En el mes de julio, se cumplieron 50 años de que una serie de pleitos callejeros entre porros, pandillas y algunos estudiantes del IPN y la UNAM acabaron en represión constante por parte de las autoridades policiacas, dando origen al movimientos estudiantil más grande en la historia de México que se atrevió a cuestionar no solo al régimen mexicano, sino a todo el sistema.

En medio de las convulsiones y procesos de revolución social que se vivieron en el año del 68 en todo el mundo, las y los jóvenes universitarios fueron protagonistas en un escenario de crisis económica y social vivida en aquellos tiempos. En Vietnam, Corea y Cuba, y luego en Berkeley, Berlín, París, Praga y Madrid, se fue testigo de cómo un generación de jóvenes radicales y explosivos buscaba tener inserción dentro de los diversos regímenes de gobierno y supieron cómo poner en jaque al sistema. Las marchas, los mítines, las protestas y las huelgas fueron recurrentes en todo el mundo, al igual que la violencia y la represión por parte del Estado en contra de cualquier movimiento subversivo.

Así, el 68 mexicano fue la expresión de una serie de inconformidades que se nutrió de los diferentes movimientos estudiantiles y obreros en México en la década de los cincuenta y sesenta, los cuales fueron constantemente violentados y reprimidos en todo el país. De esta manera, las y los jóvenes universitarios del IPN y la UNAM del 68 salieron a las calles para exigir la democratización del país, respaldados por docentes, trabajadores e intelectuales conscientes, cuyas exigencias y demandas fueron entonces y hasta ahora bandera de agitación: libertad a presos políticos, desaparición del cuerpo de granaderos y destitución de los jefes policiacos, responsables de la represión  contra los movimientos sociales, libertad de expresión, derecho a la manifestación, entre otras demandas.

La respuesta del estado mexicano fue brutal: reprimió y encarceló a las y los estudiantes, creyendo que de esta manera podría menguar el movimiento. La realidad fue otra, pues aun cuando el ejército llegó a invadir Ciudad Universitaria y el Casco de Santo Tomás, no pudo disuadir aquellos sectores que reclamaban ser tomados en cuenta en las decisiones del país, al contrario, la organización social y estudiantil cada vez se hizo más sólida, hasta llegar a la matanza del 2 de Octubre en la Plaza de Tlatelolco que interrumpió de tajo el proceso de revolución social vivido en México.

Hoy, ante una nueva crisis del sistema, es necesario no solo conmemorar los 50 años de aquel movimiento estudiantil que paralizó al mundo, sino retomar la lucha y las demandas de aquella generación que se atrevió a desafiar al sistema; pugnar por la organización de las y los estudiantes universitarios, en unidad y solidaridad con los movimientos sociales, aprender de los errores y aciertos en vías de transformar la realidad y tener una sociedad más justa, democrática y equitativa para todas y todos; es esta una tarea que nuestra generación debe cumplir, tal como lo hicieron las y los jóvenes del 68.