillas, jabón, trajes de protección… y no sólo eso, también enviaron personal médico, el cual ya está actuando en otros países.

Es así, como los grandes males que azotan a la humanidad ponen al descubierto dos caras de una misma moneda: la barbarie y el individualismo, o la solidaridad y la dignidad de los pueblos. Claro que los sistemas de salud de estos dos grandes países solidarios son perfectibles, pero su enfoque admirablemente humano no puede ser cuestionado.

Mientras Estados Unidos sigue explotando a la clase trabajadora, repartiendo sanciones y dictando bloqueos contra naciones en desarrollo; China y Cuba se solidarizan con otras naciones plantando cara por la dignidad y la ternura entre los pueblos.
Esta es la gran lección: el capitalismo condena a la barbarie, mientras que el socialismo da esperanza, solidaridad y dignidad a la humanidad.

¡Ante el individualismo y mezquindad del capital, la solidaridad entre los pueblos!
¡Por la unidad de la clase trabajadora, VENCEREMOS!