La lucha del proletariado también tiene rostros femeninos.
En la lucha de la clase trabajadora existen fechas que aunque son solamente un día en el calendario, conmemoran años de lucha, una de ellas es el 1° de mayo, en el que los y las trabajadoras salen a las calles a exigir las grandes demandas de la clase trabajadora, a conmemorar batallas ganadas después de largas luchas en las que se derramó la sangre de mujeres y hombres trabajadores en todo el mundo.

Y es en este día cuando, sobre todo cuando la estética masculina de la propaganda clásica nos hace ignorarlo, no debemos de olvidar que, en la lucha del proletariado por mejores condiciones laborales las mujeres siempre han estado presentes, exigiendo mejoras en la calidad de vida, porque el capitalismo no solo ha oprimido y explotado a las mujeres, sino que también ha causado que las mujeres se organicen para romper con esas cadenas.

Durante las luchas contra el absolutismo feudal, fueron varios los motines populares liderados por mujeres y eran continuas las manifestaciones en contra de la carestía de la vida, según  los relatos del historiador E. P. Thompson, eran repetidas las ocasiones en las que las mujeres golpeaban a un comerciante poco popular con sus propias papas, según el mismo autor, en 1963, las mujeres se dirigieron al mercado de Northampton, para forzar la venta del grano a un precio que ellas mismas establecían. Años más tarde en 1792 en los barrios obreros de Paris las mujeres vuelven a protagonizar movilizaciones populares, esta vez manifestándose por la carestía del azúcar, después en 1973 una revuelta iniciada por lavanderas logra de nuevo que los precios de las mercancías se tazaran de manera popular, y exigen medidas en contra de los acaparadores y especuladores.

A finales del siglos XVIII en Francia, las mujeres de los barrios obreros fueron las que principalmente se movilizaron por el pan, mientras que las mujeres instruidas de las clases media y la burguesía buscaban la igualdad de derechos, las mujeres pobres se manifiestan contra la carestía. En este periodo de la historia es cuando surge el feminismo reclamando los derechos civiles y políticos  para las mujeres  en igualdad con los varones.
Durante la revolución industrial la  figura de la mujer trabajadora se vuelve problemática, se convierte en un tema de discusión, porque pone el conflicto entre el estereotipo de lo femenino del sistema patriarcal dominante y el trabajo asalariado. Ya en 1988 las hilanderas manuales de Leicester, Inglaterra, formaron una hermandad clandestina que utilizaba la destrucción de las máquinas de hilar como protesta, estas hermandades fueron una de las primeras propuestas de organización sindical de las mujeres. Ellas, debido a los bajos salarios que se les imponía, eran vistas más como una amenaza que como un aliado por sus compañeros varones. La patronal a sabiendas de esta contradicción,  le destino  un rol a las mujeres trabajadoras: El de convertirlas en un ejército que presionara contra los intereses de los trabajadores varones, con salarios más bajos a igual actividad.
De esta manera las mujeres obreras eran explotadas por la patronal y abandonadas por las organizaciones sindicales más importantes, mientras que a la par, protagonizaban los grandes acontecimientos de la lucha de clases del siglo XX. Como la del marzo de 1909, cuando 140 jóvenes que trabajaban en condiciones infrahumanas fueron asesinadas por su patrón en un incendio en la fábrica en que laboraban, acontecimiento que le daría sustento a lo que hoy conocemos como 8 de marzo, e indignación que fue cocinando la participación de las mujeres en las revoluciones que más tarde se darían en el mundo.
En 1874 surge la Liga de Sindicatos de Mujeres que apoya a la construcción de más de treinta sindicatos femeniles. Es importante recalcar que las mujeres no se organizaron de forma independiente de los varones por una inspiración feminista, sino porque la mayoría de los sindicatos de la época trataba de defender los empleos y salarios de sus afiliados, pero, manteniendo a las mujeres fuera de sus organizaciones, incluso, peleando contra su inclusión laboral.
En 1971 el 18 de marzo la rebelión del pueblo de Paris instauró un poder  comunal, la resistencia de la gloriosa comunal de Paris solo pudo quebrarse después de semanas de sangrientas luchas. En una investigación acerca de la comuna de Paris el brasileño Silvio costa destaca los nombres de numerosas mujeres que participaron en las diferentes organizaciones y tareas revolucionarias.
A principios de 1912, en la ciudad de Lawrence, Massachusetts, estallo la huelga conocida como pan y rosas, protagonizada por obreras textileras, que resumían, en esta consigna, sus demandas por aumento de salario y mejores condiciones de vida. Luego de varios días de conflicto se les envía a los hijos de las huelguistas a otras ciudades donde los albergan familias solidarias. En un primer tren salen 120 niños, pero en el momento en que se dispone la salida del segundo tren, la policía desata la represión contra los niños y las mujeres que los acompañan. Este episodio, llega a los diarios de todo el país y el parlamento, aumentando  la solidaridad popular con las huelguistas.
En México, el papel de las mujeres trabajadoras ha sido igual de importante en las luchas obreras, sólo por mencionar algunas, en 1916 en Yucatán surge el primer congreso de mujeres (feministas) por la lucha de sus derechos específicos, avanzando en un agenda propia pero con propuestas hacia el movimiento obrero en su conjunto. Dando un salto en el tiempo, en diciembre de 1993 el EZLN incluye en su primer boletín una ley revolucionaria de las mujeres, en donde las mujeres de los Altos de la zona norte de Tzotz Choj, de la selva Tseltal, y de la selva fronteriza hacen escuchar su voz de indígenas rebeldes como parte de la lucha de sus pueblos. En esta ley asientan con determinación que las mujeres tienen derecho, sin importar su raza o su credo a participar en la lucha revolucionaria, a trabajar y recibir un salario justo, a decidir el número de hijos que puede tener y cuidar, a participar en los asuntos de la comunidad, a la salud, a la salud y a la alimentación, a elegir su pareja, a no ser golpeadas y a ocupar cargos de dirección en la organización. A todo lo que millones de mujeres dentro y fuera de las comunidades siguen sin tener.
En octubre del 2015, hace menos de un año, se creó el Sindicato de trabajadores y trabajadoras del Hogar (SINACTTRAHO), sindicato que busca dignificar el trabajo de más de 2 millones 300 mil personas que realizan trabajo remunerado en domicilios, trabajo que generalmente recae en mujeres pobres y con más necesidades, que aceptan muchas veces pésimas condiciones de trabajo.
En diferentes ocasiones de la historia se ha intentado relegar a las mujeres a los hogares, negándole la posibilidad de trabajo remunerado, pero las mujeres han luchado a un lado de sus compañeros varones, por las demandas propias de la clase trabajadora y también por las demandas propias de las mujeres.
Comité Feminista, MIR.