Dirección Política del Movimiento de Izquierda Revolucionaria

Las próximas elecciones presidenciales han marcado el escenario político del país. Las fuerzas político-electorales que participan están por definir los márgenes de su alcance, así como el carácter y contenido específico de sus programas, cabe decirlo, todos ellos burgueses. Sin embargo, en las luchas por la presidencia los partidos electorales intentan acumular fuerza y mostrarse como la opción más viable ante las diversas fracciones de la burguesía (oligárquica, imperialista, transaccional, criolla, financiera, industrial, comercial, agrícola, mediana, pequeña burguesía, etc.) que pretenden fortalecer y ampliar sus intereses económicos en el país.

Por un lado, el PRI, con su candidato, Antonio Meade Kuribreña, aparece como el representante del continuismo de la ortodoxia neoliberal capitalista. Aunque el priismo pretende legitimar su triunfo por medio de obtener una gran cantidad de votos populares, también ofrece garantizar a los sectores empresariales oligárquicos certidumbre respecto a los grandes negocios realizados con las reformas neoliberales. Sin embargo, su estrategia principal consiste en conseguir el respaldo y apoyo del gobierno de Estados Unidos. El  servilismo incondicional y descarado mostrado por los personeros del actual régimen, Luis Vadegaray e Ildelfonso Guajardo, mediante la alineación total a la política exterior de Washington, pretenden ganarse el apoyo y respaldo de la Casa Blanca, para ello han impulsado: a) la grotesca campaña contra Venezuela en la 47 sesión ordinaria de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en junio del 2017; b) la expulsión del embajador Norcoreano el 7 de septiembre de 2017, y c) la sanción económica a las importaciones de tubería de acero chino el pasado 8 de marzo (justo un día después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, impusiera aranceles del 25 y 10 diez por ciento a las importaciones norteamericanas de acero y aluminio). Las investigaciones del enriquecimiento ilícito de Ricardo Anaya en Estados Unidos y lavado de dinero en Europa, así como la discusión de este tema en las instancias de la OEA, son al parecer, algunas de las monedas de cambio que el priismo ha recibido del gobierno norteamericano.

Por su parte, la Coalición Por México al Frente, expresión de la alianza entre el PAN, PRD y MC, han impulsado la candidatura de Ricardo Anaya Cortés. Su táctica consiste en mostrarse frente los empresarios como una tecnocracia que representa una alternancia democrática como opción ante deterioro de la institucionalidad burguesa debido a los grandes escándalos de corrupción del priismo. Ricardo Anaya ofrece la relegitimación la institucionalidad del Estado. Al igual que el PRI, el Frente pretende continuar con el programa neoliberal, con el respaldo del PRD, que recordemos fue impulsor de las reformas estructurales por medio de la firma del Pacto por México en 2012. Lo anterior, explicaría que la campaña de Anaya se ha concentrado en denunciar algunos casos corrupción del priismo, particularmente: a) La Estafa Maestra que desfalcó al erario público con 800 millones de pesos, por medio de subsidiar empresas fantasmas; b) el Hacienda-Gate, maniobra con la que se desviaron más de 250 millones de pesos para cursos en Educación, pero que se destinaron a las campañas del PRI en el 2016. Aquí están involucrados: el exlíder del PRI, Manlio Fabio Beltrones; Luis Videgaray, entonces secretario de Hacienda y Crédito Público; César Duarte, exgobernador de Chihuahua; Ricardo Yáñez, exsecretario de Educación de Chihuahua; y a Alejandro Gutiérrez, exoperador financiero del PRI, y c) las desviaciones de recursos de SEDESOL y SEDATU por más de mil 311 millones de pesos, durante la administración de Rosario Robles en ambas secretarías, los cuales han sido encubiertos por Antonio Meade.

Es importante señalar que la guerra de lodo entre las fuerzas del Frente y el priismo, tienen como objeto aparecer con una mejor cara ante los segmentos de la oligarquía que le apuestan a la permanencia del neoliberalismo y que ven con mucho recelo el programa de AMLO/Morena. Finalmente, tanto el PRI, el PRD y PAN se han constituido de facto como el Can Cerberode México, un Partido burgués con tres cabezas, que cuida los intereses de los sectores más reaccionarios del país.

En lo que concierne a AMLO/Morena y el Frente Juntos Haremos Historia, quienes encabezas todas las encuestas, plantean una táctica basada en alianzas muy amplias bajo un programa de restauración de la legitimidad burguesa, que, si bien cuestiona la corrupción institucionalizada por el PRI, no discute la esencia del programa capitalista. Es por ello que en los últimos meses ha resaltado, la incorporación de personajes nefastos, como Napoleón Gómez Urrutia, los ex panistas German Martínez, Gabriela Cuevas y Tatiana Clouthier.

Pero lo más relevante son las declaraciones empresariales y los acercamientos de AMLO con actores de este sector. Por ejemplo, las afirmaciones de Alberto de la Fuente, presidente y director General de Shell México, señalará que la segunda petrolera más grande del mundo no teme a un eventual triunfo de AMLO (Solis, 2018); o la reunión del 9 de septiembre de 2017 con funcionarios de dos de los principales bancos de Estados Unidos, que tienen una fuerte influencia en el país, JP. Morgan y City Bank.

Destacan también los cometarios de la poderosa Calificadora de Riesgo Financiero, Estándard and Poors, quien afirmó que aún con el eventual triunfo de AMLO, mantendrá estable la calificación del desempeño de la economía mexicana (redaccion, 2017). O las del 1 de marzo del portar de El Financiero, donde se publicó que “a México le pegaría más el fin del TLCAN que una victoria electoral de AMLO”. Esto, según lo estimado por BMI Research, firma de inteligencia y análisis de escenarios, y filial de Fitch Ratings.  Igualmente, resulta revelador los resultados de la reunión de AMLO con Laurence Fink, presidente de BlackRock, la administradora de fondos de inversión más grande del mundo, el pasado 7 de mayo (La jornada).

Por último, destacan las declaraciones del mismo candidato presidencial, López Obrador, ante la Convención Bancaria, donde se comprometió a no aumentar los impuestos y mantener los equilibrios macroeconómicos, además de eliminar cualquier tentativa de expropiaciones o nacionalizaciones, de igual forma ratificó la autonomía del Banco de México.

Todas las declaraciones y compromisos anteriores, se proponendesmontar algunos rumores sobre una supuesta desestabilidad en la economía con la presidencia de AMLO. Con lo anterior, Morena confirmó su propuesta burguesa, solo que, de un tipo diferente: con un mayor gasto social, pero sin abrogar las reformas estructurales del peñanetismo.[1]

Un análisis más profundo

Existen dos elementos que caracterizan el escenario electoral: primero, la existencia de tres precandidatos independientes, provenientes de la burocracia partidista y serviles a la oligarquía, así como las rupturas internas que sufrieron tanto el PAN como el PRD y la posterior alianza de estas fuerzas aparentemente antagónicas, (al igual que la de Morena y el PES y otros sectores del priismo y panismo). Esto demuestra que, el bloque de la burguesía oligárquica que venía dominando durante treinta años en el país se quebró, y ahora existe un reacomodo de fuerzas de las diversas fracciones de la burguesía. Este reacomodo de la correlación de las fracciones burguesas es la expresión de una “crisisde las alturas”.

Segundo, la pretensión de los candidatos de agradar de diversas formas y medios a los sectores de la oligarquía imperialista como lo son el capital financiero, las empresas trasnacionales y el gobierno norteamericano, demuestra una tesis: el imperialismo es un factor determinante, y pretenderá imponer al presidente más afín a su lógica y más incondicional a sus intereses. Esto considerando las contradicciones de fuerzas entre la burguesía, y siempre privilegiando su lógica expoliadora.

Lo anterior demuestra que la voluntad popular expresada votos el próximo primero de julio no será el único factor decisivo o el peso que inclinará la balanza a favor o en contra de los candidatos. En otras palabras, es la forma en que se reestructure la corrección de fuerzas de los segmentos de las fuerzas burguesas y los intereses del imperialismo, lo que definirá el desenlace de la contienda electoral. Si hay fraude o no, si la elite que gobierna se arriesga a mantener o desatar grandes movimientos de masas que inclusive, las fuerzas de centro no logren controlar, etcétera.

Es necesario insistir en este punto, pues debemos tener muy claro que, por regla general en la sociedad capitalista, el factor más importante para imponer el tipo de gobierno de los países, no es la voluntad popular como lo quieren hacer ver los demócratas pequeñoburgueses, sino el capital y, sobre todo, el capital financiero imperialista, es decir los banqueros. Es por ello que fieles a sus intereses burgueses, tanto Antonio Meade y Luis Videgaray, como Ricardo Anaya y el propio AMLO, de forma abierta o velada intentan congratularse con los empresarios y dueños de los bancos.

Sin embargo, esto no quiere decir que la voluntad popular no tenga importancia o relevancia en la actual situación política, tan es importante que la burguesía y sus diversos partidos los requiere para legitimar su gobierno. Pero al no tener una organización independiente, una plataforma política que represente sus intereses políticos de clase, la clase trabajadora carecerá de protagonismo, constriñéndose, como en 1988 o 2006, a que ante el fraude o triunfo o derrota de tal o cual partido, sean otros quienes definirán su destino, los acontecimientos lo han demostrado con toda elocuencia.

 

Los programas en disputa

No obstante, y a pesar de sus contradicciones internas, a partir de caracterizar la esencia de sus programas de los diversos candidatos, las opciones que aparecer en el escenario electoral son dos. Una que aglutina a las fuerzas más reaccionarias y conservadoras, representantes de las elites económicas y políticas de la gran burguesía financiera e imperialista, agrupadas en el PRI, PAN y PRD, junto con sus “lacayos” del MC, PT y PVEM, y sus respectivos candidatos independientes que, sin importar las aparentes peleas internas, llegado el momento se agrupan en bloque sólido.

Segunda, las fuerzas de centro derecha representantes de un segmento de la burguesía oligárquica, así como de la mediana y pequeña burguesía, agrupadas en el Frente Juntos Haremos Historia, bajo el liderazgo de AMLO. Es importante señalar que la fuerza y presencia política de Morena-AMLO se debe a una “crisisde las alturas”, la cual conjuga diversos factores como: a) la continuación de la crisis económica que desde el 2008 que azota la economía mundial; b) el triunfo de Donald Trump y el avance de su programa económico anti-neoliberal y militarista, que amenaza con la cancelación del TLCAN;c) el descontento de un segmento de la burguesía criolla que al ver la posibilidad de cancelarse el TLCAN sabe que sus intereses económicos serán afectados, por lo que busca un reajuste económico ante el inminente cambio que se acerca; y d) la ilegitimidad del gobierno peñista ante el pueblo trabajador, por la corrupción y violencia desatada en su sexenio, así como el empobrecimiento generalizado a causa de las reformas estructurales. De esta forma, es la “crisis de las alturas”lo que explica la popularidad de AMLO y no AMLO lo que explica la crisis del régimen.

La gran política[2]

Las elecciones de 2018, con la ausencia de una propuesta política proletaria, representa los esfuerzos del Estado de reducir a la pequeña política, a la política burguesa, las acciones de la clase trabajadora. En el momento político actual, la participación de las masas de trabajadores en las elecciones conduce forzosamente al apoyo de la burguesía. La participación del proletariado, conduce a esto y solo a esto. Pero esto no es política ni de partido obrero ni de un partido comunista.

No dudamos que la participación en elecciones ayuda a educar y organizar al proletariado. Le permite irrumpir en la vida política y desarrollar su conciencia de clase e independencia política. Pero los comunistas, hemos sido incapaces de desarrollar y fortalecer nuestro vínculo con las masas populares, siendo así fuerzas irrelevantes en la actual coyuntura. No podemos eliminar la autocrítica respecto de lo que se ha hecho y dejado de hacer en la actual situación, es necesario plantear que desde el 2008 el escenario de crisis expuso una urgencia de carácter nacional, sobre la importancia de crear referentes verdaderos, no solo membretes. Sin embargo y pese que se pronosticó el escenario marcado por la crisis, dicho conocimiento no se ha traducido en la construcción de verdaderos referentes proletarios.

En este sentido, pese a que logramos observar el desenvolvimiento de la crisis de las alturas, no hemos tenido la capacidad de incidir políticamente, mucho menos salir de la pequeña políticaa la que le ha constreñido la gran política de la burguesía.

¡POR LA UNIDAD DE LA CLASE TRABAJADORA, VENCEREMOS!

 

[1]El programa de gobierno de AMLO-Morena, consiste en un proceso de redistribución del gasto y presupuesto público, mas no del total de la riqueza social producida en el país. Dado que la base del neoliberalismo consiste en: a) la liberación de los flujos financieros y comerciales; b) la privatización de las empresas paraestatales y recursos naturales; b) la flexibilización del mercado laboral; no se observa que Los 50 Puntos de su propuesta de programa gobierno exprese medidas contrarias a la lógica neoliberal, tales como: a) la nacionalización de la banca y control centralizado del Banco de México, que le permitiría al gobierno controlar los flujo de capital y el chantajes de los financistas; b) una propuesta clara y contundente de renacionalización de las empresas fraudulentamente privatizadas; c) la imposición de fuertes impuestos a la repatriación de utilidades de las empresas transnacionales, la cancelación de la deuda externa por ser dolosa e ilegítima y la imposición de impuestos a las ganancias de la burguesía criolla, con todo lo cual se sentarían las bases para incrementar la actividad económica interna y la generación de empleos que reduzca el desempleo y permita un mercado laborar con mayores condiciones para que la clase trabajadora pueda negociar mejoras laborales. MORENA tan no es una propuesta antineoliberal, que el mismo AMLO, el pasado 4 de septiembre, ha dicho que “no soy ni como Maduro, ni como el de Trump”, pese a que ambos gobiernos representan modelos no neoliberales, el primero de izquierda y de corte popular, el segundo de derecha profundamente reaccionario.

[2]Gran política (alta política), pequeña política (política del día, política parlamentaria, de corredores, de intriga). La gran política comprende las cuestiones vinculadas con la función de nuevos Estados, con la lucha por la destrucción, la defensa, la conservación de determinadas estructuras orgánicas económico-sociales. La pequeña política comprende las cuestiones La gran política comprende las cuestiones vinculadas con la función de nuevos Estados, con la lucha por la destrucción, la defensa, la conservación de determinadas estructuras orgánicas económico-sociales. La pequeña política comprende las cuestiones parciales y cotidianas que se plantean en el interior de una estructura ya establecida, debido a las luchas de preeminencia entre las diversas fracciones de una misma clase política. Gran política es, por lo tanto, la tentativa de excluir la gran política del ámbito interno de la vida estatal y de reducir todo a política pequeña… en cambio, plantear la cuestión de una manera tal que cada elemento de pequeña política deba necesariamente convertirse en problema de gran política, de reorganización radical del Estado.