El pasado 25 de junio nos quedamos atónitos después de ver una noticia que se hizo mundial, más allá de toda la efervescencia social que ha existido en contra del actual presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, resaltó que ese día militares hondureños entraron a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y agredieron con armas de fuego a estudiantes de esa institución mientras se manifestaban. Un análisis más profundo nos demuestra que los universitarios ya tienen una década en constante movilización, debido a ellos realizamos este texto sobre el movimiento universitario en Honduras.

Datos duros de la realidad hondureña

Según datos del Banco Mundial para 2016: “cerca del 66% de la población vive en la pobreza. En zonas rurales aproximadamente uno de cada 5 hondureños vive en pobreza extrema o con menos de US$1.90 al día”. Por otra parte, en Honduras el 68% de la población es menor de 30 años. En ese sentido, cifras coincidentes de diversos organismos internacionales y nacionales nos dicen que, la pobreza juvenil en Honduras alcanza al 62% o 63% de esta población, y son casi la mitad los jóvenes que, teniendo trabajo, están en condiciones precarias y de subempleo.

En cuanto a seguridad, Honduras tiene una de las tasas de homicidios más altas del istmo Centroamericano, la cual oscila entre setenta y noventa personas asesinadas por cada cien mil habitantes entre 2014 y 2016. En el mismo sentido, el Instituto Universitario de Democracia, Paz y Seguridad señala que desde enero de 2010 hasta marzo de 2016 se registraron 1183 homicidios de estudiantes en todo el país. Desagregando estos datos, se evidencia que 160 de los asesinados eran estudiantes de educación superior, 624 de secundaria, 124 de primaria, y 275 víctimas fueron identificadas como estudiantes sin determinar el nivel educativo al que pertenecían.

Privatización de la universidad pública

La Universidad Nacional es pública y estatal y está atravesada por las políticas privatizadoras y excluyentes de los grupos de poder que dominan en Honduras. Las lógicas de las políticas impuestas desde la llamada IV Reforma Universitaria se han centrado en la tecnocratización del conocimiento y la dominación ideológica neoconservadora sobre los sectores sindicales, estudiantiles y docentes; ello ha coaccionado las posibilidades del pensamiento crítico.

De esta manera, y en consonancia con la flexibilidad laboral y la precarización del trabajo -sobre todo juvenil- a nivel mundial, la universidad estaría creando perfiles de trabajadores con escasos derechos laborales, precarizados y acostumbrados a una alta rotación, en consonancia con las características de la mano de obra que requieren las empresas privadas hondureñas.

Asimismo, las políticas gubernamentales y universitarias entre 2009 y 2019 han conducido a la aplicación de pagos de matrícula, laboratorios y materiales cada vez más altos, y también a la expulsión de alumnos con bajo rendimiento académico y a la exclusión de estudiantes a través de la denominada “prueba de aptitud académica“. Esta prueba favorece a los grupos estudiantiles procedentes de colegios ubicados en sectores de clases medias y altas, lo que conduce a una segregación social que refuerza desigualdades generales en lugar de revertirlas o mitigarlas.

El movimiento universitario

Frente a la crisis política abierta en Honduras luego del golpe de 2009, y tras las posteriores elecciones en las que se sospechó de fraude y manipulación, se han gestado descontentos y olas de movilización juvenil. Estas insurgencias han contemplado en su repertorio de demandas temas como el cese de la violencia estatal y paraestatal, la creación de oportunidades de empleo y educación para todos los jóvenes, la destitución del presidente, la democratización de los espacios de representación política y el esclarecimiento de los actos de corrupción cometidos por el gobierno nacional.

A finales de 2013, las protestas contra el fraude electoral que llevó a Juan Orlando Hernández a la presidencia se expresaron en la UNAH, que se convirtió en el campo de acciones colectivas que tuvieron gran visibilidad y difusión en redes sociales digitales. Entre fines de 2013 e inicios de 2014 se produjeron diversas manifestaciones en el campus universitario. La convocatoria tenía como principal demanda el esclarecimiento de los procesos electorales generales y constituyó el inicio de demostraciones en contra del gobierno y, sobre todo, de cuestionamientos públicos a la figura del presidente, a quien consideraban electo de forma irregular. Este movimiento se identificó como “Movimiento de Camisetas Negras Anti-JOH”. Este grupo estuvo compuesto tanto por las juventudes universitarias que militaban en organizaciones de la UNAH, entre las que desatacaba el Movimiento Amplio Universitario (MAU), como por jóvenes universitarios no militantes.

Las contradicciones entre profesores, autoridades y estudiantes en el gobierno universitario, junto con los reclamos por mayor representación estudiantil en los procesos de toma de decisiones, fueron dos de los condicionantes de surgimiento del autodenominado Movimiento Estudiantil Universitario (MEU) en 2015. Este movimiento, que nació a partir del MAU, lo integran las facultades, organizadas en asociaciones, en todos los centros regionales universitarios del país. Surgió como una alternativa contrahegemónica, con accionares políticos de carácter multidisciplinario, e incluyó eventualmente en sus agendas de acción política a movimientos organizados de indígenas, docentes, sindicatos y otras organizaciones políticas de la ciudadanía.

Entre las demandas estudiantiles figuran la derogación de las normas académicas excluyentes, enmarcadas en la llamada “IV Reforma Universitaria”, el cese de la criminalización de la protesta estudiantil, la represión, y la anulación de los requerimientos fiscales y órdenes de captura, consideradas por las autoridades como “delitos de sedición”. Asimismo, los estudiantes agrupados en el MEU exigen mejoras en la calidad educativa y en la infraestructura del campus universitario en todos sus centros regionales, a la vez que se oponen a la mercantilización de la educación pública nacional.

 

 

Represión

En 2016 las autoridades universitarias respondieron ante las demandas planteadas por los estudiantes con autoritarismo neoconservador y fascista, propiciando la violación de la autonomía en repetidas veces, en las que se extendieron órdenes de captura para 75 estudiantes.

Estas acciones de persecución y represión dieron como resultado el hostigamiento judicial de 37 defensores de derechos humanos, veinte estudiantes expulsados de la institución por un período de cinco años y más de veinte estudiantes judicializados. También se señala que de 2014 a junio de 2017 hubo un total de 234 procesos de criminalización de la protesta y discurso estatal violento, cifra que va en aumento en la actualidad.

Creatividad del movimiento estudiantil

Entre las medidas innovadoras de este movimiento universitario se encuentra su interacción con el Congreso de la República para que resuelva conflictos en la UNAH y también se han propuesto anteproyectos de ley que buscan mejorar la educación en general y en el nivel superior en particular.

Aun así, con la apertura al diálogo bien definida, se han tenido que radicalizar en algunos momentos sus métodos de luchas debido a la violencia y a la cerrazón de las autoridades, llevando consigo experiencias como “la madre de todas las movilizaciones” y la huelga de hambre de más de cincuenta días en el 2017.

Actualmente las movilizaciones del MEU siguen en pie, así como las dinámicas de conflictividad y el antagonismo, que expresan una crisis hegemónica y de legitimación del gobierno universitario y del país. Desde las carreras, facultades, centros regionales y organizaciones de base, el movimiento ha realizado acciones con pretensiones holísticas y multidisciplinarias a través de estrategias artísticas creativas que buscan democratizar los conocimientos y visibilizar las protestas desde otros formatos. Esta persistencia de las acciones públicas por parte de los estudiantes universitarios no tiene precedentes en la historia reciente del movimiento estudiantil hondureño.

Aprendamos de las y los universitarios hondureños, su persistencia en la defensa de la universidad pública y la educación en general es algo que en México nos ha faltado por momentos. Conocer su ejemplo nos servirá para organizarnos mejor y continuar en la lucha contra la privatización de la educación.