Editorial:

50 años después del octubre de 1968, el pueblo de México sigue exigiendo justicia y al igual que en ese icónico año, hoy el mundo se convulsiona.

En México, la izquierda esta desdibujada debido a el abandono de un programa abiertamente proletario. El contraste de proyectos -capitalismo vs socialismo o democracia vs autoritarismo, se difumina con el triunfo de MORENA el pasado 1 de julio. Bajo una  especie de neoliberalismo de “izquierda”, el presidente elector, Andrés Manuel López Obrador, logró captar el apoyo de sectores populares, sindicales y campesinos. Más aun, ha logrado que adopten como propia la táctica de la conciliación de clase y se subordinen a su gobierno bajo una nueva forma corporativismo.

Sin embargo, pese a la cara de “izquierda” de MORENA, los sectores que han dominado en últimos los treinta años, tienen claro que aún conservan el poder económico y político, y no dudarán en chantajear al nuevo gobierno para imponer a toda costa sus intereses. Un ejemplo es la disputa por el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). Con más del 50 por ciento de los contratos e inversiones, la oligarquía criolla, entre ellos Carlos Slim y Carlos Hank, presiona para que se construya una obra que no beneficia al pueblo, con la amenaza de que la cancelación de la obra produciría inestabilidad económica y devaluación del peso frente al dólar. ¡La misma táctica que usaron para imponer el gasolinazo en 2017!

Por su parte, en América Latina, el triunfo en las elecciones primarias de Jair Bolsonaro, ratifica el ascenso de una estirpe de gobierno ultraconservadores cobijados por el imperialismo norteamericano y su nuevo jefe, Donald Trump. De concretarse el triunfo de Bolsonaro, el gobierno de Brasil se sumará a la descarada embestida que impulsa Estados Unidos contra los gobiernos progresistas del Cono Sur. Bolsonaro hara suya la cruzada antibolivariana, cruzada que ya encabeza Iván Duque en Colombia, Mauricio Macri en Argentina y Sebastian Piñera en Chile.

El ascenso en Argentina, Chile y posiblemente Brasil, de gobiernos de corte fascista, demuestra que cuando los gobiernos de centro no cumplen las expectativas del pueblo, la derecha ultraconservadores aprovecha la frustración social y se presenta como única opción, pero a diferencia de la izquierda, las fuerzas ultraconservadoras no dan tregua, ni una sola.

El mundo no pinta mucho mejor. La posible salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear de 1977, para presionar a sus adversarios geopolíticos, Rusia y China, pone de nuevo, al igual que en la década de los 1960, a la humanidad al borde una aniquilación termonuclear. Por eso hoy, luchar por la paz, es una tarea de los revolucionarios.

La lucha de clases y las pugnas interimperialistas se agudizan, es necesario que las fuerzas comunistas hagamos un esfuerzo por entender el significado de la nueva coyuntura por la que atraviesa América Latina y el mundo, para trazar las tareas necesarias.

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