Dirección Política del Movimiento de Izquierda Revolucionaria

Uno de los elementos característicos del avance de las fuerzas productivas dentro del capitalismo, es el desarrollo de la división social y técnica del trabajo, y con ello, la división social entre trabajo intelectual y trabajo manual. Este proceso, inherente al desarrollo capitalista, se expresa en la división de dos grandes tipos o categorías de trabajadores: el trabajador manual y el trabajador intelectual.

El capitalismo condena al trabajador manual a una pobre cultura, a cargar sobre sus hombros una vida de ilusiones irrealizables, de misticismos e ignorancias. Cuando mucho la lógica perversa del capital permite que el trabajador manual acceda por medio del mercado a los productos manufacturados de la industria cultural burguesa, de esa misma que convierte a la mujer en mercancía y que bestializa al hombre, todo ello para sostener una sociedad basada en el consumo superfluo, banal y sin sentido.

Sin embargo, la realidad del trabajador manual se desgarra en una contradicción, pues ese falso mundo de ilusiones, es contrario a su instinto de clase y a sus intereses y necesidades apremiantes; el trabajador manual se da cuenta que las falsas ilusiones que el capital le muestra no son verdad y por ello, en los momentos de crisis estructurales del capitalismo, los fetichismos desaparecen, se destrozan las cadenas ideológicas que lo mantenía atado. Esos instantes son los grandes momentos de las huelgas políticas, de los paros multitudinarios y de cientos de manifestaciones, donde el protagonista es el trabajador manual. Es ahí cuando los mundos de fantasías se develan y desaparecen, como diría Marx, son los momentos en la historia donde todo lo que parecía solido, se desvanece por los aires.

Por otro lado se encuentra el trabajador intelectual. Esta categoría de trabajador en la mayoría de los casos cree que pertenecen a un escaño social superior, por arriba del trabajador manual, se considera a sí misma como “la clase media”. En su generalidad desprecia el trabajo manual, carga la misma ignorancia y enajenación, y por su nivel de ingreso puede acceder con más frecuencia al mercado de la industria cultural burguesa, de ahí, de su poder adquisitivo “superior”, cree falsamente en la idea de que puede ser “alguien en la vida”,  ser un hombre o mujer exitosa; es decir, cree que pude ser un burgués o cree que puede colarse y llegar a ser un miembro de las élites dirigentes del Estado, y con ello,pretende engordar en los puestos públicos del gobierno. Es acertado cuando Benedetti decía “clase media, medio rica, medio culta,entre lo que cree ser y lo que es, media una distancia medio grande”[1]

No es casual que exista este tipo de pensamiento en el trabajador intelectual, ni tampoco lo es que sea un fenómeno generalizado, pues él alguna vez fue un estudiante, y fue con la poca instrucción que recibió en las escuelas públicas o en las universidades del estado donde se impregnó de este espíritu mezquino. ¿Cómo pasa esto?

Es en las aulas universitarias donde los futuros trabajadores intelectuales se forman, como cuadros técnicos para el capital, lo hacen bajo la forma de estudiantes. Es en ese momento donde surge la creencia de que su desarrollo profesional es sólo producto de su esfuerzo individual, de sus desvelos y ayunos. Pero también es en las aulas universitarias burguesas donde el estudiante fetichiza el conocimiento que adquiere y lo convierte en propiedad privada.

Es ahí, en las aulas universitarias, seguramente rodeado por un ambiente de competencia académica y egoísmo, de disputas miserables y déspotas burócratas, donde se le inculca que el conocimiento le pertenecía sólo a él, y que por tanto una vez que salga de las aulas universitarias está en su derecho venderlo, de aquí surge la aberrante idea de que es normal privatizarlo y comercial con él.

Sin embargo estas ideas, propias de tartufos, son equivocadas. El estudiante debe de entender que quienes pagaron sus estudios cursados en las escuelas públicas fueron los trabajadores y trabajadoras, pues son ellos y ellas quienes crean con su trabajo la riqueza social día a día. El estudiante debe de entender que fue la clase trabajadora que todos los días paga sus impuestos, los que pagaron sus estudios, y que fueron ellos y ellas, porque en este país la burguesía no paga sus contribuciones.

Además el estudiante universitario debe de entender que puede acceder a las universidades públicas gracias a que millones de jóvenes fueron excluidos de las aulas universitarias, y estos son rechazados para ser incorporados tempranamente al mercado laboral, a trabajar generalmente en condiciones precarias o engrosar las filas del desempleo.

El estudiante universitario debe de entender que el conocimiento que ha adquirido no le pertenece, que no lo puede convertir en su propiedad privada, ya que ese conocimiento es un producto social, es producto del desarrollo histórico, del desarrollo de la humanidad, y que por tanto no hay razón para privatizarlo.

Hasta aquí quizás no será problema, pues los jóvenes de espíritu democrático y solidario, que si bien no abundan, sí los hay, pueden asumir estas verdades sin complicaciones. Sin embargo, para un estudiante que pretende ser un revolucionario esto no es suficiente.

El estudiante revolucionario se identifica como parte de la clase trabajadora, y por tanto, no se conforma con reconocer el esfuerzo que el pueblo hace para que él asistiera a las aulas universitarias. Él se compromete moral e intelectualmente con su clase y asume una tarea fundamental: ayudar al desarrollo intelectual y cultural de los trabajadores y trabajadoras. Llevar la alta cultura, la ciencia y las ideas a donde está la clase trabajadora.

Ese mismo estudiante revolucionario debe de entender que ocupa un lugar privilegiado en la sociedad y que el acercamiento que tiene con el pensamiento científico, con la teoría y con las ideas, lo obliga por fuerza y sin pretexto, a desarrollar y socializar ese pensamiento. Es muy importante entender esto. Los estudiantes revolucionarios deben de responder con su quehacer diario de estudiantes a las muchas necesidades intelectuales que tiene la clase trabajadora, pues el pensamiento científico, la teoría y las ideas son la base para combatir la ignorancia, los dogmas y fanatismos que oprimen al pueblo.

 

Aquí es importante señalar que cuando hablamos de la ciencia, la teoría, y las ideas,no se hace referencia a cualquier tipo de teoría o ciencia, sino se hace referencia a la única teoría y a la única ciencia revolucionaria: al marxismo, pues el marxismo es la única ciencia y teoría que explica al mundo desde una perspectiva clasista y por tanto revolucionaria.

 

Es en este sentido que mencionaba el comandante Fidel Castro, el marxismo no es solo la única verdadera ciencia de la política y de la revolución, sino que desde que el hombre tiene conciencia de sí mismo, es la única interpretación verdadera del proceso de desarrollo de la historia humana… Pero nosotros no estudiamos marxismo por simple curiosidad filosófica o histórica. No. Para nosotros es vital, es fundamental, es decisivo, estudiar marxismo y enseñar marxismo: para la Revolución es vital y es decisivo estudiar marxismo y enseñar marxismo[2].

 

Es por ello que es obligación moral e intelectual de un estudiante revolucionario contribuir a desarrollar la teoría marxista, porque las ideas y la teoría marxista son fuerzas fundamentales para la emancipación de la clase trabajadora; es la teoría revolucionaria el medio por el cual se debe de combatir el misticismo y la ignorancia que los trabajadores y trabajadoras cargan sobre sus hombros.

 

Además, es obligación del estudiante revolucionario combatir el formalismo académico que motiva al estudiante a hacer teoría por hacer teoría, sin ningún compromiso real con su clase, sólo por el reconocimiento o por los cartones que se expiden en las universidades burguesas. Parafraseando a Julio Antonio Mella, el estudiante revolucionario no debe ser cómplice y convertir a las universidades en una simple fábrica de títulos, no debe pues convertir la universidad en unaescuela de comercio a donde se va a buscar tan solo el medio de ganarse la vida.

Es por ello que un estudiante revolucionario debe de combatir el espíritu mezquino y mercantil, típico de un estudiante pequeñoburgués que ve en el conocimiento sólo la fuente de la superación, el éxito y el enriquecimiento personal. Entonces, el estudiante revolucionario tiene una doble tarea: debe de hacer teoría revoluciona y combatir y acabar con el espíritu pequeñoburgués de la educación capitalista.

Sólo así asumirá una posición revolucionaria. Debemos insistir en esto: No se puede ser estudiante revolucionario a medias. Así como no puede haber revolucionarios solo por las tardes libres, tampoco se puede ser medio revolucionario en las ideas y en la teoría, o medio revolucionario en los estudios. Recuerden que si las ideas no son revolucionarias, simplemente son ideas burguesas, en cualquiera de sus formas. Es decir, se es completamente revolucionario o simplemente no se es revolucionario.

Entonces ¿Cómo se expresa concretamente la doble tarea de un estudiante revolucionario?

  1. Primero, por su ubicación privilegiada en la sociedad, debe de contribuir más que nadie a desarrollar la ciencia, la teoría y las ideas revolucionarias, es decir debe de profundizar, sin pretexto alguno, a desarrollar la teoría marxista, su capacidad explicativa y su fundamento revolucionario.
  2. Segundo, debe de luchar por que los trabajadores y trabajadoras, así como sus hijos tengan acceso a las ideas y a la cultura, es por ello que la defensa de la educación pública, de masas y gratuita, es parte central de su tarea.
  3. Tercero, debe de combatir en las universidades y aulas universitarias el pensamiento burgués, pues no se trata de que los hijos de los obreros y campesinos lleguen a la universidad para que olviden su origen de clase. Es por ello que debe de combatir, desde una perspectiva marxista, las teorías y las ideas que se reproducen en la academia que justifican al mundo capitalista y por tanto sirven para la opresión de la clase trabajadora, pero además debe pugnar por que las ideas, la cultura y la escuela pública estén al servicio de la clase trabajadora.
  4. Cuarto, deben de fomentar un gran respeto y solidaridad a las luchas de los trabajadores y trabajadoras; un estudiante debe tener claro que el trabajo es la más alta cualidad del hombre y la mujer, pues fue el trabajo quien los humanizó, y que es el trabajador y la trabajadora quienes encarnan esa histórica cualidad, pero también debe de tener claro que son el trabajador y la trabajadora, la base material de la revolución socialista.

Un compañero que no asuma estas tareas no puede aspirar a ser un estudiante comunista, no puede llegar a ser un revolucionario. Es así como el estudiante revolucionario debe de asumir el compromiso con la historia y con su clase. Por ello que asume algo más que el compromiso intelectual con el pueblo, en el fondo asume un compromiso moral con el trabajador y la trabajadora, con nuestra clase y con la revolución socialista.

Y decimos que es un compromiso moral, porque no debe ser visto como un sacrificio, esperando por algún motivo cobrar a la historia sus esfuerzos revolucionarios. Es moral porque en el fondo debe de sentir que es un gran privilegio servir a la causa más noble, más humana y más justa, debe de sentirse orgulloso de servir a la cusa de la revolución socialista. Es un privilegio que ubica, como decía el comandante Che Guevara, en el escalón más alto de la especia humana.[3]

Es por ello que para el estudiante revolucionario no es ni será nunca un sacrificio servir a la emancipación de la clase trabajadora, contribuir con su esfuerzo intelectual a la lucha revolucionaria por el socialismo. Siempre que sus esfuerzos sean sinceros, el estudiante revolucionario asumirá este compromiso con todo placer, con humildad y con la convicción de que el socialismo es el destino ineludible de la humanidad.

[1]Mario Benedetti. Poema a la clase media.

[2]Discurso pronunciado por el comandante Fidel Castro Ruz, primer secretario de la dirección nacional de las ORI y primer ministro del gobierno revolucionario, resumiendo la reunión con los directores de escuelas de instrucción revolucionaria, celebrada en el edificio de la dirección nacional de las ORI, el 27 de junio de 1962.

 

[3]Diario del Che en Bolivia. 8 de agosto de 1967.