El próximo 11 de septiembre se cumplen 45 años del golpe de estado contra el gobierno socialista de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende. Aunque parece lejano, los estragos del ascenso del pinochetismo en América Latina aún calan hondo.

La imposición de la dictadura militar abrió la época del neoliberalismo que, contrario a lo que sus apologetas argumentan, no triunfó por la capacidad autorreguladora de los mercados ni mucho menos por lo atinado de sus teorías económicas. El neoliberalismo se impuso a sangre y fuego. Las privatizaciones, el recorte a los salarios, la imposición de acuerdos comerciales que vulneraron la soberanía de los pueblos, los procesos de despojo de los bienes públicos y comunales, el desmantelamiento de los sistemas de salud y educación; toda la violencia social que supone la política de libre mercado, se basó en el exterminio de la disidencia política. Justo como lo llamaban los alumnos de la Escuela de las Américas, triunfaron porque lograron extirpar por la vía de la violencia el cáncer sindicalista, comunista y marxista.

Si bien el neoliberalismo tuvo su incubadora en el Chile pinochetista, su receta económico-política se implementó en Argentina con Rafael Videla, en Paraguay con Alfredo Stroessnery en Bolivia con Hugo Banzer, entre otros.

Después de 45 años el neoliberalismo sigue imponiéndose por la fuerza. Los golpes de estado en Honduras en el 2011contra el gobierno elegido democráticamente de Mel Zelaya, en 2012 en Paraguay contra Fernando Lugo, en Brasil contra Dila Rousseff en 2016 y el encarcelamiento de Lula da Silva en 2018; la guerra económica y reiterados intentos de golpes contra la Revolución Bolivariana en Venezuela, el acoso permanente contra el gobierno popular de Evo Morales; sin mencionar los gobierno terroristas de Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos e Iván Duque en Colombia y de Mauricio Macri en Argentina. Todo lo anterior demuestra que las violentas políticas económicas de libre mercado son incompatibles incluso contra la democracia burguesa.

Sin embargo, la incertidumbre por la que atraviesa el capitalismo, derivado de la crisis económica de 2008, ha obligado a sectores de las burguesías imperiales y tercermundistas a reajustar o cuestionar abiertamente el modelo neoliberal. Sumado a lo anterior, después de 45 años los pueblos de Nuestra América han aprendido. El movimiento popular, sindicalista y comunista, aunque aún débil, va en ascenso, y millones de hombres y mujeres sueñan y luchan por un mejor destino.

La historia no se detiene y la época neoliberal parece estar agotándose, la pregunta es ¿Qué futuro le espera a los pueblos de América, nuevas formas de autoritarismo nacionalista burgués o republicas populares y socialistas? La respuesta, como siempre, la tendrá el pueblo, pero no basta con esperar, es necesario luchar para que la crisis neoliberal sea la antesala, para que, como diría Salvador Allende,  se abran las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.