Michel Quesada

Hasta el momento el país sigue estando en ruinas causa de la brutalidad del último modelo de administración de capital y de las leyes del imperialismo, dónde la explotación de las y los trabajadores no encuentra tregua. El panorama carente de legitimidad fue llenado por el pragmático proyecto de MORENA y su ataque a la corrupción. Bastaron 12 años de “amarres en las alturas” para que este 1º. Diciembre Andrés Manuel López Obrador llegara a la presidencia con un total de 32 millones de votos aportando legitimidad a su proyecto, pero sobre todo a las instituciones del Estado burgués.

Es claro que a partir de esta fórmula las acciones del partido vencedor no necesitan de legitimidad, necesitan de instrumentos capaces de institucionalizar el descontento de las masas populares y de la pequeña burguesía, necesitan condensar y contener políticamente el auge de la conciencia del pueblo de México. Se puede aceptar que el proyecto de MORENA comenzó a cambiar la forma de ver el mundo, en los sectores más empobrecidos, donde la violencia, la muerte y el hambre se sufren todos los días por las carencias de fuerza lo suficientemente organizada para contener dichos males. Las nuevas ilusiones que se formaron en dicho cambio de visión apuestan a lograr la cooperación con el régimen. Este es un factor determinante para el dominio del Estado como instrumento de la burguesía y lograr la instrumentalización de la clase trabajadora.

El capitalismo en el cual sobrevivimos hoy en día sigue obedeciendo las leyes materiales que lo determinan, el imperialismo como fase final de este, necesita de la violencia y el terrorismo como mecanismo de contención del descontento y de la organización de las masas populares. El miedo se ha colado dentro de los hogares, de los centros de trabajo, en las calles y entre las personas, hace que la confianza y la solidaridad parecen pérdidas.

En este escenario aparece MORENA como único proyecto capaz de cambiar la situación; sin embargo, el combate a la corrupción no va dirigido al punto fundamental del problema: la superexplotación y la desigualdad, el saqueo de la riqueza y la concentración de la misma en unas cuantas manos ¿Cuánto puede durar un pueblo en estas condiciones si no tiene “esperanza”?

El gobierno de MORENA sabe muy bien de que estamos hablando, no es su intención eliminar las condiciones de explotación del proletariado, su intención es hacerlas factibles incluso para lograr una mayor productividad, intenta cambiar el rostro de los y las obreras cansadas sin poder hacer que el cuerpo descanse. Esto es decir que “algo ha cambiado sin que nada cambie”. Para lograrlo es necesario insertar la fuerza de las masas inconformes en la institucionalidad y la legalidad.

Con institucionalizar el descontento nos referimos a que toda la ira, todo el hartazgo de la gente sea conducido a nutrir la maquinaria del Estado capitalista, el cual ha demostrado su incapacidad para lograr igualdad, fraternidad y libertad, ha demostrado desde que comenzó a existir en México, hace más de un siglo, que sus mecanismos no son suficientes para lograr que las y los trabajadores tengamos una vida digna. Es por eso que para aceitar la maquinaria el Estado y la burguesía requieren dominar no sólo con violencia y terror, sino con consenso y acuerdo de los sectores empobrecidos. Un convenio que se necesita para continuar el régimen y el dominio del capitalismo, para reproducir la fuerza de trabajo y acelerar la producción sin intentar revertir la explotación.

En este sentido se desarrollan las “consultas populares” cuya función institucional es sistematizar una serie de aprobaciones sobre los proyectos “polémicos”, donde se busca que el o la votante participe para “fortalecer” decisiones gubernamentales. La transferencia del nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México de Texcoco a Santa Lucía fue el primer peldaño. En este sentido, la supuesta participación en la decisión de esa acción por la gente ayudó a lograrlo. El NAICM no fue cancelado. La realidad nos dice que fue como decir “¿quieres atole con el dedo? o ¿dedo con atole. Usted elija la mejor opción.

Este plan no significa tampoco educar a los y las votantes en una “democracia participativa”, mucho menos significa fomentar nuevos mecanismos para trascender democráticamente hacia otro régimen o forma de gobierno en la cual seamos los pobres quienes manden. Significa entonces llevar la legitimidad hacia el Estado que dista mucho de comprender nuestra verdadera problemática. El Estado es después de todo “un organismo propio de un grupo, destinado a crear condiciones favorables a la máxima expansión de ese grupo; pero ese desarrollo y esa expansión se conciben y se presentan como la fuerza motora de una expansión universal […] y la vida estatal se concibe como un continuo formarse y superarse de equilibrios inestables (dentro del ámbito de la ley) […] equilibrios donde los intereses de los grupos dominantes prevalecen” (A.Gramsci)

Con lo anterior queremos decir que si se quiere educar a un pueblo en otro tipo de democracia se deben de formar órganos autónomos e independientes del Estado y el gobierno, que comiencen a pensar y a practicar otro tipo de sociedad, órganos insertos en los centros de trabajo, en las colonias, en las comunidades, en cada colectividad social. No se tiene que reforzar instituciones caducas que han demostrado sus limitaciones. Tampoco pensamos que es posible un régimen donde los pobres manden, si queremos cambiar un sistema debemos de acabar con la pobreza y para eso cada quién debe tener lo que genera con su trabajo; es decir, queremos un gobierno y un sistema, una sociedad que sea de las y los trabajadores.

Para lograr que la legitimidad sea instrumentalizada por el Estado, que sea usada para gobernar es necesario llevarla al plano de la legalidad, el terreno ideológico más fértil de la burguesía, el jurídico. Se deben ofertar mecanismos que parecen nuevos para que la ilusión de cambio sea eficaz. Por ejemplo, recordamos a los compañeros desaparecidos de Ayotzinapa y exigimos su aparición con vida. Este suceso marcó una ruptura con el régimen y con la legitimidad del Estado burgués. Para retomar esa legitimidad y zurcir la grieta se propone la Creación de una “Comisión de la Verdad”, se propone llevar al movimiento popular al plano de la legalidad y de la confianza de Estado asesino para que resuelva el caso y al mismo tiempo se aprueba la Guardia Nacional. Aquí parece evidente la contradicción absurda. Durante 4 años hemos dicho consecutivamente ¡FUE EL ESTADO! El mismo que intenta recomponerse con la ilusión y la farsa.

La creación de la legalidad y la institucionalidad está ocasionando una desmovilización de los sectores antagónicos, de los grupos que estamos exigiendo justicia y no perdón ni impunidad. La conciencia puede caer en las garras de ese nacionalismo y chovinismo que fragmenta a las y los trabajadores de México. Las “consultas populares” deben verse superadas con los órganos obreros y campesinos, de pequeños comerciantes y estudiantes, donde se decida y se manifieste lo que queremos en nuestra vida y nuestra sociedad, ahí tienen que darse y llevarse a cabo nuestros principios y virtudes, nuestras decisiones y valores.

Para lograr que la conciencia crezca debemos llevar nuestra ira, nuestro hartazgo, nuestra esperanza a la creación de organización, de núcleos donde comencemos a quitar el miedo, el terror y la violencia, necesitamos de espacios donde predomine la solidaridad y el apoyo entre trabajadores, donde la libertad y la democracia crezcan con nuestra participación. Tenemos una posibilidad hoy en día, no la logró MORENA, la hemos logrado todos y todas las trabajadoras con la movilización y la organización, si no aprovechamos esta oportunidad para que nuestra semilla germine, jamás veremos los frutos de la verdad, de la igualdad y de la libertad.