Comité Magisterial del Movimiento de Izquierda Revolucionaria

Los cambios en la política comercial de Estados Unidos son ininteligibles para muchos políticos y analistas económicos. No sólo es la cancelación del Acuerdo Transpacífico (TTP) y su fiel intensión de hacer lo propio con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), a ello se le suma haber rechazado el resolutivo de la cumbre de los 7 países más industrializados del mundo (G-7), realizado el 9 y 10 de junio en Quebec, Canadá, en la cual se critican las políticas comerciales de Estados Unidos; la imposición de aranceles del 25 y 10 por ciento a la importación de acero y aluminio provenientes de la Unión Europea, Canadá y México, y; los fuertes aranceles del 25 por ciento a productos chinos, impuestos que tienen un valor de 50 mil millones de dólares.

Las críticas han surgido de todos los espectros, pero son los comentarios y opiniones del premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, las que sobresalen mediáticamente. Por medio de su cuenta de twitter, conferencias o columnas de opinión en el New York Times, el profesor de Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton, ha cuestionado las medidas arancelarias propuesta por el ocupante de la Casa Blanca.

Sobre la imposición de aranceles a las importaciones, el 27 de enero del 2017, Krugman comentó que la “gran ignorancia en materia de economía del magnate y sus asesores perjudicaría a los consumidores norteamericanos, pues serían estos quienes terminarían pagando el arancel”. Agregó que tal impuesto, iría en contra de las reglas internacionales de la Organización Mundial del Comercio, que prohíbe imponer tarifas de manera unilateral.

Trump probablemente se sentía deprimido, así que sus asesores le dijeron que tenían una respuesta a sus críticos pero ellos no entendían ni la economía ni las reglas del comercio mundial y no se dieron cuenta de lo explosivo que era, escribió el premio nobel.

En su participación en la Convención Nacional de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (CANACINTRA), realizada en la ciudad de Toluca, el 24 de marzo del año pasado, el nobel de economía enfatizó la inviabilidad de la política económica proteccionista del actual presidente norteamericano. Puntualizó que posiblemente, de realizar sus promesas, el magnate neoyorquino desataría una crisis en Estados Unidos, además, no descartó la posibilidad de su destitución o renuncia.

Krugman, también señaló que la cancelación del TLCAN es menos probable que una guerra mundial y que de realizarse sería una “renegociación”, sólo sería cosmética. Mientras más tiempo esté en el cargo, mayores son las probabilidades de que provoque una crisis…Pienso que las probabilidades de que Trump inicie una tercera guerra mundial son de alguna manera más altas que sus probabilidades de revocar el TLCAN, fueron algunas de sus reflexiones.

En marzo de 2018, el profesor de economía publicó una columna en el New York Times, en la cual señala que la idea de Trump de que una guerra comercial sería “buena” y “fácil de ganar” es “increíblemente estúpida”.

Sin embargo, los análisis del profesor de Princeton son poco afortunados. En la lógica económica de Krugman, las declaraciones de Trump son descabelladas porque contravienen los cánones librecambistas que han dominado la política económica en los últimos treinta años. En su perspectiva, el libre comercio permite la especialización productiva a gran escala la cual, en teoría, disminuye los costos de producción y diversifica la oferta de mercancías beneficiando al consumir con bajos precios y mejores productos.

Para Krugman los acuerdos de libre comercio permiten que la producción a pequeña escala, dirigida a mercados locales, sea remplazada por la producción a gran escala más eficiente y de alcance mundial. Esta tesis fue expuesta en su análisis sobre los patrones comerciales y la localización de la actividad económica, la cual le valió al economista norteamericano el citado Premio.

Si bien es cierto que Krugman es crítico del monetarismo neoliberal que promueve la reducción de la masa monetaria circulante para contrarrestar efectos inflacionarios, pues según él esto limita la capacidad recaudatoria del gobierno, difícilmente se podría caracterizar de “izquierda”.

No es casual que de 1982 a 1983 el profesor de Princeton fuera parte del Consejo de Asesores Económicos de la administración del ex presidente estadounidense Ronald Reagan, uno de los primeros gobiernos impulsores del Neoliberalismo, así como columnista de la revista Fortune y del New York Times, dos de los principales medios de comunicación defensores del orden neoliberal.

Aunque la política arancelaria de Trump es incomprensible para el mercantilismo de Krugman, en realidad no es descabellada, ni mucho menos un error teórico. El impuesto a las importaciones no pretende gravar el consumo e incrementar la recaudación, aunque esto puede pasar, el objetivo fundamental es desalentar las importaciones mexicanas, chinas, canadienses, etc.,  para fortalecer el mercado interno y motivar a las empresas, sobre todo las del ramo metal-mecánico, a reestablecer sus procesos de producción en el territorio de Estados Unidos.

En teoría, esto supone conseguir una balanza comercial favorable, es decir, convertir a Estados Unidos en un país productor y exportador de mercancías manufacturadas cuyo efecto sería crear empleos, pero además permitiría sentar las bases de una planta industrial que soporte la política belicista de Trump.

La propuesta económica de Donald Trump, teórica y empíricamente dista de los objetivos seguidos por la teoría neoliberal de Krugman. Recordemos que el nuevo presidente de Estados Unidos ganó, entre otras cosas, porque prometió “regresar” los puestos de trabajo a la población blanca, quienes en parte los perdieron precisamente por los efectos creados por la “especialización productiva a gran escala” –promovida por teóricos como Krugman-, política que terminó por trasladar a otras partes de mundo los empleos manufactureros otrora instalados en los centros industriales de la Unión Americana.

Otro error de Krugman, consiste en suponer que se puede destituir fácilmente a Trump de la presidencia o que él renunciará, pues el empresario neoyorquino tiene a su favor, no sólo un segmento de la clase trabajadora blanca norteamericana y los supremacistas raciales, además cuenta con el respaldo del ejército y las corporaciones transnacionales. ¿Quién promoverá la destitución o la renuncia de Donald Trump?

El actual presidente ha sumado a su gobierno a fuerzas económicas, políticas y militares del “Estado Profundo” (Deep State), el poder detrás del poder. El gabinete del actual presidente se ha construido a partir de pactos con actores claves que dominan el complejo industrial-militar-financiero.

Ocupando posiciones políticas de primer orden se encuentran los ex presidentes de trasnacionales Andrew Puzder vinculado a CKE-Carl’s Jr; Linda McMahon de WWE; Betsy Devos, Amway. Inclusive Rick Perry quien encabeza el Departamento de Energía, y es integrante de la junta directiva de Energy Transfer Partners, la empresa encargada de construir el oleoducto Dakota Access.

Gary Cohon, Wilbur Ross, Steve Mnuchin, vinculados a la financista Goldman Sachs Group, tienen posiciones de primer orden en el gabinete de Trump. A ello se le suma la reciente asesoría de Jamie Dimon, presidente de la financiera JP-Morgan, quien asesoró al gobierno para eliminar la ley de regulación financiera Dodd-Frank.

La consolidación del proyecto nacionalista se concretó con el apoyo de generales como James Mattis, John Kelly y Mike Pompeo, quienes promovieron el apoyo a Trump entre los miembros del ejército. En retribución el nuevo presidente norteamericano ha incrementado menormente la partida presupuestal del Pentágono, con lo cual se superará el tope histórico de los 800 mil millones.

Sobre la crisis que induciría la política de Trump, para ser justos, se debería de considerar que tal crisis ya existe y no es culpa del proteccionismo promovido por el magnate, sino del mismo mercantilismo neoliberal que ha dominado la política económica mundial en los últimos tres decenios. Según datos del Banco Mundial (BM), el Producto Interno Bruto (PIB) del imperio en el periodo posterior a la crisis de 2008, no ha crecido a tasas mayores del 2 por ciento, lo que para algunos analistas esto representa abiertamente una situación de recesión.

En contraste con el mediocre crecimiento de los indicadores industriales en la Bolsa de Valores (NYSE) en los últimos años de la administración de Obama y los malos augurios de los mercantilistas como Krugman, el comportamiento del Índice Industrial Dow Jones (DJI), en el cual cotizan las 30 principales empresas industriales localizadas en Estados Unidos, ha registrado niveles históricos de crecimiento desde noviembre de 2016, justo en los inicios de la “era” Trump, lo que indica que el sector industrial de Estados Unidos se está capitalizando.

Si sumamos las expectativas de ganancias que vaticinan los grandes desarrollistas  privados, derivado del anuncio del programa de infraestructura de 1 billón de dólares que financiará la Casa Blanca, es poco probable que los capitales salgan “asustados” de Estados Unidos y quiebren al país.

El liberalismo mercantilista de Krugman, olvida que en el capitalismo es la obscena ambición de ganancias y no las encuestas de popularidad lo que define la política económica de los gobiernos. Es claro que para los dogmas neoliberales, el rancio nacionalismo proteccionista de Trump, les ocasiona más de una pesadilla.

Pero quizás, Krugman tenga razón en algo, en sus twitters compara a Donal Trump con el emperador romano Calígula, quien más allá de nombrar cónsul a su caballo: Incitatus, se caracterizó por tener un profundo desprecio a las instituciones de la Republica e impulsar una política guerrerista y expansionista que le permitió obtener al imperio el control del sur de Europa (Mauritania) y preparar la invasión del norte (Britania). Al igual que el emperador romano, es el carácter imperial de Estados Unidos, donde reside la fortaleza de Trump.