Dirección Política del Movimiento de Izquierda Revolucionaria

Todo sindicato de la clase trabajadora padece a su interior una contradicción inherente: por un lado, el permanente enfrentamiento contra el Estado y la patronal obliga a las bases de trabajadores y trabajadoras a crear conciencia de sus condiciones de clase y con ello a fortalecer tácticas que empujan hacia posiciones democráticas y clasistas, derivado de ello, la clase trabajadora construye fuerzas que puedan avanzar en el cuestionamiento político del Estado burgués. Estas posiciones surgen en gran medida, no sólo de la experiencia y el movimiento espontáneo de la clase trabajadora, sino fundamentalmente por el empuje de las organizaciones revolucionarias al interior del movimiento obrero.

Por otro lado, la vocación de gremio y de luchar primordialmente por mejoras económicas, permite al interior de los sindicatos que surjan fuerzas conservadoras y burocráticas que aprenden a vivir conciliando, subordinadas al Estado burgués y a la patronal, y con ello a la construcción de visiones y fuerzas charras que jalan (atraen o halan) a las masas de trabajadores y trabajadoras a posiciones pequeñoburguesas y reaccionarias.

La tensión entre las fuerzas democráticas y las fuerzas burocráticas se desarrollará permanentemente en todo sindicato, por lo que constantemente surge la disputa por la dirección ideológica de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras. ¿Cuál es en última instancia el peso que inclina la balanza para una u otra posición? Sin duda alguna, la preparación ideológica y los grados de conciencia de las bases de los trabajadores y trabajadoras. Por ello, tanto las fuerzas democráticas como las burocráticas intentan ganar ideológicamente a las bases: las primeras con el ejemplo moral, la preparación teórica y la congruencia con las convicciones proletarias; las segundas mediante el compadrazgo, el corporativismo y la repartición de prebendas personales: préstamos, cambios de adscripción, ascensos, etc.

El gran problema para el movimiento obrero democrático es que, como lo señalaba V.I. Lenin, la conciencia burguesa y reaccionaria, puede penetrar más fácilmente en los sindicatos, ya que éstos se encuentran en un ambiente dominado por la sociedad capitalista, lo que permite que la ideología burguesa tenga  mejores medios para expandirse en las masas de trabajadores y trabajadoras.

Sin embargo, no es el ambiente capitalista el único medio por el cual la ideología reaccionaria penetra en las bases de los trabajadores y trabajadoras, ellos también se ven fuertemente influenciados por las mismas estructuras sindicales.  Las dirigencias sindicales conservadoras educan a las masas de trabajadores y trabajadoras en la ideología burguesa cuando desmovilizan, desmoralizan y confunden a las bases. Más aun, cuando descaradamente olvidan el compromiso histórico de cada trabajador y trabajadora con los intereses generales de su clase. Estas posiciones conciliadoras, que renuncian a fortalecer e intensificar las acciones de protesta, representan posiciones conservadoras que no permiten que la fuerza del movimiento obrero se desarrolle y se convierta en un caudal que arrolle las injustas leyes; estas misma posturas sirven como cerco de contención de la indignación popular.

La desmovilización conlleva a que las bases crean que es suficiente con las negociones de escritorio y las firmas de minutas para conquistar los derechos. La desmoralización, resultado de la desmovilización, orilla a las bases a que ya no crean en la lucha obrera.Y finalmente, la confusión es el resultado de los múltiples malabares teóricos de las estructuras sindicales conservadoras, para justificar sus tácticas desmovilizantes y desmoralizantes, o en otras palabras, su política entreguista.

Es importante señalar que las fuerzas conservadoras al interior del sindicalismo no surgen espontáneamente, sino que son producto, en primera instancia, del accionar político del Estado Burgués y de los intentos de la patronal de tener una clase trabajadora dócil. Y es que el permanente golpeteo que desarrolla el Estado Burgués contra el movimiento obrero clasista, no sólo es por medio de políticas de represión, criminalización y denostación, sino que también utiliza una política que promueve el gremialismo, la pasividad y el charrismo sindical, por medio de la concesión de canonjías y la cooptación política.

Es así como el Estado Burgués y la patronal, tienen como objetivo fundamental fortalecer la conciencia gremialista y cultivar un espíritu mezquino en la clase trabajadora, con el propósito de poco a poco arraigar -en los contingentes más combativos o estratégicos en la producción capitalista- la ideología burguesa, conciliadora, dócil y oportunista. V.I. Lenin señala en el ¿Qué hacer? “que el gremialismo no es otra cosa que el sojuzgamiento ideológico de los obreros por la burguesía”;  y hoy, al igual que hace cien años, esta sentencia es verdad.  El gremialismo es el principal factor que impide el desarrollo de una verdadera conciencia de clase en el seno del movimiento obrero.

La cooptación y desmovilización política son parte de la construcción de la hegemonía burguesa, es decir, del consenso que el Estado Burgués construye con las clases subalternas al capital. La conciencia gremial de la mayoría de las bases de trabajadores y trabajadoras impide la proyección de la lucha a niveles revolucionarios y socialistas, bajo un proyecto homogéneo, propio, independiente y clasista.

Esta posición se profundiza, cuando no existen corrientes revolucionarias al interior del movimiento obrero que combatan de forma acertada las posiciones economicistas y oportunistas desde el interior. De esta forma, la injerencia política del Estado en el movimiento obrero y la carencia de una tendencia radical a su interior, representan los grandes problemas que el movimiento comunista debe de afrontar.

Las tareasde los comunistas

En 1931 el comunista italiano Antonio Gramsci publicaría en el periódico La Situación de la Clase Obrera(“Lo Stato Operaio”) un artículo  titulado: “La necesidad de la preparación ideológica de las masas”, en el cual señalaría que:

“Para que el Partido [comunista] viva y esté en contacto con las masas, es menester que todo miembro del Partido sea un elemento político activo, sea un dirigente… es necesario que el Partido, de manera organizada, eduque a sus militantes y eleve su nivel ideológico…. incluso cuando los comités dirigentes no pueden funcionar por un determinado periodo o fueran puestos en condiciones de no estar relacionados con toda la periferia, todos los miembros del Partido, cada uno en su ambiente, se hallen en situación de orientarse, de saber extraer de la realidad los elementos para establecer una orientación, a fin de que la clase obrera no se desmoralice, sino que sienta, que es guiada y que puede aún luchar. La preparación ideológica de la masa es, por consiguiente, una necesidad de la lucha revolucionaria, es una de las condiciones indispensables para la victoria”.

Gramsci delinea las tareas que nos parecen son urgentes para enfrentar la actual coyuntura y combatir, al mismo tiempo, el oportunismo derivado de las tendencias conservadoras al interior de nuestro sindicato.

De esta forma, nuestra tarea es educar políticamente a la clase trabajadora y emprender grandes campañas de preparación ideológica. Con una base trabajadora educada, combativa y consiente de su condición de clase, se logrará avanzar en la configuración y compactación de las posiciones democráticas; este proceso conlleva pues, a la lucha contra la burocracia sindical.

Para finalizar este balance, terminaremos citando extensamente un texto de V.I. Lenin, que plantea los objetivos de nuestras tareas, en el documento “El izquierdismo la enfermedad infantil del comunismo” (1920), el dirigente de la revolución de octubre señala:

  “La lucha contra la ‘aristocracia obrera’ la sostenemos en nombre de las masas obreras y para ponerlas de nuestra parte; la lucha contra los jefes oportunistas y socialchovinistas, la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería necio olvidar esta verdad elementalísima y más que evidente. Y tal es, precisamente, la necedad que cometen los comunistas alemanes ‘de izquierda’, los cuales deducen del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas de los sindicatos la conclusión de que es preciso… ¡¡salir de los sindicatos!! ¡¡Renunciar al trabajo en ellos!! ¡¡Crear formas de organización obrera nueva, inventada!! Una estupidez tan imperdonable, que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesía. (…) No actuar en el seno de los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas, a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u ‘obreros aburguesados’.

Por lo anterior señalado, nos parece que las palabras de J. Dimitrov deberían convertirse en la consigna central para responder esta pregunta: ¡El sindicato debe ser ganado al Marxismo y Leninismo! “Hay que afirmar, del modo más categórico, que el obrero comunista, el obrero revolucionario, que no pertenece al sindicato de masas de su oficio, que no lucha por convertir ese sindicato reformista en una verdadera organización sindical de clase, que no lucha por la unidad del movimiento sindical sobre la base de la lucha de clases, no cumple con su deber proletario primordial”.