A unos días de que finalice el proceso electoral, existen dos posibles escenarios que se vislumbra con cierta claridad. El primero de ellos es el triunfo de AMLO reconocido por la oligarquía y el Estado; el segundo, es el escenario de fraude electoral y de imposición de Anaya o Meade.

En el primer caso, un eventual triunfo de AMLO, de facto se reestructura la correlación de fuerzas políticas. Por otro lado, los segmentos de la elite empresarial no incorporados al proyecto de MORENA, consolidarán un bloque de derecha profundamente reaccionario y beligerante, muy similar al construido a la oposición antichavista en Venezuela, que esperará el fracaso social del programa restaurador de MORENA, impulsará campañas mediáticas y pretenderá ascender de forma más virulenta al poder, tal como paso en Chile, Brasil y Argentina.  Por otro lado, las fuerzas de izquierda revolucionaria quedarán también como oposición. Esta situación podría aislarnos aún más, pues ante la restauración del régimen burgués y de su estado de derecho, nuestras exigencias aparecerían como críticas a un régimen con una gran aceptación popular.

La restauración burguesa mediante un régimen de orden y progreso, significa un escenario de neutralización de las, ya de por sí, insignificantes fuerzas comunistas y de izquierda radical. Sin embargo, la incapacidad de AMLO de solucionar las grandes demandas sociales debido a las ataduras que los pactos con la oligarquía conllevaron, la agudización de la crisis capitalista y los efectos de la reindustrialización de Estados Unidos, así como un ambiente democrático, generan la posibilidad de que la izquierda anticapitalista se convierta en referente.

Con el escenario de fraude, si bien se podrían desatar fuertes movilizaciones, es claro que MORENA no las llevará hasta sus últimas consecuencias. No solo por la voluntad moderada de AMLO, sino porque las acciones de protesta dividirían a MORENA en dos partes. Es claro que muchos de los aliados tácticos que AMLO encontró en la burguesía, no se jugarán todo su poder en las calles. Esta situación se repetiría con la nueva burocracia del estado de MORENA que claramente se han aliado al tabasqueño por oportunismo político.

Un eventual fraude, si bien implicaría una gran movilización de masas a nivel nacional, también es cierto que sería una ilusión que los comunistas y revolucionarios sin influencia relevante en el movimiento de masas podamos dirigir o influir significativamente en el proceso. Nuestro papel está en otro escenario.

La crisis que atraviesa el capitalismo mundial y que tiene profundas consecuencias en nuestros países, requiere de un referente político, una plataforma de masas que dispute nuestro destino.  Ni el programa restaurador de AMLO ni el continuismo neoliberal, podrán enfrentar la gran tormenta que se cierne sobre el capitalismo mundial y ante este escenario urge la construcción de una plataforma política proletaria, que defienda la independencia de la clase trabajadora y logre ganar a las masas.

En este sentido, en el escenario poselectoral, la estrategia central de las organizaciones de las y los trabajadores es confrontar nuestras aspiraciones y demandas con las del gobierno que surja de la coyuntura electoral.

Debemos impulsar decidida y políticamente la cancelación de todas las reformas estructurales, no solo la eliminación de los filos más agudos, sino el contenido mismo del programa neoliberal. Esta acción no sólo nos diferenciará de la oposición de derecha, también nos colocará a la izquierda de MORENA.

Es necesario exponer los límites de la democracia burguesa, las contradicciones del programa restaurador de MORENA, y la necesidad de una democracia popular y socialista. Además de defender a toda costa la independencia política de clase, no colocándose a la cola de los partidos pequeñoburgueses y burgueses ni fundirse en ellos, debemos agitar y organizar en torno a una propuesta que fortalezca la lucha desde una perspectiva proletaria. La tarea es ardua, pero urgente.