Marco Andrade

Hablar del 68 es hablar de un momento álgido en cuanto a procesos de revolución social vividos en todo el mundo Un año lleno de convulsiones sociales donde una generación se rebeló contra todo aquello que coartara sus derechos y libertades. Y si bien cada uno de los movimientos estudiantiles y sociales tuvo sus propias causas, la mayoría de ellos se caracterizó por tener de fondo un sentimiento de rechazo al imperialismo e intervencionismo, sobre todo de parte de los Estados Unidos de Norteamérica, por lo cual Cuba y Vietnam fueron una fuente de inspiración para las rebeliones del 68.

El escenario que prevalecía en la década de los años sesenta es el siguiente: un contexto de crisis, donde el sueño dorado del Capitalismo y el Estado de Bienestar se resquebrajó por completo ante un colapso financiero con efecto dominó, con un sistema capitalista que se mostraba ya como inviable ante la inestabilidad monetaria y el decrecimiento económico en sectores clave como la industria automotriz, siderúrgica, textil, etc., además de la caída lenta de la rentabilidad del capital social. Recordar aquí las palabras de Marx, cuando explica que una época de revolución social, como la del 68, se abre cuando las fuerzas productivas materiales entran en contradicción con las relaciones sociales de producción (Marx, Contribución a la crítica de la economía política, 2005).  El telón de fondo era la Guerra Fría, donde se disputa la hegemonía entre los bloques capitalista y socialista, con Estados Unidos y la URSS al frente respectivamente, habiendo esquirlas alrededor del mundo que abrieron varios frentes de batalla y mantuvieron latente la idea de una confrontación bélica abierta y directa.

En este escenario, el imperialismo cobra fuerza. Hay que recordar que, para Lenin, el imperialismo es una “continuación directa” del capitalismo al llegar a cierta fase del desarrollo, definido como la “fase monopólica del capitalismo” donde la libre competencia es sustituida por los monopolios capitalistas (concentración de la producción y del capital), con lo que se crea el capital financiero, a partir de la fusión del capital bancario y el capital industrial, además de caracterizarse por la exportación de capital, la aparición de asociaciones capitalistas mundiales que se reparten el mundo, y la terminación del reparto territorial mundial entre las potencias capitalistas ( (Lenin, 1977). Por otro lado, Fidel Castro, en su célebre “Segunda Declaración de La Habana”, describe cómo, después de la repartición de los territorios entre las potencias capitalistas, que aprovecharon las circunstancias históricas para imponer su poder y someter a su dominio y explotación a todo el mundo, se da la expansión imperialista motivada bajo razones meramente económicas, es decir, la acumulación de capital, consecuencia de la explotación del trabajo humano, así como la búsqueda de expansión del mercado y del comercio. De este modo, hablando específicamente del imperialismo norteamericano, Fidel explica cómo se da el intervencionismo político, económico y militar por parte de los Estados Unidos en países “subdesarrollados” como en América Latina, todo esto con la idea de seguir manteniendo bajo el yugo monopolista a las naciones de la región, suprimiendo así el derecho de autodeterminación de los pueblos (Castro Ruz).

Y es en este escenario que actúan las y los jóvenes en el 68. Esta juventud con oportunidades de estudios universitarios que sus padres ni siquiera hubieran podido imaginar, fue la que protagonizó los procesos de revolución social a nivel mundial. Exigieron su participación en la vida política de las diversas naciones a lo largo y ancho del mundo, guiados por el espíritu revolucionario de la época, algunos de ellos contagiados por las ideas socialistas y comunistas, en oposición al sistema capitalista. Como asegura Hobsbawn, se trata de una ola de rebelión encabezada principalmente por estudiantes que no sólo eran políticamente radicales y explosivos, sino de mostraban una gran eficacia a la hora de dar una expresión nacional e incluso internacional al descontento político y social en el que se encontraban. (Hobsbawn, 1998). Si bien el sector estudiantil no actuó solo, pues fue en parte respaldada por otros movimientos obreros, intelectuales y activistas sociales, lo cierto es que fueron protagonista y vanguardia en los procesos de revolución social vividos en el 68.

Ahora bien ¿Qué significó Cuba, Vietnam y otras luchas antiimperialistas para las rebeliones del 68? Por una parte, Cuba significaba un ejemplo a seguir de resistencia y lucha para el resto de las naciones en Latinoamérica y en el mundo, representaba el hecho de que un modelo económico y político alternativo al capitalismo era posible, aún con el bloqueo económico impuesto por las potencias imperialistas. Como explica Fidel Castro, “Cuba rompió las cadenas que ataban su suerte al imperio opresor, rescató sus riquezas, reivindicó su cultura y desplegó su bandera soberana de Territorio y Pueblo Libre de América” (Castro Ruz). En efecto, la Revolución Cubana dolía de gran manera al imperialismo norteamericano, pues un puñado de valientes hombres y mujeres hicieron frente al régimen opresor de Fulgencio Batista, hasta lograr el triunfo de la Revolución el primer día de 1959. La generación del 68 tomó de la Revolución Cubana sus consignas, sus tácticas y estrategias políticas y militares, así como la imagen de uno de los más grandes ideólogos de la revolución en Cuba y en el Mundo: Ernesto “Che” Guevara, que desde entonces se convirtió en un ícono revolucionario. El “Patria o muerte ¡Venceremos!” retumbó en todo el mundo; en las barricadas, mítines y manifestaciones a nivel internacional se podían ver pancartas y mantas con la imagen del Che.

Por supuesto, Cuba y su revolución encontraron rápidamente eco, sobre todo en naciones latinoamericanas. Por ejemplo, en México hubo pequeñas pero significativas manifestaciones de apoyo y solidaridad con la Revolución Cubana, sobre todo por parte de las y los jóvenes que tomaron la estafeta de lucha dejada por movimientos obreros de los años cincuenta como los ferrocarrileros, petroleros, maestros, entre otros, siendo el cardenismoel lado más visible por parte del antiimperialismo en México. Así, para 1968, los estudiantes cada vez más politizados se organizan en movimientos como el de la Confederación Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED), aunque muchos de las y los jóvenes que participaron durante el movimiento estudiantil del 68 actuaron muchas veces de manera espontánea ante el clima de represión y autoritarismo que se vivía en el país. Sería una manifestación por el XV Conmemoración del asalto al Cuartel Moncada convocada por la CNED, brutalmente reprimida por los cuerpos policiacos, la que generará el descontento e incipiente organización de las y los estudiantes de la UNAM e IPN, surgiendo el Consejo Nacional de Huelga que comandará el movimiento estudiantil  del 68, hasta el día en que el Estado Mexicano reprimió, desapareció y asesinó a miles de estudiantes en Tlatelolco el 2 de octubre.

Sin embargo, lo que realmente agitó el espíritu antiimperialista de la época fue la Guerra de Vietnam, un conflicto bélico que enfrentó a los vietnamitas desde 1955. Por un lado estaba la socialista República Democrática de Vietnam que, con el Frente de Liberación Nacional y el afamado Ho Chi Minh a la cabeza, había conseguido su independencia del colonialismo francés en 1945, contando con el respaldo de la URSS; por otro lado, se encontraba la República de Vietnam, la cual se negaba a quedar bajo un gobierno socialista de vecinos del norte, apoyado por potencias capitalistas como Estados Unidos, Francia y Japón, las cuales decidieron entrar directamente en el conflicto en 1964. Por supuesto, el imperialismo estadounidense no estaba dispuesto a permitir otra Cuba, lanzándose en una arriesgada aventura militar que costarán cientos de miles de recursos humanos y millones de recursos financieros.

Lo único que ganarían los estadounidenses en Vietnam será la repulsión de gran parte de la población mundial, incluso la de su país. El llamado al internacionalismo proletario del Che Guevara, y sus palabras de crear “dos, tres, muchos Vietnams” tuvo eco en las juventudes del 68, mucho más después del asesinato del Che en octubre de 1967. Después de todo, como diría el Che, el imperialismo es un sistema mundial, al cual habría que batir con una gran confrontación mundial, identificando como la cabeza del imperialismo a Estados Unidos (Guevara de la Serna, 2013).

Es así que, a partir de 1964, comenzarían protestas y movilizaciones en contra de la guerra imperialista estadounidense en Vietnam, lo cual sería un factor clave en el despertar de conciencia en las y los jóvenes del 68. Los gritos de ¡Ho-Ho-Ho Chi Minh! ¡Che-Che-Guevara!resonaban en todo el orbe, y desde la hidra imperialista, los Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS por sus siglas en inglés) y el Movimiento por la Libertad de Expresión (Free Speech Movement), apoyados por otros movimientos sociales y contraculturales como el Black Power,  las Panteras Negras y el movimiento yippie, fueron quienes comandaron las acciones de protesta anti-guerra, quemando en público draft cards (órdenes de reclutamiento) por parte de una juventud estadounidense que se negaba a prestar el servicio militar obligatorio.

En otro punto de ebullición, en Berlín, la Asociación Estudiantil Socialista Alemana (SDS por sus siglas en alemán), un movimiento estudiantil de masas y con perfil anticapitalista que combinaba activismo político con trabajo teórico marxista, sería vanguardia en las movilizaciones del 68, organizando el Congreso Internacional contra la Guerra de Vietnamy siendo, sin muchos reflectores, el epicentro del terremoto revolucionario que sacudió a Europa, además de contar con su mayo alemán, el punto más álgido de protestas, manifestaciones y ocupaciones de las universidades en Alemania.

Paris se llevaría la mayoría de los reflectores respecto a las rebeliones del 68, dondela Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF) y el Movimiento 22 de Marzo, junto a la Unión de Estudiantes Comunistas (UEC) y los Comités de Base de Vietnam (creados en 1966) organizan jornadas de lucha antiimperialistas en apoyo al pueblo vietnamita,  siendo el punto de partida del Mayo Francés que encontrará hostigamiento por parte de las autoridades universitarias y estatales. Al grito de interdit d’interdire  y l’imagination au pouvoir, miles de estudiantes universitarios respaldaron el movimiento y salieron a las calles entonando la Internacional, confrontándose a la policía y conformando barricadas que recordaban los hechos de la Comuna. La gran “Revuelta” de París hará un llamado a las y los trabajadores, que pronto respaldarán al movimiento estudiantil con grandes huelgas obreras generales y marcharán codo a codo con el estudiantado.

Como se puede ver, las rebeliones del 68 fueron muy variadas y encontraron en el antiimperialismo su eje articulador. A Cuba y Vietnam se le deben de unir otras luchas antiimperialistas significativas como la Gran Revolución Cultural Proletaria en China, que propagó el maoísmoentre las y los jóvenes revolucionarios, los procesos independentistas en Laos, Congo, Argelia y otros países tercermundistas, la Primavera de Praga y su intento por sobrevivir al imperialismo estadounidense y al estatismo soviético, entre otros procesos de revolución social vividos en aquellos días.

Hoy, a 50 años de aquellas rebeliones que convulsionaron al mundo, el imperialismo capitalista ha logrado subsistir al 68 y sus consecuentes repercusiones en el panorama mundial. A los procesos de revolución social del 68, le siguieron momentos de brutal represión a las masas y una guerra de baja intensidad con lo cual se llegaron a imponer dictaduras militares que frenaron en seco el espíritu revolucionario de la época, como fue el caso de Latinoamérica. La coerción y el consenso impuesto por los sectores hegemónicos lograron mantener el status quo, al tiempo que el llamado socialismo realsufrió la debacle con la caída del muro de Berlín (1989) y la extinción de la URSS (1991). Por su parte, el sistema capitalista se vio forzado a realizar un viraje, pasando de un capitalismo monopolista estatal a un capitalismo monopolista transnacional, conocido como modelo económico neoliberal.

Hoy, como hace 50 años, la hidra imperialista estadounidense sigue en pie, y lo que fue Vietnam en el 68, lo tenemos actualmente en la guerra contra Palestina y Siria, pueblos que tratan de resistir al intervencionismo de Estados Unidos y sus aliados, lucha antiimperialista que debe de jugar el papel que tuvo Cuba, Vietnam y otras naciones en cuanto a despertar de conciencias en las nuevas generaciones, responder al llamado de solidaridad y unidad contra lo que el Che llamaba el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica

Las condiciones para los procesos de revolución social están de nuevo dadas. Se respira otra vez un ambiente de crisis, que se presenta como una solución a las contradicciones existentes dentro del capitalismo, en vías de restablecer un equilibrio que ha sido roto. Después de todo, la crisis es parte de un “ciclo de rotaciones encadenadas que abarca una serie de años y que el capital se halla obligado a recorrer por sus elementos fijos, sienta las bases materiales para las crisis periódicas, en que los negocios recorren las fases sucesivas de la depresión, la animación media, la exaltación y la crisis”. En este sentido, la crisis sólo es un momento del ciclo capitalista de producción, una de las fases que integra el ciclo de vida del capital (Marx, El capital, 1970).  No es raro entonces que existan ciertas semejanzas en cuanto al 68 y el proceso histórico de crisis actual.

El 68 puso algunas bases, es momento de retomar la lucha dejada por Daniel Cohn-Bendit, Rudi Dutschke, Ulrike Meinhof y tantos otros y otras. Es momento de que una nueva generación de rebeliones surja. No se puede simplemente conmemorar los hechos. Las y los jóvenes universitarios deberán aprender de los aciertos y errores del 68, dejando de lado la apatía y despolitización que los caracteriza actualmente. Se deben nutrir de las luchas antiimperialistas en Palestina y Siria, de la opresión y explotación que sufren los pueblos en todo el mundo, reconocerse como clase, encontrando en las y los trabajadores, campesinos y otros sectores populares un aliado en la lucha revolucionaria, organizar el partido del proletariado y darle un golpe contundente al imperialismo capitalista, de tal forma que permita a los sectores populares la toma del poder político, en vías de la transición hacia el socialismo. Son tareas a las que  las y los jóvenes de hoy no pueden renunciar.

Bibliografía

Castro Ruz, F. (s.f.). Segunda Declaración de La Habana.Recuperado el 13 de Agosto de 2018, de Biblioteca Virtual de la Unión de Juventudes Comunistas de España: http://archivo.juventudes.org/textos/Fidel%20Castro/Segunda%20declaracion%20de%20La%20Habana.pdf

Lenin, V. I. (1977). El imperialismo como etapa particular del capitalismo. En V. I. Lenin, Obras Completas. Tomo XXIII(págs. 386-397). Madrid: Akal Editor.

Guevara de la Serna, E. (enero de 2013). Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental.Recuperado el 15 de agosto de 2018, de Marxist Internet Archive: https://www.marxists.org/espanol/guevara/04_67.htm

Hobsbawn, E. (1998). Historia del Siglo XX.Buenos Aires: Editorial Crítica.

Marx, C. (2005). Contribución a la crítica de la economía política.México: Siglo XXI Editores.

Marx, C. (1970). El capital(Vol. 2). México: FCE.