Por Comité Espartaco

Tras el avasallador triunfo electoral del presidente Hugo Chávez Frías en 1998, Venezuela comenzó a vivir una serie de transformaciones políticas siendo la primera de ellas la “re-fundación” del país a través de la llamada “Quinta República”, la convocatoria a una Asamblea Constituyente y la correspondiente nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Sobre la marcha de derrotar intentos de golpe de estado, la movilización callejera de las masas populares, la consolidación o construcción de organizaciones populares con importantes experiencias políticas, la disputa electoral encabezada por el Partido Socialista Unificado de Venezuela y un proceso de “redistribución” de la riqueza nacional con base en la exportación de petróleo, el Comandante Chávez puso de nuevo a la orden del día, al menos en Venezuela, la idea del Socialismo: la construcción del “Socialismo del Siglo XXI”. Desde el planteamiento del proyecto encabezado entonces por Chávez, el Poder Popular ocupó un lugar primordial en la estrategia de construcción del Socialismo, a través de la fundación y desarrollo de los llamados Consejos Comunales en tanto cimientos del Estado Comunal necesario para la revolución.

Así pues, en 2005 Chávez declaró en el Foro Social Mundial que el “Socialismo del siglo XXI” no podía repetir las desviaciones burocráticas y autoritarias de las experiencias que se desarrollaron en nombre del socialismo en el siglo pasado, sino que este “nuevo” proyecto emancipador debía partir por restituir el poder al “soberano”: el “pueblo”. De ahí que el planteamiento político de conformación del Poder Popular se pensara en torno a dos ejes fundamentales: a) a través del autogobierno debería hacerse posible una verdadera democracia; b) que los Consejos Comunales, en tanto células básicas para la construcción del socialismo, debían ser la principal forma organizativa del “nuevo poder”.

Tras la victoria electoral de 2006, Chávez planteó el “Primer Plan Socialista 2007-2013” que sería impulsado por 5 “motores constituyentes” del socialismo, siendo el quinto de ellos el llamado a una “Explosión del Poder Popular”. Entendiendo a dicho poder como la “instancia organizativa mediante la cual la sociedad debe garantizar su participación en la toma de decisiones en la dirección del Estado” (Proyecto Nacional Simón Bolívar). Pero es hasta el año de 2010 que la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela decreta la “Ley Orgánica del Poder Popular”, donde quedan institucionalmente planteadas las concepciones rectoras en torno al ejercicio del Poder Popular y los mecanismos legales para procurar la auto-organización del pueblo (Ley Orgánica del Poder Popular).

Hasta aquí, ese es el corazón de la “vía venezolana” hacia el socialismo, de acuerdo al proyecto político propuesto por Hugo Chávez. Sin embargo, tras la muerte del Comandante Chávez, y con el triunfo electoral del actual presidente Nicolás Maduro, la Revolución Bolivariana pareció estancarse y junto con ello la imposibilidad de hacer realidad la organización de los Consejos Comunales en tanto células básicas del socialismo.

El ciclo de protestas dirigido por el heterogéneo bloque conservador de la ultraderecha venezolana, a lo largo de los años 2014 y 2015, así como la planeación premeditada  por las cúpulas empresariales de una guerra económica enfocada en el desabasto de productos básicos para la población, así como la inconformidad popular contra la llamada “Boliburguesía” (grupo de militares chavistas con puestos públicos que se han convertido en empresarios acaudalados, encabezados por Deosdado Cabello), desembocaron en un doloroso y contundente triunfo el 6 de diciembre de 2015.

El triunfo electoral de la derecha le permite a la “Mesa de la Unidad Democrática”, bloque electoral opositor al gobierno de Chávez en su momento y ahora al de Nicolás Maduro, obtener un total de 112 diputados electos ante la Asamblea Nacional (Congreso) integrada por 167 diputados y diputadas, dejando el resto de la representación parlamentaria a diputados militantes del Partido Socialista Unificado de Venezuela. De acuerdo a la Constitución Venezolana, la Mesa de la Unidad Democrática al haber logrado una “mayoría calificada” (tres quintas partes de la Asamblea) tiene las siguientes facultades: 1) Acordar la separación temporal de un diputado o diputada de su cargo; 2) crear y suprimir comisiones permanentes; 3) elaborar o modificar leyes orgánicas; 4) aprobar reformas constitucionales para someterlas a referendo popular; 5) convocar a una Constituyente; 6) remover magistrados del Tribunal Supremo de Justicia; 7) designar integrantes del Consejo Nacional Electoral.

Recientemente, a inicios de este año 2017, el bloque de derecha, confiado en su mayoría en la Asamblea recurrió a denunciar el desabasto de alimentos, enseres domésticos y medicamentos, así como el retraso en la convocatoria a elecciones de nuevos gobernadores, como “banderas de protesta” para derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. El pueblo venezolano se enfrenté a un escenario político casi al borde de una guerra civil entre el gobierno chavista por un lado, y  por el otro, el bloque de derecha detrás de las manifestaciones callejeras y los atentados terroristas que generaron la lamentable muerte de decenas de personas afines al chavismo.

Observamos así una situación muy similar a un “empate catastrófico”, en el cual ninguna de las dos fuerzas se podía imponer sobre el otro: ni el gobierno chavista tenía la fuerza suficiente para detener el intento derechista por derribarlo, ni la “oposición” de derecha tuvo el poder necesario para derrocar al gobierno de Maduro, a pesar de contar con el respaldo internacional de grupos como la Organización de Estados Americanos y las declaraciones del presidente Donald Trump respecto a la posibilidad de ordenar una invasión militar en Venezuela.

Finalmente, el Chavismo optó por tomar una decisión audaz y arriesgada para salir del empate catastrófico: convocar a la conformación de una Asamblea Constituyente, amparada en los artículos 347, 348 y 349 de la Constitución venezolana. Entre las principales facultades de la Asamblea Constituyente están básicamente las mismas que mencionamos líneas arriba respecto al rango de acción que permite tener mayoría calificada dentro de la Asamblea Legislativa (Congreso).

A pesar de las protestas de derecha, de su intento fallido de boicotear la elección de los diputados constituyentes, y de las amenazas internacionales de intervención militar encabezadas por las líneas editoriales de medios privados de comunicación como CNN, la instauración de la Asamblea Constituyente fue un éxito. Inmediatamente se tomaron iniciativas para neutralizar los recursos políticos utilizados por la derecha para debilitar al gobierno chavista; por ejemplo, se destituyó a la Fiscal General Luisa Ortega quien estaba promoviendo un recurso para impugnar la legalidad de la Constituyente.

A mediados del mes de octubre, el Consejo Nacional Electoral de Venezuela coordinó la jornada para elegir nuevos gobernadores. El resultado fue sorprendente para todos. Pese al pronóstico, el Chavismo retomó la iniciativa y logró un triunfo electoral contundente. Con una participación del 61% del padrón electoral ganó el 54% total de los votos a nivel nacional, consiguiendo así el triunfo en 17 gobernaciones que representa un 75% del total, incluidas regiones que habían sido bastiones de la derecha, como el caso del estado de Miranda. Hasta el momento, la derecha no ha podido reaccionar, se ha quedado adolorida y sin saber qué hacer.

¿Cuáles son las disyuntivas actuales a la que se encuentra el pueblo venezolano?

En primer lugar es preciso advertir que la aplastante victoria electoral de la derecha en diciembre de 2015, no necesariamente significó su crecimiento. Pues si observamos las estadísticas de los votos obtenidos en las últimas tres elecciones, el incremento de los electores de derecha no asciende a más de 200 mil votos. Sin embargo, lo que sí es nuevo, es la inmensa pérdida de votos por parte del PSUV, pues si comparamos el comportamiento estadístico de las votaciones, podemos observar que alrededor de 2 millones de electores afines al chavismo se abstuvieron de votar. Son 2 millones de venezolanos que no votaron por la derecha, pero que también están descontentos y en desacuerdo con el Gobierno de la Revolución Bolivariana, y por ello le negaron su voto.

En segundo lugar, fue claro que el bloque de derecha se debilitó, al haber falta de “unidad de mando” entre la tendencia terrorista que apostó por más protestas callejeras y su apoyo a la aparición de grupos paramilitares, y la tendencia de corte más “institucional” que decidió convocar a la participación electoral para ganar la mayoría en las distintas gubernaturas de Venezuela. Hoy los venezolanos están inconformes con el gobierno de Maduro y la “Boliburguesía”, pero tienen muy claro que si la derecha vuelve a controlar el gobierno, las condiciones de vida serán desastrosas y todo lo que se ha logrado en casi veinte años se vendrá abajo de un plumazo. Hasta el momento la derecha ha perdido su capacidad de movilización, pero no ha perdido las raíces fundamentales de su poder: siguen siendo dueños de la economía nacional.

En tercer lugar, la disyuntiva fundamental se encuentra dentro del campo popular. Hay una tensión entre el bloque de la “Boliburguesía” y la Alianza cívico-militar chavista representada por el líder Deosdado Cabello que busca consolidar el poder que hasta ahora ha logrado, por una parte, y por otra, el chavismo socialista, que apuesta por la autoorganización del pueblo trabajador para llevar la disputa al nivel de clase: una perspectiva radical. El chavismo socialista y los trabajadores, están frente a la gran complicación de profundizar el proceso revolucionario, criticando al chavismo de corte más conservador, pero sin darle la menor oportunidad a la derecha de recuperarse y retomar la iniciativa. El chavismo socialista entiende bien que la presencia del bloque de derecha es en cierta medida una presión para que el gobierno chavista mantenga un discurso y políticas de carácter popular; y que en cuanto la derecha deje de ejercer esa presión, el chavismo en el gobierno se vuelva aún más conservador.

Consideramos que el único método para lograr una salida a esos dilemas, y sacar las lecciones que permitan fortalecer la lucha de los trabajadores, se encuentra en el marxismo. Dos de los principios teóricos fundamentales con los cuales contamos los marxistas son: 1. La liberación del pueblo trabajador sólo podrá ser obra del propio pueblo trabajador. 2. La revolución no es un “acto” que sucede en un día o un mes, la revolución es un “proceso”; y todo “proceso revolucionario” se define por la conformación de un nuevo poder.

Por eso, para los marxistas, el tema de la revolución no se define exclusivamente en la capacidad de quienes ocupan los puestos de gobiernos para expropiar a los burgueses, sino sobre todo, en la capacidad del pueblo trabajador para constituirse como un sujeto colectivo capaz de organizar por sí mismo su liberación, mediante la conformación de un poder (social, político, militar, económico) propio que le permita articular a todos los oprimidos y explotados, pero que también le permita derrotar a sus enemigos.

Es en ese campo de análisis que debemos hacer una urgente autocrítica de la Revolución Bolivariana. El verdadero problema de fondo es el siguiente. En Venezuela es el Estado, a través del Gobierno bolivariano, el Partido Socialista Unificado de Venezuela y sectores aliados del Ejército (la denominada “Alianza cívico-militar”), quien ha promovido los cambios al interior de la sociedad, aunque a través del proyecto que arriba denominamos como “Estado Comunal” se busca impulsar la autoorganización del pueblo trabajador a través de Consejos Comunales para la constitución de un Poder Popular. La cuestión es, pues, si el Gobierno promueve con cambios y redistribución de la riqueza a dicho sujeto (pueblo trabajador) constructor de la nueva sociedad (regido por el Poder Popular), pero no solamente como sujeto al que se le “transferirá” en un futuro la sociedad transformada. Sino que hay que explicar si este sujeto está generando realmente un nuevo poder social capaz de llevar adelante el proceso revolucionario, capaz de disputar la dirección de la sociedad y derrotar a los grandes empresarios e imperialismo. Tremendo reto tiene enfrente el pueblo venezolano, y en particular, el bloque popular chavista que apuesta por la construcción del Socialismo del siglo XXI que imaginara el Comandante Hugo Chávez Frías.