Comité Espartaco

Desde siempre, una de las promesas hechas por todos los partidos políticos para ganarse nuestro voto, ha sido la de crear empleos; nunca falla, absolutamente todos los políticos prometen que crearán más empleos.

Sin embargo los políticos no pueden crear empleos, veamos por qué: Para decir que “están creando empleos”, lo que hace un político es lo que él mismo llama, “atraer la inversión”; ¿cómo logra esto? Facilitando a los empresarios las condiciones para su inversión: les regala el terreno donde van a instalar su empresa, les ofrece agua y electricidad sin costo, les libra de impuestos y, sobre todo, les garantiza mano de obra barata, es decir, va a haber quien les trabaje casi de gratis. Sólo así se puede atraer la inversión.

Es decir, un empleo “creado” por la inversión de un capitalista en realidad resulta mal negocio, ya que la empresa no aportará recursos al gobierno (por lo que éste, además debe incrementar los impuestos a la gente), y los salarios que pagará serán tan bajos, que, sin exagerar, podemos decir que las condiciones de vida del trabajador serán tan malas como las que tenía antes de tener trabajo.

No nos hagamos pend#$&%: el empresario, nacional o extranjero, invierte para obtener ganancias, no para crear empleos; el político atrae la inversión privada para ganarse votos, no para crear empleos.

Cada empleo nuevo, con lo mal pagado que es, no le garantiza nada al trabajador: no le alcanza para estudiar, para sostener una familia, para comprar una casa o para atenderse una enfermedad; los nuevos “empleos” creados bajo este sistema sólo sirven para acrecentar la fortuna de los empresarios.

Atraer o facilitar la inversión es algo que se le debe reprochar a los políticos, no agradecérsele. El mérito de un gobierno, en materia de empleos, debería ser el de enfrentar a los empresarios; obligarlos a aumentar el personal, a subir los sueldos y a reducir la jornada laboral, y en caso de que se niegue el empresario, expropiarlo, despojarlo de su inversión y ponerla en manos de los trabajadores para que estos la echen a andar, así habría más empleos, menos cansados, y mejor pagados.

Éste es el mejor homenaje que el pueblo de México puede hacer a Lázaro Cárdenas, hacer como él hizo, expropiar a todos los empresarios que pongan sus ganancias por encima de la vida de los trabajadores.

Pero esto no lo va a hacer ningún político; lo tenemos que hacer nosotros, los trabajadores, y lo lograremos sólo cuando nos propongamos construir una fuerza política que haga efectivo el principio de que la riqueza debe ser de quien la crea: todo para los trabajadores, nada para los patrones.

La próxima vez que un político te prometa crear empleos sin necesidad de enfrentar a los invasores, corre detrás de él, alcánzalo, haz rollito el volante que te dio, y méteselo por el agujero, del pantalón o de la camisa, y explícale a quienes más puedas, por qué un político no puede crear empleos.