Comité Magisterial de Movimiento de Izquierda Revolucionaria

Es cierto que tanto Marx y Engels no hicieron de los fenómenos educativos uno de sus principales objetos de estudio, sin embargo también es correcto lo señalado por el pedagogo polaco, Bogdan Suchodolski (1865), quien afirma que los problemas pedagógicos atraviesan las reflexiones de los fundadores del materialismo histórico en la medida que se relacionan con temas como la alienación, la ideología o desarrollo teórico del proletariado. Shuchodolski agrega, que es también la crítica al idealismo pedagógico, enarbolado por las fantasías reformadoras de los socialistas utópicos o el teoricismo de los hegelianos de izquierda, lo que motivó a Marx a reflexionar sobre temas educativos, tal es el caso de la III Tesis sobre Feuerbach, la cual apunta

[III] La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la división de la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad (así, por ej., en Robert Owen)…La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.

Es importante que recordemos que Robert Owen (1771-1858) era partidario de la doctrina conocida como Fraternidad Humana, la cual afirmaba que se puede construir un Nuevo Mundo Moral por medio de reformas sustentadas en la razón. En su Ensayos sobre Principios de la Formación del Carácter Humano (1813) y el Libro del Nuevo Mundo Moral (1844), Robert Owen atribuye románticamente cualidades a la educación, puesto que supone que es la ignorancia de los hombres el principal obstáculo que impide a la humanidad superar las condiciones de pobreza, el crimen y la infelicidad. Es por ello que para Owen, la socialización de la educación permite la reforma gradual pero permanente de las condiciones sociales.

Cabe señalar que el papel reformador que socialistas utópicos atribuían a la educación, fue inspirado por el humanismo y racionalismo “burgués” promovido por la ilustración europea. No es un secreto que tanto Diderot (1713-1784) como Voltaire (1694-1778), por medio de una carta aconsejaron a la emperatriz Catalina de Rusia, que enseñar a leer, escribir y contar a su población, desde el primer ministro hasta el último campesino. Tampoco es un secreto que la monarca rusa se negó a dicha solicitud, ante lo cual tanto Diderot como Voltaire, respondieron: “esto es porque un campesino que sabe leer es más difícil de explotar que un paisano analfabeto” (Ponce s.f., 86)

Irónicamente, pese a que el movimiento utopista pretendía ser más radicar, muchos ilustradores se mostraron renuentes sobre el poder reformador de la educación, Claude-Adrien Helvecio (1715-1771), señalaba que: “el arte de la formación de los hombres en todos los países está tan íntimamente vinculado al sistema político, que no resulta posible una trasformación esencial de la educación popular sin un correspondiente cambio de la constitución del país”. En el mismo tono renuente Enrique Pestalozzi (1746-1827) apuntaba que: “una autentica educación humana en el orden social capitalista entra en conflicto con las inhumanas relaciones materiales entre las personas” (Suchodolski 1965).

En el caso que nos concierne, Marx mostró que la educación por sí misma tiene un poder acotado para trasformar esencialmente las condiciones materiales de la existencia humana, pues el educador siempre tiene que ser educado, o en otras palabras, la educación misma es resultado de anteriores relaciones sociales, relaciones que preceden a la voluntad de individual. Quizás la crítica más voraz de Marx contra el idealismo pedagógico aparece en 1845, en su obra La sagrada familia. En donde el joven Marx demuele las pretensiones “emancipadoras” de la crítica critica de Bruno Bauer.

Las bases materialistas aportadas Marx, serán el punto de partida para que el argentino Aníbal Ponce (1898-1838), desarrollará una de las obras más importantes dentro del pensamiento marxista sobre educación, nos referimos a Educación y lucha de Clases (1934).

En su obra, Ponce no solo fustiga las supuestas cualidades “transformadoras” de la educación, sino que, por medio de un riguroso análisis histórico materialista, expone la naturaleza clasista de la misma.

Para Aníbal Ponce, la educación es un proceso social que expresa la transferencia, creación y recreación generacional de la cultura, representa un fenómeno eterno y natural a las sociedades humanas, es decir inherente a ellas. Este fenómeno expresa en esencia la relación entre las diferentes generaciones o mejor dicho, la relación de los hombres como seres sociales que proyectan a futuro la reproducción de la cultura. En este sentido, para A. Ponce la educación es un fenómeno que adapta a las nuevas generaciones a las condiciones sociales vigentes.

En primer lugar lo que habitualmente denominamos cultura, o sea, la completa y multiforme producción de toda la tierra (o de un país determinado, si se quiere restringir espacialmente el problema), está constituido por un conjunto de fenómenos que no poseen otro denominador común que el de ser “creación de los hombres”, es decir productos no naturales[…] En segundo lugar, y como derivación de los anterior, es patente que el campo de la cultura engloba a un conjunto de fenómenos que, más allá del denominador común señalado, poseen estatus teóricos diferentes en la medida que corresponden a sí mismos diferentes de la realidad social […] Tercero: al ser la cultura una creación de los hombres es, quiérase o no, un producto social; no puede comprendérsela, por tanto, al margen de sus condiciones sociales de producción y, consecuentemente, de la estructura social a partir de la cual es producida.(CUEVA, 1982:82).

Ponce, demuestra que, en el transcurso de la historia, la educación, al ser el proceso por el cual la cultura se reproduce, inevitablemente se ve influenciada por contenidos e interés de clase. Aunque en las sociedades clasistas la educación sigue siendo un fenómeno espontáneo, justo como en la Comunidad Primitiva, la diferencia es que se configura concretamente a partir de formas y contenidos educativos de carácter clasista, llegando a su institucionalización formal en la escuela, la familia, las instituciones clericales o universidades. La institucionalización de cierto tipo de educación, en el fondo y de forma abierta o velada, pugna por la reproducción de una forma específica de relaciones sociales, es decir por la reproducción de forma específica de sociedad, cultura, ideología y de poder político.

Es por ello que para los marxistas la pedagogía tiene la tarea inicial de adaptar a la joven generación a las relaciones humanas vigente en la sociedad, no es su cometido prepararlas para crear nuevas relaciones (Suchodolski 1965).

Así, mediante la educación dirigida a las clases populares, las clases dominantes buscan el mantenimiento, afianzamiento y expansión de su dominación política y su dirección cultural. De esta forma, en cada formación social hay una forma de educación, atravesada por la forma en que se expresa el antagonismo de clase, pero donde la educación dominante es siempre la que consecuentemente obedece a la clase dominante, no bajo elementos constitutivos, dispersos o fortuitos, sino como mecanismo que articula la ideología dominante, la cultura de las elites y subordina la cultura e ideas de las clases subalternas, intentando por medio de la educación perpetuar su dominación. Es por ello que el marxista argentino señala

Para ser eficaz, toda educación impuesta por las clases poseedoras debe cumplir estas tres condiciones esenciales: destruir los restos de alguna tradición enemiga; consolidar y ampliar su propia situación como clase dominante; prevenir los comienzos de una posible rebelión de las clases dominadas. Sobre el plano de la educación, la clase dominante opera en tres frentes distintos, y aunque cada uno de esos frentes solicite vigilancia desigual según las épocas, la clase dominante no los abandona jamás (Ponce s.f., 22)

En capítulos posteriores, en sintonía con la crítica de Marx a Owen, agrega

El concepto de la evolución histórica como un resultado de las luchas de clase nos ha mostrado, en efecto, que la educación es el procedimiento mediante el cual las clases dominantes preparan en la mentalidad y la conducta de los niños las condiciones fundamentales de su propia existencia. Pedirle al Estado que se desprenda de la escuela es como pedirle que se desprenda del ejército, la policía o la justicia. Los ideales pedagógicos no son creaciones artificiales que un pensador descubre en la soledad y que trata de imponer después por creerlos justos… esos ideales no son capaces de transformar la sociedad sino después de que la clase que los inspira ha triunfado y deshecho a las clases rivales. La clase que domina materialmente es la que domina también con su moral, su educación y sus ideas (Ponce s.f., 110)

Aníbal Ponce, no será el único pensador marxista que denunciará el carácter político y opresivo de las instituciones educativas. Por su parte, Louis Althusser, en su obra Ideología y aparatos ideológicos del Estado (Althusser 1988), al cuestionar lo que para él es una concepción instrumentalista y descriptiva de la teoría marxista-leninista del Estado, incorpora como categorías determinantes del concepto, a los aparatos ideológicos, tales como los religiosos, el escolar, familiar, sindical, cultural, de información, políticos, etc (25). Para Althusser, los aparatos ideológicos, incluida la educación, son una condición para que se reproduzcan las relaciones de producción. En este sentido apunta:

En otros términos, la escuela (…) enseña las “habilidades” bajo formas que aseguran el sometimiento a la ideología dominante o el dominio de su “práctica”. Todos los agentes de la producción, la explotación y la represión, sin hablar de los “profesionales de la ideología” (Marx) deben estar “compenetrados” en tal o cual carácter con esta ideología para cumplir “concienzudamente” con sus tareas, sea de explotados (los proletarios), de explotadores (los capitalistas), de auxiliares de la explotación (los cuadros), de grandes sacerdotes de la ideología dominante (sus “funcionarios”, etcétera)

La tesis central de Louis Althusser, expuesta en Ideología y aparatos ideológicos del Estado, concuerda con las tesis de A. Ponce, en la medida que ve en la escuela-educación formalizada, un mecanismo de dominación ideológica pero también de preparación técnica de las clases, según el papel que les toque desempeñar, como dirigentes o dirigidos.

Sin embargo, cabe señalar que la idea de que la educación formalizada sea expuesta como una instancia monolítica de dominación contrasta la con la visión de Antonio Gramsci. En sus artículos y Cartas de la cárcel sobre la hegemonía, la educación y el papel de los intelectuales, Gramsci difiere de la concepción althusseriana de aparatos ideológicos, y por supuesto también en su concepción de la educación como mera dominación, en la medida que su concepto de Estado también es diferente. Para el marxista italiano la educación, es parte de la sociedad civil y no política (Estado propiamente), por lo que representa un espacio activo de disputa de la dirección cultura, y por tanto de cuestionamiento de la dominación de la clase propietaria. La educación al ser parte de la construcción de hegemonía, no siempre está enmohecida por las viejas relaciones sociales. Son aleccionadoras las reflexiones gramscianas de cómo fue que las fuerzas feudales perdieron ante la burguesía, su capacidad de hegemonizar ideológicamente; y también, cómo es que la burguesía perderá dicha hegemonía ante el proletariado, si se desarrolla una “necesaria preparación ideológica de las masas”. Sobre el papel de los intelectuales en la disputa política apunta Gramsci

[…] yo extiendo mucho la noción de intelectual, sin limitarme a la noción corriente que hace referencia a los grandes intelectuales. Este estudio lleva también a ciertas determinaciones del concepto de Estado, normalmente entendido como sociedad política (o dictadura, o aparato coercitivo para conformar la masa popular según el tipo de producción y la economía de un momento dado) y no como un equilibrio entre la Sociedad política y la Sociedad civil (o hegemonía de un grupo social sobre toda la sociedad nacional ejercida a través de las organizaciones denominadas privadas, como la Iglesia, los sindicatos, las escuelas, etc.) precisamente en la sociedad civil operan de modo especial los intelectuales (Croce, por ejemplo, es una especie de papa laico y un instrumento eficacísimo de hegemonía, aunque de vez en cuando pueda encontrarse en oposición a tal o cual gobierno, etc.).En mi opinión, ilustra la razón o una de las razones de la caída de las Comunas medievales, es decir, del gobierno de una clase económica que no supo crearse una categoría propia de intelectuales y ejercer, por tanto, una hegemonía, además de una dictadura (Gramsci 2010)

En este sentido, la crítica a la cultura decadente de los regímenes monárquicos y clericales, por medio de nuevas concepciones educativas, permitió la superposición y creación de una nueva dirección cultural; la de la burguesía, situación cardinal para entender las revoluciones del burguesas. Antonio Gramsci apunta en este sentido que:

[…] toda revolución ha sido precedida por un intenso trabajo de crítica, de penetración cultural, de permeación de ideas a través de agregados humanos al principio refractarios… El último ejemplo, el más próximo a nosotros y, por eso mismo, el menos diverso del nuestro, es el de la Revolución francesa. El anterior período cultural, llamado de la Ilustración y tan difamado por los fáciles críticos de la razón teorética, no fue –o no fue, al menos, completamente– ese revoloteo de superficiales inteligencias enciclopédicas que discurrían de todo y de todos con uniforme imperturbabilidad, que creían ser hombres de su tiempo sólo una vez leída la Gran Enciclopedia de D’Alembert y Diderot; no fue, en suma, sólo un fenómeno de intelectualismo pedante y árido, como el que hoy tenemos delante y encuentra su mayor despliegue en las Universidades populares de ínfima categoría. Fue una revolución magnífica por la cual… toda Europa se formó como una conciencia unitaria, una espiritualidad burguesa.

Las reflexiones de Gramsci nos permiten entender el carácter contradictorio de la educación, por un lado como instrumento de dominación, por otro un espacio de disputa de las clases populares para ampliar sus derechos democráticos. Es en este sentido, que Suchodolski en su libro Teoría marxista de la educación (1965), interpreta la tercera Tesis sobre Feuerbach, puesto Marx no sólo cuestionó el poder de la educación para crear nuevas condiciones históricas de convivencia humana, sino que también da una posibilidad transformadora,

…demostró que la educación misma es resultado de las anteriores relaciones humanas; al mismo tiempo índico el camino que posibilita salir de este círculo vicioso mediante la practica revolucionaria. Marx enseña como por su acción revolucionaria los hombres pueden crear nuevas relaciones materiales entre las personas, incluso a pesar de ser ellos mismos un producto de las viejas relaciones (Suchodolski 1965).

Podríamos concluir este primer esfuerzo, apuntado que la educación humana se fundamenta en viejas relaciones y sólo adquiere posibilidad transformadora si se conjuga con acciones abiertamente políticas.