Sin duda, un concepto que se ha utilizado hasta el cansancio en medios de comunicación ha sido el de “calidad educativa”. Sin saber con precisión a qué se refieren, somos bombardeados todos los días sobre que la educación en nuestro país debe de ser de “buena calidad”, porque la que tenemos hoy en día es de muy “mala calidad”. 

En ese sentido, decidimos adentrarnos en ese tema, para lo cual elaboramos las siguientes preguntas rectoras: ¿qué es la calidad educativa? ¿por qué insisten tanto en hablarnos de ello? ¿qué utilidad y para quiénes sirve el uso de ese disperso concepto? ¿podemos medir la calidad educativa de manera heterogénea? Etc.

Calidad, en primer lugar, procede del latín, exactamente de “qualitas”. Este vocablo es fruto de la suma de tres componentes: el interrogativo “quae” (qué); el sufijo “-alis”, que indica “relativo a”; y el sufijo “-tat”, que viene a indicar cualidad. Podemos argumentar que esto es lo que ocurre con la definición de calidad que nos presenta la versión electrónica vigente del Diccionario de la Lengua Española al definir la calidad como la propiedad o el conjunto de propiedades inherentes a algo, de tal modo que permite juzgar su valor, al tiempo que la identifica con superioridad y excelencia.

Así, se ha hecho común hablar sobre la “calidad” de diversos productos o servicios, la alta competitividad empresarial de una economía donde el capitalismo ha logrado mundializarse ha insertado en la sociedad una serie de estándares sobre lo que se considera mejor o de mayor “calidad”.

Partiendo de que esta acepción de “calidad” nace de la economía capitalista, veremos cómo es forzada a entrar en la educación de México y del mundo. Para ello, a continuación mostramos lo que organismos empresariales e instituciones del Estado entienden por “calidad educativa”:

Según el organismo empresarial COPARMEX, la calidad de la educación se funda en la calidad de profesores y alumnos. México necesita definir un modelo educativo capaz de promover el cambio estructural del sistema económico, para hacerlo más competitivo: ciencia y tecnología, capacidades, habilidades y actitudes de su gente y, desarrollo de la capacidad empresarial y directiva. México forma parte de una comunidad abierta y competitiva, y se encuentra con serias deficiencias en su sistema de educación.

En tanto las “deficiencias en la calidad” que se buscan revertir son, por lo general, presentadas a partir de una inadecuación entre el sistema de formación de recursos humanos y las necesidades del desarrollo, se plantea la inversión en capital humano como prioridad para una mayor productividad y competitividad. De este modo, “se requiere en el próximo decenio, un cambio hacia un sistema que privilegie la calidad de la enseñanza, la difusión del conocimiento y la relación fluida de la producción del conocimiento con la economía” (Unesco/Cepal, 1996, p. 36) para “contar con recursos humanos en buenas condiciones y con capacidad de agregar progresivamente valor intelectual y progreso técnico a su base de recursos naturales” (p. 18).

Por otra parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en su tesauro, define la calidad de la educación como: “Nivel alcanzado en la realización de los objetivos educativos”. Esto supone la existencia de niveles en el logro de la calidad educativa, lo que nos remite a la medición o valoración de la calidad para determinar dichos niveles. 

En otro sentido, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, 2001) define la educación de calidad como aquella que: “Asegura a todos los jóvenes la adquisición de los conocimientos, capacidades destrezas y actitudes necesarias para equiparles para la vida adulta” (p. 59)

Podemos notar que no existe un consenso claro de qué es la calidad educativa, prueba de ello fueron las declaraciones en 2015 de la entonces presidenta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), Sylvia Schmelkes, donde señaló  que es sumamente difícil definirla, es un concepto que no se deja definir, porque es un concepto relativo. Siempre se habla de calidad en comparación con alguien más o en comparación con uno mismo en su pasado; y también porque el concepto de calidad es un concepto dinámico en el momento en el que se obtiene un nivel de calidad, en ese momento se puede uno proponer metas superiores de calidad, por eso es muy difícil definirla.”

Después de este dilema epistémico, debemos mencionar que en la práctica, la “calidad educativa” tiene características como un marcado individualismo, y una obsesión por la eficiencia, la productividad, la competitividad, elpragmatismo y el eclecticismo.

Estos conceptos provenientes de los campos de la economía y la administración de empresas se desplazan y penetran con fuerza los discursos educativos, transportando consigo una particular carga semántica. Privatización, rendimiento de cuentas, énfasis en resultados, mejora de la competitividad, medidas estandarizadas, procesos de acreditación internacional para asegurar la calidad y calidad total son sólo algunos de los conceptos que han migrado de la administración de empresas a la administración escolar.

Se buscan medir condiciones como las buenas instalaciones, la baja relación alumnos-docente, los abundantes materiales y los medios didácticos, incluidas las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Los últimos mencionados son buenas herramientas, sin embargo, no suelen ser utilizados cómo se deben.

Además, es necesario señalar que un alumno o un profesor “de excelencia” –para los impulsores de este modelo- es aquel que mediante el “mérito individual” cumple con los “estándares de calidad” o los “parámetros e indicadores” impuestos desde la institución, reduciendo cualquier iniciativa e interés auténtico por enseñar o aprender a sólo “cumplir”; entregar trabajos, proyectos, cursos, talleres etc. Es decir, hacer mucho y pensar poco. Esta tendencia que basa la calidad de la educación en la evaluación busca conocer la rentabilidad de los procesos educativos, una preocupación por saber si los costos de la educación justifican los productos que ofrece.

La aplicación irreflexiva de modelos de calidad educativa tiene consecuencias. Asumir que sólo hay un modo de entender la calidad, y que ese modo es el del balance costo-efectividad (entendida en términos estrictamente económicos) para satisfacer los deseos y las necesidades de un estudiantado convertido en clientela, puede llevar a consecuencias deplorables. La demanda de esa clientela y del mercado por una preparación académica de corta duración, con énfasis técnico, implica recortes en contenidos y énfasis que, a fin de cuentas, producen determinados tipos de mentalidades.

Todo ese lenguaje mercantil trasladado a la educación parte de una visión de clase, los empresarios quieren que laspolíticas educativas sean beneficiosas para ellos. Por lo tanto, calidad puede significar que se diluyan de la educación pública los contenidos que resulten inapropiados al nuevo ambiente empresarial.

Como proyecto político de la clase burguesa, la idea de la calidad en la educación no sólo es una transmutación de terminología empresarial-neoliberal al campo educativo, es su transformación instrumental al servicio de la mundialización de un modo de producción, de un modo de organización del trabajo y la sociedad.

Finalmente, debemos añadir que nosotros buscamos mejorar la educación para el beneficio de la gran mayoría de la sociedad, para que hijos e hijas del pueblo trabajador tengan una educación digna. Por lo cual seguiremos luchando para que ésta sea construida democráticamente y sin participación de nuestros enemigos de clase, esa minoría que nos gobierna y nos mantiene en una condición socioeconómica de extrema pobreza.