Editorial:

Han pasado ya 50 años desde que sucedió la matanza de Tlatelolco, la noche del 02 de octubre de 1968, así como 4 años de la desaparición de los 43 estudiantes  normalistas de Ayotzinapa, el 26 de septiembre del 2014 en Iguala Guerrro. Ambos episodios representan pasajes obscuros en la historia del país, donde las fuerzas policiacas, militares y paramilitares actuaron en conjunto contra un sector del pueblo mexicano inconforme con la realidad de injusticia y desigualdad en que vivían. Reflexionar sobre los hechos, conmemorar su memoria y retomar sus luchas, sus consignas y sus demandas  son sin duda tareas que se deben cumplir hoy en día.

Primeramente, habrá que decir que la realidad en la que vivieron las generaciones del 68 no es muy distante a la realidad en que enfrentaron los jóvenes normalistas desaparecidos, misma que sigue existiendo hoy en día. Se trata de una realidad de violencia donde se mata, se desaparece o se encarcela a personas sólo por el hecho de atreverse a cuestionar a un Estado que mantiene oprimidos a los sectores populares de la sociedad, mientras cuida los intereses de los sectores privilegiados, haciendo uso de tácticas de Terrorismo de Estado. De igual manera, sigue existiendo una violencia sistémica que se expresa en  la pobreza, la explotación, los bajos salarios, el despojo de tierras y recursos naturales, situaciones de adversidad a las que el pueblo está sometido. La consigna de “Fue El Estado”, sigue más viva que nunca.

Igualmente, tanto Tlatelolco como Ayotzinapa son hechos que tienen que permanecer en nuestra memoria. Después de todo, la memoria histórica es una forma en que el pasado adquiere una significación en el presente y es capaz de influir sobre él, dotando de identidad y cohesión a la sociedad. Es así que, al grito de “ni perdón, ni olvido” se debe recordar a las y los caídos y desaparecidos, y la mejor forma de conmemorarlos y rendirles tributo es siguiendo la lucha que comenzaron, exigir el acceso universal a servicios como educación y salud de forma pública y gratuita, exigir la democratización del país, que se ponga fin al hostigamiento y represión que sufren las y los luchadores sociales, que las riqueza no se concentre en unas pocas manos y se acabe con la miseria en la que vive la mayoría de la población. Son demandas y consignas que tanto ayer como hoy siguen vigentes.

Es por eso que este Stencil #26 está dedicado a la memoria de quienes derramaron sangre inocente en Tlatelolco y Ayotzinapa, tratando de aportar al mismo tiempo a la organización estudiantil, tan necesaria en estos momentos. Así, se comienza con un balance, a 4 años de Ayotzinapa, continuando con una semblanza sobre la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, un ejemplo y referencia en cuanto a organización y lucha estudiantil. Se incluye también un análisis sobre el movimiento estudiantil de 1966 en la UMSNH, preámbulo al 68, finalizando con un manifiesto, a 50 años del 68, construido tanto por el Comité de Base Estudiantil “Fidel Castro Ruz” como por los comités estudiantiles del Partido Comunista de México.

Una invitación para seguir en pie de lucha y salir a las calles a recordar  a las y los compañeros caídos y desaparecidos.

¡Aquí nadie se rinde!

Esta edición contiene:

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STENCIL-26