En este noviembre festejamos 103 años del estallido de la Revolución Mexicana, y como es costumbre,  la corrupta burocracia política que administra el gobierno reclamara el derecho de ser la “heredera” de las gestas libertarias de 1910. El gobierno intentará “recordarnos” que su régimen, es el régimen derivado de la constitución de 1917 y que, por tanto, tiene el legítimo derecho de estar en el poder.

Muchos hombres justos se opondrán a esta interpretación de la Revolución Mexicana; pero quizás los nuevos despostas tengan algo de razón. Pues en cierta medida, los tiranos que gobiernan hoy son los herederos de las fracciones triunfadoras de la Revolución: carrancistas y obregonistas. Fracciones que combatieron a los ejércitos campesinos, que asesinaron a traición a Emiliano Zapata y Francisco Villa, y fueron estas fuerzas las mismas que condenaron a Ricardo Flores Magón a la muerte en el extranjero.

Y es que la revolución Mexicana no fue un proceso homogéneo, ya que en su interior existieron grandes contradicciones y disputas entre los distintos proyectos de nación enarbolados por las distintas fracciones revolucionarias. 

Por ejemplo, al estallar la revolución de 1910, los primeros meses de combate se caracterizaron por la presencia de dos fuerzas políticas: el maderismo, con su consigna anti-reeleccionista; y el magonismo, con su programa  liberal formulado en 1906 y cuyo contenido era muchos más avanzado y radical que el de Francisco I. Madero.

Las contradicciones no acabaron nunca, sino que se desarrollaron conforme avanzó el proceso revolucionario: surgieron los carrancistas y obregonistas, cuyo programa representaba los intereses de la burguesía terrateniente; y por otro lado, surgió el villismo y zapatismo, con un programa agrarista y popular; pero también se mantuvo vivo el fuego radical del magonismo, que nunca dejó de expandirse y madurar, pues como lo comenta Armando Bartra en su estudio sobre el pensamiento de Ricardo Flores Magón, “el magonismo se extendió a otras fracciones y corrientes del movimiento revolucionario, transformándose en patrimonio común de todos los revolucionarios, sin embargo, cuando un planteamiento del Partido Liberal era hecho por la mayoría de las fuerzas, el magonismo había pasado a una posición más avanzada y radical… Fue el magonismo quien lanzo por primera vez en 1903, la consigna anti-reeleccionista que sería la bandera de la revolución maderista 7 años después, también fue el magonismo quien a través de la junta Organizadora del Partido Liberal organizó los levantamientos armados de 1906 y 1908 y dirigió las luchas obreras de Cananea, Rio Blanco, y Puebla, y fue también el magonismo la fuerza que desde 1917 se concentraría en promover la revolución proletaria mundial.”

Es así como la Revolución Mexicana fue un proceso complejo de claros y oscuros, de contradicciones permanentes y confrontaciones entre las fuerzas revolucionarias, por ello, pese al intento del gobierno de apropiación del símbolo y significado de la Revolución Mexicana, es imposible que los consiga, puesto que la revolución representa mucho más que el gobierno derivado de ella, la revolución evoca un símbolo de justicia histórica reclamada por un pueblo lastimado; simboliza una revolución traicionada por los gobiernos surgidos de la constitución del 1917; y sobre todo, representa una revolución trunca, cuyas aspiraciones mas nobles no pudieron florecer.

Reclamos de Justicia

Reclamo de justicia histórica porque el levantamiento armado del pueblo de México fue la consecuencia de décadas de derechos pisoteados, de despojo de las comunidades campesinas e indígenas, y de explotación y esclavitud de los trabajadores.  John Kenneth Turner  escribió en su libro México Bárbaro…. Descubrí que el verdadero México es un país con una constitución y leyes escritas tan justas en general y democráticas… pero donde ni la constitución ni las leyes se cumplen. México es un país sin libertad democrática, sin libertad de palabra, sin elecciones libres, sin sistema judicial… sin libertad para conseguir la felicidad.

Estimaba Kenneth Turner que para los años de 1908-1909 menos del 1% de las familias en México poseían cerca del 85% de las tierras cultivables, que el 80 por ciento de los trabajadores de las haciendas y plantaciones eran esclavos o están sujetos a las tierras por deudas con los hacendados, a ellos se les sumaba el 20 por ciento restante, que vivían en “libertad”, pero en miserables condiciones sociales. 

La esclavitud y el peonaje, la pobreza y la ignorancia del pueblo de México era producto, si bien del régimen de Porfirio Díaz, de las condiciones que imponían las corporaciones norteamericana e inglesas a los trabajadores para garantizar sus enormes ganancias. Empresas como Morgan Guggenheim, que tenía el dominio completo de la industria del metal, tanto de las minas como de su fundición; Standard Oil,que controlaba el 90 por ciento la producción y comercio de petróleo crudo; American Sugar Trust, que tenía el monopolio de la producción de azúcar; Souther Pacific Railroad Co., cuya propiedad ascendía al 75 por ciento de las líneas férreas de México; y American Cordage Trust, una rama de Standard Oil, que controlaba el 50 por ciento de las exportaciones del henequén. Estas eran, según el autor de México Bárbaro, los grandes monopolios beneficiados con la tiranía de Porfirio Díaz.

Una revolución traicionada 

Además, la Revolución Mexicana fue una revolución traicionada, porque si bien la constitución de 1917 representaba una constitución burguesa, también fue testimonio de las conquistas arrancadas por las masas campesinas y populares en la lucha. El derecho a la educación pública y gratuita fue plasmada en el artículo 3ro constitucional; el derecho a la tierra para los campesinos fue incorporado en el articulo 27; y el derecho a buenas condiciones laborales  y salario digno se incorporo en el articulo 123; estas fueron las grandes conquistas históricas del pueblo de México. Estas conquistas democráticas no fueron una concesión de la burguesía, pues eran los reclamos mas sentidos de los trabajadores, ya  habían sido pronunciados claramente desde en elprograma del Partido Liberal Mexicano en 1906, por lo que no fue casual que inspiraran los principios fundamentales de la constitución de 1917. 

Sin embargo, el carácter social y popular de la constitución fue violentado y mutilado sistemáticamente por los gobiernos pos-revolucionarios. Con el asenso de la burguesía y la consolidación de las instituciones burguesas, fundamentalmente el de las fuerzas armadas, el pueblo poco a poco fue relegado de su papel  protagónico (salvo el periodo del cardenismo caracterizado por un nuevo asenso del movimiento de masas) la capacidad de injerencia del pueblo en la vida política y social del país fue condenada y castigada, pues no solo no se cumplirían los derechos y reclamos de los trabajadores, sino que cada nuevo movimiento popular fue apagado a sangre y fuego por el estado post-revolucionario. Así ocurrió con la rebelión campesina de Rubén Jaramillo y con los anhelos democráticos de la juventud del 68. 

La revolución trunca

Además nuestra revolución fue una revolución trunca,  pues si bien se conquistaron algunos derechos sociales, la aspiración histórica de una verdadera emancipación popular fue soterrada. Este juicio lo pronunció nada más y nada menos que Ricardo Flores Magón, ya que pese al haber sido forjador del estallido revolucionario de 1910, se encargó de criticar la constitución de 1917, de hacer un balance de la Revolución y reconocer que esta se había quedado a medio camino y que era necesario un nuevo proceso revolucionario. 

La Revolución se truncó porque las aspiraciones de las fuerzas más profundas de justicia no se cumplieron, pues pese a que las primeras banderas de la Revolución Mexicana se gestaron de 1900 a 1910 bajo la forma de una conciencia colectiva anti-porfirista. Esta conciencia fue madurando y definiéndose en torno a posiciones cada vez más clasistas y libertarias. 

No es casual que en una carta escrita  el 14 de febrero de 1918 el Gral. Emiliano Zapata hiciera referencia a la Revolución Rusa de 1917, enarbolando un humanismo internacionalista y una clara posición anti-burguesa. Las bellas palabras del Gral. Zapata dicen:

Mucho ganaríamos, mucho ganaría la humanidad y la justicia si todos los pueblos de América y todas las naciones de la vieja Europa comprendiesen que la causa del México Revolucionario y la causa de Rusia son y representan la causa de la humanidad, el interés supremo de todos los pueblos oprimidos. Aquí como allá, hay grandes señores, inhumanos, codiciosos y crueles que de padres a hijos han venido explotando hasta la tortura a grandes masas de campesinos. Y aquí como allá los hombres esclavizados, los hombres de conciencia dormida, empiezan a despertar, a sacudirse, a agitarse, a castigar… Es preciso no olvidar que en virtud y por efecto de la solidaridad del proletariado, la emancipación del obrero no puede realizarse si no se realiza a la vez la libertad del campesino. De no ser así, la burguesía podría poner estas dos fuerzas la una contra la otra, y aprovecharse… de la ignorancia de los campesinos para combatir y refrenar los justos impulsos de los trabajadores del mismo modo que si el caso se ofrece, podrá utilizar a los obreros poco conscientes y lanzarlos contra sus hermanos del campo.”

Tampoco es casual que Ricardo Floreas Magón, representante de la posición más radical y avanzada, denunciará la traición del maderismo y carrancismo, y defendiera un punto de vista clasista e internacionalista. Escribe Ricardo Flores Magón el 25 de febrero del 1911 en Regeneración:

El lobo se ha despojado de la piel de oveja y ha mostrado los colmillos y las garras. El histrión de la democracia no pudo representar por más tiempo su papel. Francisco I. Madero, el menguado politicastro, el vulgar ambicioso que quiere encaramarse sobre los hombros del pobre pueblo para cobrar los supuestos servicios que le ha prestado, acaba de echarse en un charco: el de la traición….¿Qué quiere madero? Quiere lo ha querido siempre: ser presidente de la republica, esto es, estar en condiciones de poder aumentar mas toda vía su enorme capital pues ese individuo es millonario. Para conseguir su propósito, Madero ha recurrido  toda clase de malas artes… Madero es un miserable delator de los revolucionarios que lucha por los principios:

A partir de 1910, el magonismo mostró claramente una estrategia proletaria, donde se reivindicaba a los trabajadores del campo y la ciudad como los únicos productores de la riqueza, como el “nervio de la revolución”y reconocía la necesidad no solo de la libertad política sino también la necesidad de la libertad económica. En términos generales, para 1910-1911 el magonismo ya identifica la revolución Mexicana como un conflicto entre capital y trabajo, y por tanto, reconocía la necesidad de la expropiación de la propiedad burguesa como fundamento del nuevo programa del Partido Liberar y de la emancipación total de los trabajadores.  Escribe Flores Magón el 3 de septiembre de 1910: 

“Y vais a ser vosotros, obreros, la fuerza de esa revolución. Van hacer vuestros brazos los que empuñen el fusil reivindicador… si a la lucha que se aproxima no lleváis la convicción de que sois los productores de la riqueza social, y de que por ese solo hecho tenéis el derecho no solo de vivir, sino de gozar de todas las comodidades materiales y de todos los beneficios morales e intelectuales de que ahora se aprovechan exclusivamente vuestros amos, no haréis obra revolucionaria”.  

Para 1917 el magonismo, alentado por la revolución Rusa de ese año, promovía la revolución mundial. Escribía Flores Magón el 23 de junio:

“El mundo es un volcán próximo a hacer erupción: México y Rusia son los primeros cráteres anunciadores del despertar de las fuerzas de la miseria y del hambre. A México y Rusia les seguirán bien pronto todos los pueblos de la tierra, hartos ya de su tiranía, cansados ya de injusticias, convencidos al fin de que su salvación no ha de ser decretada por un ser imaginario… sino que su libertad y su bienestar tiene que ser consumada por el hierro, por el fuego, por el motín y por las barricadas.”  

Mas tarde escribiría:“la burguesía tiembla bajo el cielo en que se van apagando todos los soles que le brindaban calor y le daban vida… el terreno está abonado para la nueva cosecha: la emancipación proletaria…  el reinado de la burguesía está por terminar”

Es la frustración de estas aspiraciones proletarias, profundamente libertarias e internacionalistas, quizás de donde se sostiene la tesis de Adolfo Gilly sobre la Revolución Mexicana como una Revolución Interrumpida; de una revolución que no cumplió con sus aspiraciones emancipadoras, y que enterró  tanto a los heroicos hombres como los sueños más nobles que la forjaron bajo la tierra de los interese burgueses.

*** 

Entonces nosotros nos preguntamos ¿Qué significa en el México del siglo XXI la Revolución de 1910? ¿Qué significa, cuando al igual que hace 100 años los trabajadores son objeto de las más perversas injusticias? ¿Qué significa la Revolución Mexicana para un pueblo que padece la dictadura del capital por medio del poder  despótico de los grandes monopolios nacionales y transnacionales? Creemos que significa mucho.

Lo primero es que nosotros reclamamos como nuestras las aspiraciones justicieras del zapatismo y villismo, y fundamentalmente del pensamiento indomable, rebelde, clasista e internacionalista del magonismo, cuyo fuego y vida es más que vigente. 

Segundo, reconocemos en los tiranos que hoy gobiernan el país, éstos que entregan nuestra patria a las orgias del mezquino interés del capital extranjero, los traidores de la Revolución de 1910, cuya juicio y castigo a de ser impuestos por la historia y por la voluntad de un pueblo justiciero.  

Y tercero, reconocemos en la Revolución de 1910 parte de nuestra memoria histórica de búsqueda de justicia verdadera  y plena libertad. De no ser así, nos hundiríamos en la condena histórica señalada por Rodolfo Walsh, que dicta:  “Nuestras clases dominantes han procurado siempre  que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan…  La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”

Reconocer a la Revolución Mexicana como parte nuestra memoria de colectiva, de nuestra lucha y búsqueda permanente de libertad, permitirá demoler la petrificación de la revolución construida, convenientemente, por los nuevos tiranos.  Reconocernos hijos de las gestas de 1910 implica hacer nuestras las palabras de Ricardo Flores Magón, que dicen: 

Somos la plebe: pero no la plebe de los faraones, mustia y doliente; ni la plebe de los cesares, abyecta y servil; ni la plebe que bate palmas al paso de Porfirio Díaz. Somos la plebe rebelde al yugo; somos la plebe de Espartaco, la plebe que con Munzer proclama la igualdad, la plebe que con Hidalgo incendia Granaditas, somos la plebe que con Juárez sostiene la Reforma. Somos la plebe que despierta… y arroja a los cuatro vientos como un trueno esta frase formidable: ¡todos tenemos derecho a ser libres y felices! 

¡Sumisión! Es el grito de los viles; ¡rebeldía! Es el grito de los hombres…