Pedro Cervantes

 

Nada ha infundido a los oprimidos de
América la esperanza y la confianza en
El porvenir, y la certeza del triunfo, como
La Revolución Cubana.

Arturo Gámiz

Era la madrugada del 23 de septiembre de 1965, un grupo de trece hombres, encabezados por Arturo Gámiz, ataca el cuartel de Madera, Chihuahua. Buscan hacer la revolución en México y entregar la tierra a quienes la trabajan. El ataque falló.

En el asalto mueren Pablo Gómez Ramírez, médico y profesor normalista; Miguel Quiñones Pedroza, director de la Escuela Rural Federal de Ariséachic; Rafael Martínez Valdivia, profesor normalista; Oscar Sandoval Salinas, estudiante normalista; Salomón Gaytán Aguirre y Antonio Escobel, campesinos; Emilio Gámiz García, estudiante y su hermano Arturo, maestro rural cuyo rostro queda despedazado.[1]

Eran jóvenes, solo el doctor Pablo Gómez superaba los 35 años de edad, los otros doce no habían cumplido aún los 25. Buscaban emular lo realizado por Fidel Castro doce años antes, en el ataque al cuartel Moncada en Cuba. Seguían los pasos dados años antes por los guerrilleros cubanos; su método: la teoría del foco que expuso Ernesto Guevara, en su Guerra de Guerrillas.

El inicio de la lucha armada

En Chihuahua, pareciera que nunca llegó la “revolución mexicana”, eran pocos hombres los que acaparaban las tierras se calcula que cada gran ganadero tenía en su poder más de 20 mil hectáreas de tierra, es decir, en promedio cada cabeza de ganado podría pastar en igual extensión de tierra que la atribuida a cada uno de los cien mil ejidatarios de la entidad: cuarenta y cinco hectáreas. Además de los 678 “Certificados de Inafectabilidad” entregados por el gobierno de Miguel Alemán Valdez, donde se mencionaba que no se les podría quitar sus tierras a los grandes productores, casi un tercio correspondían al estado de Chihuahua. [2]

Ante tal injusticia, un grupo de jóvenes procedentes de distintas organizaciones, deciden organizarse, realizan así el II Encuentro de la Sierra en Torreón de la Cañada, Durango, el cual fue precedido por el maestro Arturo Gámiz, quien presentó cinco documentos donde, desde el marxismo, hizo un análisis de la realidad mundial, nacional y regional, donde llegó a la conclusión que las condiciones objetivas para la revolución estaban dadas. En su último documento, “El último camino a seguir”, se hace un análisis sociocultural en el que concluye que las condiciones subjetivas de igual manera estaban dadas, por lo cual es momento para levantarse en armas.

El resolutivo de dicho encuentro fue: “Estamos convencidos de que ha llegado la hora de hablarles a los poderosos en el único lenguaje que entienden, llegó la hora de que las vanguardias más audaces empuñen el fusil; porque es lo único que respetan y escuchan; llegó la hora de ver si en sus cabezas penetran las balas, ya que razones nunca le entraron: llegó la hora de apoyarnos en el 30-30 y en el 30-06, más que en el Código Agrario y la Constitución.”[3]

El grupo armado estaba constituido por el movimiento social chihuahuense, campesinos, estudiantes y profesores, la gran parte de estos militantes del Partido Popular Socialista y de la UGOCM.

El autonombrado Grupo Popular Guerrillero, decide que la estrategia debe ser dividirse en distintos células, el primero se queda en Chihuahua realizando labores de agitamiento y reclusión de cuadros, así como para preparar la estrategia y logística del ataque, queda al mando Salvador Gaytán, quien era un campesino convencido de los ideales de Zapata.

Arturo Gamiz, comanda un segundo grupo, el cual va a la Ciudad de México, a entrevistarse con gente del Partido Popular Socialista, los cuales no lo apoyan. Consigue algunas armas, las cuales serán transportadas al estado del norte. Además, logra convencer a un militar retirado, el Capitán Lorenzo Cárdenas, para que los entrene en la lucha guerrillera.

El plan de Arturo Gamiz, era atacar y vencer en el cuartel de Madera, una vez realizado este acto pretendía hacerse de fondos económicos para así convocar a diversos sectores de la sierra para que se sumasen a la lucha armada, tomar el parte militar, convocar por la radio comunitaria a la población, dejar la lucha clandestina y crear focos rebeldes en Chihuahua y todo el país. Esto no pasó.

La idea original era atacar el cuartel con tres comandos armados, un estudiantil, un campesino y uno del movimiento social. El comando estudiantil llegó días antes a la cita, pero al ver que no había señales de los otros comandos deciden regresar a la capital a recibir nuevas órdenes, pensando que se había cancelado el ataque.

El segundo grupo, conformado por dieciséis campesinos, liderados por Salvador Gaytán, no pudo llegar a la cita, por la creciente del rio, y al no poder atravesarlo, se quedaron varados, impidiendo el cumplimiento de su tarea. Ellos traían el armamento de mayor calibre.

Solo llegó el grupo encabezado por Gamiz, siendo trece los atacantes, dando como resultado la muerte de 8 guerrilleros, y según el informe oficial murieron 5 soldados y 5 resultaron heridos. Pobladores de Madera señalan que hubo más de 30 soldados muertos, solo que los mandos militares los ocultaron.

De los trece, uno esta desarmado, solo cuenta con bombas molotov. Por parte de los demás combatientes, su armamento era un rifle de 7 milímetros, otro 22, una escopeta y un 30.06, además de bombas caseras. Esto contra los M1 de los soldados.

Los guerrilleros creían que en el cuartel, solo se encontraba un pelotón de no más 40 militares, resultando esto una terrible equivocación, pues en la guarnición se encontraban 125 soldados, siendo superados así en un amplio margen.

Años más tarde Florencio Lugo, sobreviviente del ataque, señalaría en su libro El asalto al cuartel de Madera que “Lorenzo Cárdenas Barajas, cuya vil y cobarde traición significaría más adelante la muerte de muchos y valiosos cuadros revolucionarios” acusando pues de que el exmilitar fue quien aviso al puesto de mando del ataque que se realizaría el 23 de septiembre.

Durante el ataque no hay sorpresa de por medio. A pesar de que algunos efectivos han caído nuestros ante las balas de los guerrilleros, incluso uno de ellos dirige su arma a una farola que otorga iluminación a los atacantes para detectar el uniforme verde.[4]

Tras el ataque y la retirada de los cinco sobrevivientes, el pueblo de Madera, así como los pueblos que se encuentran alrededor ayudan y dan alojo a los atacantes. Destaca que, durante el ataque, Guadalupe Escobel se encontraba tirando en las vías férreas, al momento de la retirada, iba pasando el tren, el maquinista se percató de lo que sucedía, ayudando así a Escobel a huir, bajando la velocidad de la máquina, para que este pudiera esconderse tras las ruedas de metal y correr hasta perder su rastro.

La respuesta del Estado Mexicano

Una vez transcurrido el ataque, el Estado Mexicano, desarrollo una táctica de Guerra Sucia, paseo los cuerpos de los combatientes por toda la comunidad de Madera, para enseñarle al pueblo que quien se atreviera a levantarse en armas, ese sería su destino, los cuerpos no fueron entregados a sus familiares, salvo el de Antonio Escobel, los demás fueron enterrados en fosas comunes. El gobernador del estado, el General Giner Duran, dijo: “Puesto que era tierra lo que peleaban, denles tierra hasta que se harten”. Los pocos periódicos de la época relatan que, más de 100 campesinos, fueron detenidos para ver si estaban implicados en el ataque. Durante las detenciones el anciano Armando Aguilar murió tras recibir un golpe por parte de los militares.

Ese mismo día arribarían a Madera nuevos contingentes militares, un cuerpo de paracaidistas, entrenados para internarse en la sierra, además de 5 aviones tipo Caza T-33 y un avión Cisterna DC-6 para buscar a los fugitivos.

El secretario de gobernación, Luis Echeverría Alvares, envió a Miguel Nazar Haro como parte de un grupo de inteligencia del Departamento Federal de Seguridad (DFS). A partir de 1965 ese grupo de investigaciones contrainsurgentes tomó el nombre de C-047, el cual se especializó en la lucha antiguerrillera y subversiva en el país. Relata Sergio Aguayo sobre este grupo: “En un principio éramos seis agentes y Miguel. No dependíamos operativamente de Control de agentes. Teníamos una relación directa con el director. Éramos chaparritos y pasábamos desapercibidos porque nuestra función era investigar y juntar información. Teníamos infiltrados en muchos grupos subversivos”.

Los Resultados del Ataque

 Ante el ataque el Partido Comunista Mexicano (PCM) señaló: “El PCM estima que los ideales  democráticos que sostuvieron y por los cuales ofrendaron su vida los jóvenes masacrados en Madera, son ideales justos. Y que se impondrán. Lo erróneo y lo que lleva inevitablemente al fracaso son los métodos, es la línea táctica, una concepción de la lucha basada en la falsa idea de que la revolución no la hacen las masas sino los pequeños grupos de revolucionarios que se lanzan solos al ataque…. Llama a los obreros a los campesinos, a los estudiantes de Chihuahua a reforzar las filas del partido, a cohesionarse en las organizaciones que ofrecen una salida revolucionaria a los graves problemas por que atraviesan las masas del estado, como la Central Campesina Independiente y la Central Nacional de Estudiantes Democráticos”. [5]

Los movimientos guerrilleros en México han sido constantes. En ocasiones como recurso de los pueblos; en otras, de ejércitos regulares vencidos o de militares sublevados. Uno de sus componentes es el núcleo armado y otro más la circunstancia social en que aparecen.[6]

Los guerrilleros de 1965 en la sierra de Chihuahua fueron resultado de la radicalización de cierto grupo, de un mucho más vasto y complejo movimiento campesino que, desde 1959, comenzó a manifestarse, cohesionarse y extenderse por varias zonas de los estados de Sonora, Chihuahua y Durango.[7]

Quince días antes del ataque el profesor Arturo Gámiz, publicó en La voz de Chihuahua:

 “Nos hemos levantado en armas, para hacer frente a los cacicazgos, como el de José Ibarra y Tomás Vega, una vez que agotamos los medios legales sin fruto alguno, una vez que nuestros esfuerzos fracasaron en virtud del apoyo incondicional que el gobierno del estado proporciona a los caciques que por décadas se han dedicado impunemente a explotar como bestias a los campesinos, a humillarlos, a asesinarlos, a quemarles sus ranchos, robarles su ganado y violar sus mujeres… Hemos dicho y lo repetimos: no queremos matar soldados, nada tenemos contra de ellos siempre y cuando respeten a las familias. Los consideramos de clase pobre y explotada que están al servicio únicamente por necesidad, teniendo que soportar el despotismo y los abusos de sus superiores. Nuestra lucha no va dirigida contra el ejército sino contra los caciques”.[8]

 

[1]Castellanos, Laura. México Armado 1943-1981. México, Era, 2016, p. 85.

[2]Castellanos, Laura. México Armado 1943-1981. México, Era, 2016, p. 87.

[3]Castellanos, Laura. México Armado 1943-1981. México, Era, 2016, p. 104.

[4]Glockner, Fritz. Memoria Roja. Historia de la Guerrilla en México 1943-1968. México, Planeta Mexicana, 2013, p. 242.

[5]Glockner, Fritz. Memoria Roja. Historia de la Guerrilla en México 1943-1968. México, Planeta Mexicana, 2013, p. 260.

[6]Montemayor, Carlos. La guerrilla recurrente. México, Proceso-Grijalbo, 2007, p. 13

[7]Montemayor, Carlos. La guerrilla recurrente. México, Proceso-Grijalbo, 2007, p. 25

[8]Castellanos, Laura. México Armado 1943-1981. México, Era, 2016, p. 86