Comité de Base Magisterial del Movimiento de Izquierda Revolucionaria

El 15 de junio, el gobierno de Estados Unidos (EE.UU) impulsó aranceles por más de 50 mil millones de dólares a los productos chinos, ante lo cual el presidente Chino, Xi Jinping, respondió con una media “reciproca”. Esta guerra económica entre China y Estados Unidos ha ocupado los titulares de los diferentes medios de comunicación, sin embargo no es ni por mucho lo más preocupante.

La última semana de mayo, buques de guerra norteamericanos, incursionaron en las fronteras marítimas de China, como respuesta Pekín envió aviones y barcos de guerra al archipiélago de las islas Paracelso, ubicado en el Mar del Sur de China, para disuadir la intromisión militar estadounidense en la soberanía de China.

Las crecientes tenciones militares, que si bien se remontan décadas atrás, se han agudizado con el gobierno de Trump, quien ha desatado el incremento del presupuesto militar del gobierno de Xi Jinping.

El vocero de la Asamblea Popular Nacional de China, Fu Ying, anunció en marzo de 2017, que el presupuesto militar del Gigante Asiático se incrementaría en un 7 por ciento para llegar al monto de 146 mil millones de dólares. Anqué los argumentos esgrimidos por el portavoz del gobierno chino apuntaron que dicha medida se realiza en concordancia con los resolutivos de la Conferencia Internacional de Seguridad, celebrada en Múnich, Alemania, el pasado mes de febrero, donde se recomendó a los gobiernos aumentar los gastos de defensa hasta un 2% del Producto Interno Bruto (PIB), en realidad, la razón apremiante es la creciente tensión y posible confrontación militar contra los Estados Unidos América (EE.UU.).

En el 2018, el presupuesto militar de China, ascendió al 8 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB), lo cual equivale a 175 mil millones de dólares, superando el presupuesto del año pasado cuando sólo se aprobaron un presupuesto de 7 %. Con lo anterior, China se colocó como el segundo país con el mayor gasto militar en el mundo, teniendo solo a Estados Unidos por delante.

Un posible conflicto bélico podría desatarse si ambos Estados deciden intensificar la pelea por control del conjunto de islas e islotes ubicados en el Mar Meridional de China, uno de los epicentros de las rutas comerciales y de transporte marítimo del Gigante Asiático. La tensa calma se enturbia con la permanente amenaza militar del Comando del Pacifico de Estados Unidos y la intensificación de la presencia militar china en la zona.

El enrarecimiento de las relaciones diplomáticas y militares, no se reducen a las tenciones de mayo pasado. El tres de diciembre de 2016, el magnate neoyorquino Donald Trump, habló con la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen. El contacto entre Washington y Taipéi, capital de Taiwán, motivo una queja oficial de Pekín, pues la decisión del presidente norteamericano violentó la política de “Una sola China” pactada desde 1949 con la el gobierno de Pekín, quien no reconoce la soberanía de Taiwán.

Los conflictos se han agudizado también de forma indirecta, ya sea porque Estados Unidos azuza a Japón para intensificar las disputas por las islas Senkaku/Diaoyu, ubicadas en el Mar del Este de China, con su vecino y rival en Asia Oriental. O por medio de presionar al Gigante Asiático para que juegue el complicado rol de mediador y factor de contención nuclear de Corea del Norte.

Con estas condiciones, la guerra es un futuro posible. Según el portar RT, el ex asesor de Trump, el supremacista blanco y antiislámico Steve Bannon, señaló que “en 5 y 10 años estaremos en guerra en el mar de la China Meridional… No habrá dudas de eso. Ellos (los chinos) están construyendo portaaviones insumergibles, donde están colocando misiles. Ellos están viniendo a Estados Unidos ante nuestros ojos”.

Por su parte, un alto funcionario de la Comisión Militar Central (CMC) de China, advirtió el 27 de enero, que una guerra entre Pekín y Washington, bajo el mandato de Trump, podría estallar “esa misma noche”.

La amenaza de una posible incursión del Estado Islámico en el territorio chino, camuflado entre los 20 millones de personas que componen la minoría china-musulmana de la etnia Uigur, activó las señales de una posible injerencia norteamericana en territorio chino por medio de “grupos terroristas”, tal como lo hiciera Washington en Siria.

El reto técnico y económico para Pekín, es modernizar y crear un ejército lo sufrientemente poderoso para enfrentarse en los próximos años, en cualquier situación y cualquier terreno, a las fuerzas de EE.UU., con solo una tercera parte del presupuesto norteamericano, ya que las fuerzas militares del Dragón Asiático, solo gasta 214 mil millones de dólares en comparación con los exorbitantes 600 mil millones a los que cada año accede el Pentágono.

Los tambores de guerra suenan estridentes, es imposible que Pekín no los escuche. Ahora el gobierno Chino se preparara para una guerra, que de desatarse, pondría al mudo el borde del abismo.