Comité de base “Fidel Castro Ruz”

Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) decía que existían tiempos largos de mucha calma, mientras que había días en los que todo cambiaba de manera súbita, es decir, “hay días en los que pasan 20 años”. Justamente eso ocurrió en el año de 1968, ya que todo el mundo quedó cimbrado por la magnitud de los movimientos sociales que reclamaban justicia, democracia y libertad.

Si bien en todo el globo terráqueo es importante de alguna manera el 68, aquí nos avocaremos a hablar de nuestro 68, el mexicano; y es que ese año no sólo es paradigmático por haber realizado las olimpiadas en nuestro país, sino más bien lo es, por el vigoroso movimiento estudiantil que después será brutalmente reprimido el 2 de octubre, unos días antes de que se encendiera la antorcha en el olímpico universitario.

Contexto

A nivel mundial, las barricadas y las huelgas generales de las principales fábricas de Francia iniciaron una ola de manifestaciones que cambiaron significativamente hasta entonces la forma en que se venía haciendo la política. El 68 de Praga, con los tanques soviéticos en las calles para reprimir las protestas fueron otro claro ejemplo de lo que acontecía en ese año.

En cuanto a México, es necesario mencionar la derrota del movimiento obrero en su lucha por conseguir la independencia de clase y autonomía del partido oficial (Partido Revolucionario Institucional), plasmado en el encarcelamiento de los líderes ferrocarrileros Valentín Campa y Demetrio Vallejo a finales de la década de los 50; también el asesinato de Rubén Jaramillo apaciguó el movimiento campesino heredero directo del zapatismo que se gestaba también con banderas de independencia del PRI y de la lucha por la tierra.

Además de las dos derrotas antes mencionadas, esa época también fue caracterizada por la gran efervescencia social en el país de distintos sectores. Médicos y maestros llenaron las principales calles del país en busca de banderas similares a las ya escritas aquí. Es ahí, donde surge otro sector que siempre había estado politizado, pero no tenía la fuerza suficiente como para irrumpir con la magnitud que lo hizo en esos años; claro, estamos hablando de las y los estudiantes, principalmente universitarios.

 

Crisis económica

Antes de continuar con el análisis del movimiento estudiantil del 68, debemos señalar que todo el descontento social vivido en aquellos años fue reflejo de la crisis económica del Modelo de Sustitución de Importaciones (MSI) que tenía dos décadas de haber implementado el gobierno mexicano; y es que el capitalismo a nivel mundial le había impuesto esa función a México: tener un campo medianamente estable que, con la exportación de los granos básicos a distintos países, se industrializara con un avance lento.

El MSI empezó a caducar junto a la economía mundial que estaba en las vísperas de desmoronarse una vez más por la lógica de acumulación del capitalismo. Dicha crisis económica o los síntomas de la misma, generaron un ambiente de ilegitimidad de las instituciones del Estado mexicano, que a su vez, provocó la embestida social de muchos movimientos que ya mencionamos.

El 68 mexicano y sus demandas

En el ámbito estudiantil, el 68 se nutre de manera importante de la Confederación Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED) que surgió en el 63 en la ciudad de Morelia (donde fueron representantes de más de cien mil estudiantes), de la represión de ese año y tres años después en esa misma ciudad donde fueron asesinados un estudiante en cada una de ellas, teniendo como resultado la ocupación militar de los recintos universitarios.

Aún con esa experiencia, y las de otras universidades en el país por esos años, quién iba a pensar que de la manera más fortuita se iniciaría uno de los movimientos más importantes en la historia de nuestro país. El 22 de julio del 68, después de una bronca en un juego entre jugadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN) entraría el ejército mexicano a reprimir, provocando la unión entre estudiantes y la resistencia a esa represión. Así, se iniciara el movimiento estudiantil del 68.

Días después de nuevos enfrentamientos se declaró la huelga en todas las escuelas de ambas universidades (a las cuales se les sumarían muchas más) y el rector de la UNAM (Javier Barros Sierra) iza la bandera mexicana a media asta, para después mostrarse a favor de la autonomía universitaria y reprobar las represiones. Unos días más tarde se hace público el pliego petitorio del movimiento, el cual tenía las siguientes demandas:

  1. Libertad de todos los presos políticos.
  2. Derogación del artículo 145 del Código Penal Federal
  3. Desaparición del cuerpo de granaderos
  4. Destitución de los jefes policiacos Luis Cueto y Raúl Mendiolea
  5. Indemnización a las víctimas de los actos represivos
  6. Deslinde de responsabilidades de los funcionarios involucrados en actos de violencia contra los estudiantes

Este pliego nunca cambió. En él se sintetizan las tendencias más importantes del movimiento estudiantil que, como podemos ver, buscaba aspectos democráticos básicos; acabar con las represiones, destituyendo o eliminando a los responsables (granaderos, funcionarios implicados y los jefes de la policía); acabar con el sustento legal de las mismas, ya que apoyados en el artículo 145 del Código Penal Federal permitía las agresiones a manifestantes a través de la figura de “disolución social” pues todo acto que se considerara subversivo por las autoridades podría ser atacado; el pago justo a las víctimas que en muchos casos incluían asesinatos; y, quizás la más avanzada era la libertad de los presos políticos, pues esta no hacía referencia únicamente a los estudiantes detenidos en las represiones, sino también a presos del tamaño de Demetrio Vallejo y Valentín Campa.

Aunque no estaba explícito, el movimiento estudiantil luchó por una democracia que realmente representara a la mayoría de la población y tuvo gestos internacionalistas importantes, como su solidaridad y empatía con la revolución cubana y Vietnam, y con otros actos de estudiantes y obreros como el mayo francés de ese mismo año.

Organización y democracia al interior

Otra enseñanza de este movimiento fue la práctica de democracia al interior del mismo, y es que la creación de múltiples Comités de Lucha en cada escuela o facultad de las universidades participantes, que tenía su centralización en el órgano de mayor decisión, el Consejo Nacional de Huelga (CNH); dicho aprendizaje nos demostró que en un país donde la democracia sólo era una idea nunca plasmada en la realidad, se podía hacer democracia cuando se pasaba a la acción.

Ni siquiera la brutal represión pudo parar de tajo al movimiento estudiantil, esto debido principalmente a la forma tan avanzada de organización que habían desarrollado. Y es que su imaginación y diversidad de protestas los fortalecieron. Tiempo después, estas experiencias organizativas serán retomadas en distintos movimientos universitarios a lo largo del país.

La represión

Después de encarcelar y golpear a muchos estudiantes, de ser tomadas las instalaciones universitarias por el ejército mexicano, un resultado lógico habría sido una represión más fuerte. Sin embargo, nadie imaginó la magnitud que tendría, pues el 2 de octubre el batallón Olimpia (grupo paramilitar) y militares asesinaron y torturaron a cientos de estudiantes, otros más fueron -y hoy en día se mantiene su condición- desaparecidos.

La brutalidad del Estado mexicano quedó plasmada esa noche, fue la respuesta a la perdida de consenso. Un crimen de lesa humanidad del cual cada año exigimos justicia en actos que buscan mantener la memoria y la convicción de retomar su lucha para conseguir un mejor país.

Consecuencias del 68

Después de la represión del 2 de octubre y la desintegración dos meses después del CNH, muchos estudiantes vieron –y quedó reafirmado para muchos otros el 10 de junio de 1971- que las vías de la democracia burguesa estaban agotadas, por lo cual crearon en distintas zonas del país muchos movimientos armados que buscarían la destrucción del Estado burgués y la instauración con distintos matices de un socialismo en México.

Además, con las represiones de esos años y los movimientos armados subsiguientes vinieron las aperturas de pequeños resquicios democráticos en el país. Un gran ejemplo es la reforma político-electoral de 1977 que permitió la integración y participación de distintos partidos de izquierda que surgieron de movimientos sociales.

Conclusión

Hoy, cuando la mayoría de las universidades públicas se encuentran en situaciones económicas complicadas, con una gigantesca antidemocracia, excluyendo a 7 de cada 10 jóvenes de sus aulas, reproduciendo y profundizando la desigualdad de género, y con una corrupción muy grande, debemos retomar la lucha del CNH.

Hoy, a 50 años, hablar del movimiento estudiantil del 68 es recordar la importancia de la organización de las y los estudiantes para mejorar sus escuelas y cambiar al país en pro de la gran mayoría de la población. Hoy, como herederos de quienes lucharon y murieron en ese año, debemos pasar a la lucha política y conseguir nuestras demandas.

Hoy, como hijos e hijas de la clase trabajadora, debemos de luchar por un país para las y los trabajadores, quienes con su trabajo diario han creado el México que hoy conocemos. Es decir, hoy, la lucha estudiantil debe de ser la lucha por el socialismo.