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Lenin Contreras

Desde una perspectiva marxista no es posible explicar la política y al Estado en sí mismos, aunque existan grados de autonomía del ámbito de lo político, esa autonomía no supone independencia. En esta perspectiva, para comprender estructuralmente el origen y las funciones del terror de Estado es necesario analizar la base material sobre la cual se sostiene, y que a su vez,  ayuda a reproducir y expandir. Este punto de vista se realiza en la medida que Carlos Marx señalaría en el prólogo a la Contribución de la Crítica de la Economía Política de 1857 que

…tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que, por el contrario, radican en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de “sociedad civil”, y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política…. El resultado general al que llegué y que una vez obtenido sirvió de hilo conductor a mis estudios puede resumirse así: en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. [1]

En este sentido, si bien el Estado burgués es producto de la generación y dominación social de las relaciones capitalistas de producción, el Estado Terrorista es producto del desarrollo propio del capitalismo, particularmente de su último estadio: el capitalismo monopolista transnacional. No profundizaremos aquí sobre la caracterización profunda del CMT, pues esto ya se ha hecho en otros documentos y momentos. Lo que queremos resaltar aquí es que el Estado terrorista en México es la expresión del poder político que ha configurado la última etapa del desarrollo del capital, cuyas características generales son: 1.- La concentración de la propiedad y la producción en empresas capitalistas monopólico transnacionales; 2.- La desvalorización de la fuerza de trabajo, expresada en la disminución permanente de los salarios, perdida de los derechos laborales y mercantilización de los derechos sociales; 3.- El dominio de la economía por los grandes bancos y financieros transnacionales; 4.- La exportación y envío del capital de los países subdesarrollados a los países imperialistas; 5.- La acumulación de capital por medio del robo, el pojo y el saqueo; 6.- La absorción del dinero de la economía criminal.

Ahora bien, estas características aparecen de forma general en todo el planeta al ser el capitalismo uno de alcance global, es decir, al tener el capitalismo contemporáneo un carácter imperialista. Sin embargo, en el caso de México, existe una determinante más que se sintetiza con las seis características señaladas y que da cuerpo y forma concreta al Estado Terrorista, esta determinante es el papel de México en la División Internacional del Trabajo capitalista, o si se quiere, el papel dependiente y subordinado del capitalismo mexicano al imperialismo norteamericano.

La subordinación al imperialismo norteamericano se reconfiguró con el desarrollo del capitalismo monopolista transnacional en el mundo y el papel que éste impuso a las naciones en la División Internacional del Trabajo en el Capitalismo Trasnacional desde la década de los 70. La pregunta clave en este punto es ¿Cuál es el papel de México en la División Internacional del Trabajo que obliga a la configuración de un Estado Terrorista?[2]

  1. Primero: En el sector de la agricultura México se incorporó como un país importador de granos básicos, particularmente de Estados Unidos;
  2. Además, con el incremento de la demanda mundial de los cultivos como los frutales, hortalizas y flores se promovió que las empresas transnacionales migraran a México para su producción, y con ello controlaran el nodo fundamental de la cadena de producción-comercialización;
  3. En el sector de industrial, debido a la sobre oferta de fuerza de trabajo, el capital transnacional encontró en el país un lugar donde se podría abaratar los costos de la producción de ramas de la producción intensivas en mano de obra, tales como la maquila;
  4. La gran riqueza minera, gasífera y petrolera de México lo convirtió en que proporcionara el suministro de energía y mineral al capitalismo transnacional;
  5. Otra rama de la economía fundamental es el narcotráfico. Al igual que cualquier otra rama de la economía, el narcotráfico representa una empresa capitalista, cuya función económica, no solo es comprar las armas de Estados Unidos, sino dirigir al sector financiero, por medio del lavado de dinero, grandes flujos de capital y ganancias extraordinarias.

Lo que queremos resaltar es que el Capitalismo Monopolista Transnacional de forma inherente es profundamente salvaje, expoliador y al estar basado en la necesidad de acumular por medio del robo, el lavado de dinero, el despojo y la economía criminal, requiere de la eliminación de los derechos democráticos y sociales más fundamentales, y por ello, la desmovilización política de las grandes masas del pueblo adquiere un papel central en la reproducción del régimen. En palabras más populares, el ejercicio del terror por parte del Estado mexicano se explicaría señalando que el conjunto de reformas estructurales que conllevó la adopción del modelo neoliberal en México requirió de la eliminación de los derechos democráticos del pueblo trabajador, lo que garantiza su inmovilidad y control político.

De esta forma los crímenes de lesa humanidad, productos del terror, benefician al capitalismo transnacional y a las lógicas del imperialismo norteamericano: los paramilitares y las desapariciones forzadas son el mecanismo para despoblar comunidades donde se explotarán recursos mineros por medio de mineras translaciones; el ambiente patriarcal y misógino refuerza la lógica de explotación y dominación de la fuerza de trabajo de la mujer trabajadora; el ambiente de impunidad que permite asesinatos extrajudiciales, y detenciones y desapariciones forzadas permite implementar una política de contra insurgencia y profundamente represiva contra los activistas sociales; etc. Así es como el terror contra el pueblo, es profundamente útil en cuanto que permite que la actual fase del desarrollo capitalista se despliegue y profundice.

Es por ello, que pese a que territorios completos en el país son algo así como “zonas de guerra” o lugares sin las más mínima garantía del respeto a los derechos democráticos, el Estado sigue asegurando las ganancias a las grandes empresas nacionales y transnacionales, por medio de la protección de la propiedad privada de los medios de producción, garantizando la circulación y realización de las mercancías, garantizando que los flujos de capital no se detengan, y sobre todo, garantizando por todos los medios  la sumisión de los trabajadores.

De esta forma el terror de Estado afianza la reproducción y la ampliación de los intereses imperialistas en el país, tales como:

  1. la actuación de empresas transnacionales norteamericanas que niegan los derechos más fundamentales a los trabajadores y trabajadoras;
  2. el crecimiento de la economía criminal, como el tráfico de armas, personas y droga, ya que son las empresas norteamericanas las grandes beneficiadas;
  3. fortalecer una política de contrainsurgencia y de control político de los movimientos populares;
  4. garantizar el saqueo y suministro de materias primas fundamentales para el desarrollo económico norteamericano; etc.

El actual escenario de terror representa la concreción de las políticas de Washington, para controlar militar, política y económicamente a su vecino del sur, y hacerlo funcional al capitalismo transnacional, lo que concretaría los objetivos de la firma del TLCAN en 1993, o la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN), promovida por Vicente Fox y G.W.Busch en 2005, y continuada por medio del Plan Mérida en el 2008. Es por ello, que en el diseño de la política económica y de seguridad nacional del Estado Mexicano–eufemismo de la jerga diplomática para nombrar el terrorismo de Estado mexicano- se encuentra configurada desde la intervención norteamericana.

Conclusión

El Estado Terrorista es una forma particular del Estado Burgués que combina grados, formas y contenidos de violencia y consenso en cuanto es la concreción histórica de las múltiples contradicciones del desarrollo de las base material del capitalismo, de las contradicciones entre las clases, interburguesas y en el mismo seno del pueblo, así como su papel en el capitalismo imperialista, y por tanto,  la táctica de las organizaciones que no entienda estas determinaciones equivocará su táctica y retrasará el movimiento revolucionario.

 

 

 

[1]Marx, Carlos. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859)

[2]Como es sabido la División del Trabajo, sintetiza dos fuerzas del capitalino: por un lado representa expresa la imperiosa necesidad del capital de valorizarse mediante la producción de plusvalía y con ello el desplazamiento de los flujos de los capitales a las ramas más rentables de la economía, donde el valor de cambio de las mercancías producidas pesa más que el valor de uso; pero por otro lado, expresa el desarrollo de las ramas de la producción que requiere la producción capitalista -donde el valor de uso pesa más que el valor de cambio de las mercancía producidas- como la producción de medios de producción y materias primas[2].   La DT se expresa en múltiples formas; a)  A escala internacional en la DIT; b) a escala regional al interior de las nacionales como sectores y ramas de la economía lo que configura una DRT; c) pero si se incorpora una determinante no solo territorial, sino además las ramas que se configuran, aparece la División Agrícola o Industrial del Trabajo, etc.