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Itzuri Cuz
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El capitalismo es incompatible con la dignidad de la clase trabajadora, por su funcionamiento, crea crisis cada vez más fuertes y duraderas. Esta vez intenta culpar a la epidemia mundial y la crisis sanitaria de que su sistema se está colapsando, cuando las desgracias que ahora tenemos son precisamente porque se muerde a sí mismo en su intento de sobrevivir. Al sistema no le preocupa qué pasa con la clase trabajadora, las medidas que ha tomado el capital y sus empresas transnacionales, en esta contingencia, son todas para proteger sus intereses y ganancias, ninguna ha sido para garantizar la salud pública, si han tomado (a medias) algunas recomendaciones, es sólo para no tener pérdidas en sus bolsillos.

La mayoría de las y los trabajadores tienen que seguir asistiendo a sus puestos de trabajo con medidas de seguridad mínimas, muchos sin botiquín, sin pruebas de detección, sin seguro social ni medicamentos.
Las personas que laboran en empleos informales o que viven al día tampoco han parado. México cuenta con tasas de pobreza y empleo informal altas, lo cual vuelve la posibilidad de entrar en cuarentena (con despensa llena y ocio) un privilegio de clase.

La gran mayoría de la clase trabajadora sigue saliendo a tratar de ganarse el pan, pagando productos subidos de precio por la especulación. La mayoría no tiene seguridad social. Los hospitales no dan abasto con medicamentos y atenciones adecuadas (pues el personal de los hospitales está igual de precarizado que los demás trabajadores y trabajadoras), muchos vivimos con el miedo de perder el trabajo, pero también de ser más explotados. Se teme el día que no se consiga el pan de cada día. Se teme porque la seguridad social está muy lejos, pero el virus ya llegó.

Las crisis humanitarias hacen más visibles las desigualdades, la ambición y avaricia de la burguesía. Los estados burgueses pretenden cargar sobre los hombros del proletariado el peso de su sistema de muerte, con el fin de garantizar sus beneficios y rescatar sus bancos, su sistema financiero.

No se tientan para asestar más golpes a la clase trabajadora; incrementan las tasas de explotación, inyectan recursos millonarios para salvar a los dueños de las empresas (no a las y los trabajadores), privatizan todos los sectores.

Pero estas medidas sólo pueden salvar al capital por unos años, el aumento insostenible del déficit fiscal y la enorme deuda mundial terminará por hundir al capitalismo. Si las cosas siguen así, las constantes crisis serán pagadas por la clase trabajadora y el ecosistema (si es que soportan). Entonces solo nos quedan dos caminos: luchar o morir a causa de la avaricia del capital.

Solamente unidas, unidos y organizados; hermanando nuestras luchas, creando un programa de y para la clase trabajadora, que dispute contra su barbarie, podremos superar el sombrío panorama que ahora nos preparan.

El reto es hacer nuestra la lapidaria sentencia del comandante Che Guevara, “si el presente es de lucha, el futuro es nuestro”.

¡Ante la barbarie capitalista, el futuro socialista!

¡Venceremos!