Las propuestas de reformas legislativas impulsadas por el gobierno de Morena han definido tempranamente el verdadero carácter político de la supuesta Cuarta Transformación (4T).

La reforma laboral sólo atendió a las exigencias y condicionantes que el gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, le impuso al gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) para dar continuidad a la firma del nuevo tratado de libre comercio entre México, Canadá y Estados Unidos (T-MEC).

La propuesta de reforma educativa mantiene el espíritu privatizador y empresarial de la aprobada por las fuerzas del Pacto Por México en el 2013. No existe una verdadera reforma pedagógica, sino solo la adecuación a los nuevos tiempos de las viejas propuestas de la modernización educativa impulsada por los gobiernos neoliberales.

La Guardia Nacional representa una clara continuidad de la política de seguridad militarista que en los hechos, no sólo ha sido un rotundo fracaso para combatir a la delincuencia, sino que ha desatado una guerra donde las principales víctimas son del pueblo trabajador. La aprobación de una reforma constitucional por la que se permite que un cuerpo castrense realice labores de seguridad pública, representa un gran paso en la formalización tanto del empoderamiento de los militares, como de las políticas de contrainsurgencia dictadas por Washington, cuyos escalones intermedios fueron la Ley Nacional de Seguridad, su respectiva Agenda Nacional de Riesgo, promulgadas por el foxismo en 2005; la salida de las fuerzas armadas a las calles para realizar tareas de seguridad nacional en 2006; y la aprobación de la Ley de Seguridad Interior por el gobierno de Peña Nieto.

Sumado a lo anterior, las propuestas de la Ley de Desarrollo Agrario, las Leyes Secundarias de la Guardia Nacional, y la segura aprobación del T-MEC sólo demuestran que más allá de la retórica, más allá de la pretensión de crear un nuevo pacto nacional basado en la conciliación de clase, los filos y las políticas neoliberales seguirán lacerando al pueblo de México. Sin embargo, la conciliación de clases que propone el gobierno federal tiene márgenes muy estrechos, ya se escuchan a los segmentos de la oligarquía desplazados en el 2018 exigiendo las posiciones perdidas, intentando capitalizar los fracasos de la 4T.

Pese a lo delicado de este escenario, el ruido mediático se impone, el nuevo gobierno y las fuerzas de derecha han logrado marcar la agenda política, haciendo que los temas más relevantes para la clase trabajadora pierdan su importancia y no estén en el debate público. El problema es que la discusión de la mayoría de fuerzas proletarias se encuentra subordinada a la agenda oficial, constreñida a la “pequeña política”, sin posibilidad de modificar la agenda, por medio de enarbolar un programa a la izquierda de la 4T que defienda genuinamente los intereses históricos de la clase trabajadora y del pueblo de México.

Es momento de que las fuerzas comunistas hagamos lo que nos corresponde, que desenmascaremos al imperialismo revestido con ropajes nacionalistas, que combatamos el programa de los capitalistas con nuestro programa proletario, que expongamos al pueblo de México nuestras ideas, tendencias y aspiraciones.

¡Por la unidad de la clase trabajadora, venceremos!

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