El todavía presidente de México, Enrique Peña Nieto, dijo hace unos días –refiriéndose al caso Ayotzinapa- que “yo estoy en la convicción de que lamentablemente, pasó justamente lo que la investigación arrojó”. Esta afirmación refiere a lo que la Procuraduría General de la República (PGR) hizo pública como la VERDAD HISTÓRICA: “los jóvenes fueron llevados a un basurero en Cocula y los incineraron”.

Peña Nieto desacredita con esta declaración lo señalado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y el Tribunal Primer Colegiado de Circuito en Tamaulipas; quienes demostraron objetivamente la imposibilidad de que fueran incinerados los estudiantes en ese lugar, más aun señalaron irregularidades y nuevas líneas de investigación que fueron omitidas por la PGR como la participación del ejército mexicano.

Este 26 de septiembre se cumplen 4 años del crimen de Estado ocurrido en Iguala, Guerrero que dejó como saldo personas asesinadas, heridos de gravedad y 43 estudiantes desaparecidos, situación que no se ha esclarecido aún sobre los culpables y mucho menos, se ha hecho justicia al respecto.

Aún con todas las movilizaciones naciones e internacionales que se realizaron exigiendo justicia al gobierno mexicano, los estudiantes siguen desaparecidos y el núcleo del movimiento social por la presentación con vida de ellos cada vez se nota más debilitado; pero se niega a morir.

Sin duda la desaparición de los 43 demostró el carácter terrorista del Estado Mexicano que busca a través del temor generalizado consolidar el dominio de las clases dominantes, es decir, de la burguesía financiera nacional y transnacional. En este sentido, dichos actos intentan ser consensados a través de los medios de comunicación afines a las autoridades.

No obstante, el movimiento social que surgió a partir de ese 26 de septiembre de 2014 demostró que es posible romper con la apatía y la indiferencia de las personas ante las injusticias que sufrimos la gran mayoría del país. La gran enseñanza es esa ruptura del consenso que pudimos lograr por más efímera que ésta fue.

Por lo tanto, a cuatro años de los hechos de Ayotzinapa debemos de salir a las calles y seguir exigiendo la presentación con vida de los 43 y el castigo a los culpables de esa atrocidad. También, tenemos que generar canales para reorganizarnos de mejor manera y seguir luchando por un mejor país.

¡AYOTZINAPA VIVE!

¡VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS!