Dirección Política del MIR

“Al interrogársele manifestó que como las actividades que desarrolla las efectúa con absoluta convicción de sus actos, que tienden al mejoramiento de la vida nacional; es su voluntad no hacer declaración alguna que constituya por su parte traicionar a sus compañeros y que prefería la muerte antes de querer delatar a su organización; que en caso de hacerlo, se sentiría el individuo más infeliz y repugnante; que no podría dar la cara a ninguna persona afín a su ideología, agregando, que en caso de verse obligado a relatar sus actividades personales y las del grupo al que pertenece, en la primera oportunidad que tenga se suicidará.”

Éstas fueron las palabras que Fabricio Gómez Souza pronunció en 1971 ante la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS), cuando fue detenido en Veracruz. Fabricio era rehén del Estado Mexicano, su detención fue el resultado de su actividad política militar, tras la fundación de la guerrilla comunista del Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR).

La llama que latía en la vida de Fabricio Gómez Souza, se apagó el 10 de mayo de 2013, después de años de luchar férreamente contra diversas enfermedades y las deterioradas condiciones de las instituciones de salud. Pero el maestro Fabricio, como le decimos los que con él nos formamos y educamos en la lucha por el comunismo, es de esos hombres que no mueren; la llama que alumbró en vida prendió otras tantas, iluminando con ello el camino de la revolución; su legado ha de ser histórico.

Fabricio Gómez Souza, fue siempre consecuente con su concepción marxista-leninista del mundo, por ello vivió una vida de militancia incansable y de lucha revolucionaria. El maestro, nació en el poblado de Tuzantla, Michoacán en 1933. Se formó como profesor normalista, fue miembro del Partido Comunista de México y egresó como economista de la Universidad de Amistad de los Pueblos, Patricio Lumumba, con sede en Moscú, Rusia.

En 1968, cerradas las posibilidades democráticas en el país e influenciado por la revolución cubana, las luchas de los pueblos del tercer mundo contra el colonialismo y por su independencia, y tras la fundación de la Primera Conferencia Tricontinental de Solidaridad de los Pueblos, Fabricio inició los trabajos para fundar el Movimiento de Acción Revolucionaria, con sólo un y firme objetivo: derrocar al Estado burgués mexicano e instaurar la patria socialista.

En Moscú, el germen de lo que sería una de las guerrillas mejor preparadas en la historia de México, buscaría apoyo y entrenamiento político militar en las embajadas de Argelia, El Congo, China y Cuba, claros ejemplos de que la lucha armada es vigente; sin embargo, por distintas razones recibieron un no como respuesta. Pero eso no melló ni un centímetro su convicción revolucionaria y en 1969, Fabricio junto a otros fundadores del MAR, lograron convencer al gobierno norcoreano de adiestrar política y militarmente a 60 guerrilleros mexicanos.

El MAR, entró en acción en diciembre de 1970. Pero el 15 de marzo del siguiente año, narra Laura Castellanos, un mes después de la aprehensión de 20 de sus miembros, se hizo pública la noticia de la detención de Fabricio, señalado por el Estado Mexicano como uno de los principales dirigentes.

Fabricio estuvo preso durante el periodo de la guerra sucia, para ser amnistiado años más tarde. Pero la cárcel y la tortura no doblegó su espíritu, no melló la clara certeza de que el socialismo vencerá, ni mucho menos fracturó su convencimiento de que la ciencia del marxismo leninismo es la única guía posible para la emancipación del proletariado y los pueblos del mundo.

Liberado, se reincorporó a la actividad política y docente. En 1982 se sumó a la militancia de la agrupación comunista Corriente Socialista. Con la efervescencia política del 1988, generada tras el fraude electoral, Fabricio impulsó una táctica basada en la unidad de todos los revolucionarios y fuerzas progresistas, bajo un programa de Revolución Democrática. Fue así, como sus decisiones políticas lo llevaron a incorporase al Partido de la Revolución Democrática (PRD). Cabe señalar, que muchos años después, cuando de manera fustigante le preguntábamos por qué había participado en el PRD, por qué habían permitido la disolución de las organizaciones y fuerzas revolucionarias en una propuesta burguesa. El maestro respondía con un sincero y lacónico “Por pendejos”.

Aunque claro, minutos después, argumentaba que esta equivocada táctica fue basada, erróneamente, en la estrategia desarrollada por Lenin para enfrentar la Revolución Rusa de 1905, cuando el dirigente bolchevique enfrentaba la algidez de una situación revolucionaria sin contar con la posibilidad material de conquistar el poder y llevar al triunfo la revolución socialista, y que fue expuesta en su libro: “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revoluciona democrática”.

Fiel a su convicción democrática, participó en la fundación del Movimiento Democrático Magisterial en Michoacán. Colaboró en la formulación y redacción de las seis tareas contempladas en el Proyecto Político Sindical de la sección XVIII, aprobado en el congreso de 1995, donde las fuerzas democráticas derrotaron aplastantemente a las fracciones sindicales charras.

En el año 2005, con la coyuntura electoral a la puerta, la dispersión de las fuerzas comunistas y la propuesta de la Otra Campaña impulsada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN); Fabricio fundó el Comité Promotor de la Unidad Socialista (CPUS), con la finalidad de aportar a la necesaria tarea de coordinar y unir a los diversos grupos de socialistas comunistas que existían dispersos por todo el país y avanzar en la construcción del Partido Marxista del Proletariado.

Desde 2009, inició la tarea de redactar los Documentos Básicos, Principios, Estatutos y Estrategia que darían vida al Movimiento de Izquierda Revolucionaria, pues la síntesis de su experiencia lo llevó a reafirmar la tesis leninista de que “con el partido el proletariado es todo, sin el partido es nada”. Fue así que Fabricio pretendía sentar las bases de una organización poderosa, del instrumento sin el cual el triunfo del socialismo es impensable.

En el Congreso de Fundación en 2011, dio una batalla encarnizada contra las posiciones que consideraba desviaciones y reformistas, para que finalmente, su visión y concepción de partido generó el mayor consenso entre los delegados.

Duro e irreductible en sus principios, Fabricio Gómez Souza, fue siempre un comunista y revolucionario consecuente, sin embargo no por ello perdía la calidez y humildad. Fue así, como educó, con su palabra y ejemplo, a muchas generaciones de jóvenes comunistas.

Hay muchas cosas que se podrían escribir de él, de su vida y de su historia, de sus aportaciones a la lucha revolucionaria y de su clara influencia política en el movimiento popular, y de seguro se harán, pero creemos que lo importante es seguir su ejemplo y por supuesto, continuar luchando todos los días por el socialismo.

A personas como él, no se les dedica lágrimas o llantos, aunque esto sea casi imposible de lograr, a ellos, los imprescindibles, se les dedica toda una vida de lucha.

¡Hasta la victoria siempre camarada Fabricio!

Seguiremos tus enseñanzas

¡Vida y Fortuna por la revolución!

Estamos seguros que con tu ejemplo ¡Venceremos!