Comisión Central de Formación Política MIR

El capitalismo hoy atraviesa una crisis de dimensiones históricas, no solo es la crisis económica que desde el 2008 amenaza el sistema financiero y productivo del mundo, también se añade la crisis ambiental, producto de la depredación y saqueo aberrante e irracional de la naturaleza; la crisis alimentaria, ocasionada por la transformación de ciertos cultivos de granos básicos en biocombustibles, amenazando con el fantasma de la hambruna a cientos de pueblos. En este sentido, la crisis del capitalismo hoy es el resultado lógico de su paradigma civilizatorio, basado en el lucro, la obtención de ganancia, en la mezquindad que condena a millones de personas a vivir y sufrir calamidades, miserias y tragedias económicas y culturales.

En este sentido la lucha de los pueblos contra las calamidades y atrocidades ocasionadas por la crisis civilizatoria de la moderna sociedad capitalista, requiere necesariamente de los elementos políticos e ideológicos que le permitan generar alternativas para la construcción de una sociedad más justa, verdaderamente democrática y libre. Es por esto que las luchas de los pueblos requieren sobre todas las cosas, de que los trabajadores asalariados junto al pueblo, desarrollen un conocimiento profundo de la sociedad, conocimiento de sus leyes generales, de las peculiaridades de sus contextos, de sus contradicciones,  ya que es a partir de que la clase trabajadora conozca críticamente la realidad capitalista como puede transformarla revolucionariamente. En palabras de Atilio Borón podemos decir  queante la indignante situación que guarda la sociedad moderna, nuestra obligación es repensar críticamente nuestra sociedad, pero repensarla para cambiarla, en consonancia con la conocida exhortación que formulara Marx en la “Tesis Onceava” sobre Feuerbach: “no se trata de interpretar al mundo sino de cambiarlo.” Pero ¿Por qué retomar al marxismo como la teoría para transformar el mundo?

Primero, estamos convencidos de que la gravísima crisis  civilizatoria en la que se debate el capitalismo como sistema universal requiere de una toma de conciencia de las lógicas y leyes estructurales sobre las que se erige la sociedad moderna, y que estos contenidos no pueden ser aportados por el saber convencional de las ciencias sociales o la filosofía, instaladas, en el terreno ideológico de las clases dominantes. No serán por tanto los lacayos intelectuales y morales del capital, que de forma cínica elaboran nuevas y mejores teorías para “democratizar” la dictadura del mercado  o “humanizar” el capitalismo salvaje, los que permitirán elaborar una reflexión verdaderamente crítica del capitalismo.

 

Segundo, el marxismo es un pensamiento fundado en la crítica de todo lo existente, un análisis histórico de la sociedad, por lo que es esencial e imprescindible en la lucha contra el capitalismo.  Pero es importante definir ¿Qué entendemos por pensamiento marxista?

 

El 17 de marzo de 1883, el cementerio londinense de Highgate, Federico Engels dictó un corto pero célebre discurso frente a la tumba de su gran camarada, Carlos Marx, donde de manera sucinta explica los grandes aportes de su pensamiento, que posteriormente se consagraría como la concepción marxista del mundo. Engels dice; Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.

La concepción materialista de la historia permite mostrar a la sociedad como producción y creación de los hombres, y por tanto destruye los mitos y la metafísica que explicaría a la sociedad como una creación divina o teológica. Pero también nos permite explicar que el surgimiento de cierto tipo de sociedades permite el surgimiento de cierto tipo de teorías, de pensamientos y concepciones. Es en este sentido que Marx explica que la articulación entre economía, sociedad, política y cultura, el modo de pensar de la vida social estaba en definitiva condicionada por el modo de vivirla. Es así como la sociedad burguesa y su “antropología del homo economicus, volcado esencialmente a las ganancias y el interéssolo representa una forma específica de sociedad y una posible forma de concebirla.  Pero lo fundamental de la concepción materialista es que permite mostrar que es posible cambiar, transformar revolucionariamente la sociedad a partir de la voluntad de los hombres.

El descubrimiento de la ley general  sobre la cual se mueve el capitalismo demuestra que la sociedad moderna no solamente es productora de mercancías, sino fundamentalmente productora de plusvalía,  y que es por tanto, la explotación del trabajo por el capital, el pilar imprescindible de la producción capitalista.  La producción de plusvalía a través de la explotación del trabajador es donde la moderna sociedad alberga la degradación, maquinización y enajenación de los hombres, y en este sentido se demuestra que el capitalismo no se puede modificar  o reformar a un capitalismo más humano. Sino que la única manera de erradicar las miserias de mundo moderno es destruyendo las condiciones materiales que permiten la explotación del trabajo asalariado. Es decir, la erradicación de la propiedad privada de los medios de producción.

Esta concepción del mundo solo cobra sentido si además entendemos que el marxismo es un proyecto político que lucha por la emancipación de la humanidad.  En términos estrictos, el marxismo es sobre todo la lucha por la dictadura-democrática del proletariado. V.I. Lenin lo definió de la siguiente manera:

 

Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En esto es en lo que estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño -o un gran- burgués adocenado. En esta piedra de toque es en la que hay que contrastar la comprensión y el reconocimiento real del marxismo».

 

Retomando la definición del marxista argentino  Néstor Kohan, en su artículo “El Marxismo como Pedagogía de la Pregunta” entendemos el pensamiento marxista como una nueva concepción del mundo y de la vida, como filosofía de la praxis, como teoría crítica de la sociedad capitalista, como concepción materialista de la historia y como una nueva ética revolucionaria basada en la creación de hombres y mujeres nuevos. Creemos que el pensamiento marxista debe tener como máxima aspiración la emancipación humana y la superación de la alienación. El marxismo es básicamente, una filosofía de la revolución. Todas sus teorías, todas sus preguntas y todas sus hipótesis podrían resumirse en la siguiente tesis: ¡Rebelarse contra la injusticia es legítimo! No sólo es un derecho. ¡Es un deber! Esa es nuestra razón de ser, nuestro “principio fundamental”, inclaudicable, innegociable, un punto de partida que, pase lo que pase, jamás aceptaremos abandonar.

En síntesis el pensamiento marxista es inseparablemente la lucha que persigue la emancipación del conjunto de la humanidad.