Una de las características que emerge del proceso electoral del pasado 1 de julio, es la confluencia de sectores del sindicalismo o del movimiento campesino en el gobierno de MORENA, que en otros tiempos aparecían como fuerzas antagónicas.

En un primer grupo aparecen los representantes o dirigentes sindicales que mantuvieron una postura crítica a las reformas estructurales impulsadas con el neoliberalismo. Lo nuevo, no es que estas fuerzas ocupen puestos de representación popular o que hayan apoyado la candidatura de AMLO, lo han hecho en los últimos 30 años. Lo inédito es que ahora participan defendiendo acríticamente el nuevo gobierno, y no como oposición a las políticas impulsadas por los gobiernos priistas y panistas.

Aquí podemos encontrar a figuras como: José Narro Céspedes, dirigente de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala Siglo XXI (CNPA-XXI) y ahora senador de la república por MORENA; a Víctor Suarez, dirigente de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC) incorporada a la Campaña Sin Maíz No Hay País y virtual subsecretario de suficiencia alimentaria en la SAGARPA; al líder vitalicio del sindicato minero, Napoleón Gómez Urrutia, también senador por MORENA.  De la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) aparecen como diputados federales los exlíderes de la Sección 22 de Oaxaca, Irán Santiago Manuel y Azael Santiago Chepi.

El segundo grupo de fuerzas que también confluyen en el apoyo a MORENA, son las que mantuvieron una posición entreguista a los gobiernos en turno. Por ejemplo, la fracción gordillista del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Aunque no existe claramente una posición de peso en el nuevo gobierno han aparecido algunos indicios que vaticinan que el apoyo a la campaña de AMLO de parte de Rafael Ochoa Guzmán y Moisés Jiménez, coordinadores nacionales de Redes Sociales Progresistas, así como de René Fujiwara, nieto de gordillo, será retribuido con el posible regreso del gordillismo a la presidencia del SNTE. Los indicios son la liberación de Elba Esther y la fuerte presencia de los dirigentes del SNTE en los foros de consulta educativa.

Aún no se sabe cuál será la relación de MORENA con los dirigentes de sindicatos charros que no apoyaron la campaña del presidente electo, como Carlos Romero Deschamps, del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), o Víctor Fuentes del Villar, dirigente nacional del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM); las declaraciones de la futura secretaria del Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde, de que se respetará la “autonomía sindical”, aparecen como guiño de tolerancia del nuevo gobierno a las mafias del sindicalismo corrupto. No es casual que Carlos Aceves del Olmo, dirigente de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), expresara una completa disposición para colaborar en el gobierno de AMLO.

La subordinación de las fuerzas sindicales al gobierno de MORENA, marca la posibilidad de la creación de un nuevo pacto corporativo y por tanto, la posibilidad de la creación de nuevos mecanismos de control político contra la clase trabajadora.

De consolidarse el neocorporativismo morenista, será muy útil para contener el descontento de la clase trabajadora, surgido de la aparente continuidad que el gobierno de AMLO dará a la política laboral neoliberal, caracterizada por la subcontratación, bajos salarios, subempleo, desempleo y precarización.