Por Comité Fidel Castro Ruz

En la actualidad, las universidades públicas, al igual que las instituciones de enseñanza superior (IES) en general, atraviesan por un proceso de privatización y mercantilización. Un fenómeno muy común para los sectores públicos desde que fue instaurado el modelo económico neoliberal a finales del siglo pasado y que favorece al consenso impuesto por los sectores burgueses dominantes. Así, bajo el pretexto de la modernización, el progreso y el desarrollo, se han logrado imponer los conceptos de calidad y competitividad implementados por organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, entre otros.

No es raro entender entonces por qué el otorgamiento de recursos públicos a la universidad por parte del Estado está condicionado por criterios impuestos por el BM, el FMI, etc. Lo que significa que instituciones nacionales estatales como la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), llevan a cabo ciertas acciones de condicionamiento para otorgar el presupuesto en el campo educativo. Estas políticas generan la reducción del presupuesto destinado a la educación pública y como tal a las universidades públicas; afectando no sólo a las instituciones educativas, sino también a la vinculación de las mismas con la sociedad. Para este año, la educación superior enfrenta un recorte de más de 37 mil millones de pesos (Hernández 2016).

Pero se debe ir más allá del desfinanciamiento de las universidades públicas. Al imponerse la idea de que pagar por la educación representa una inversión que deben de hacer las y los estudiantes y sus familias, se tienen como consecuencia las altas cuotas en cuanto al pago de colegiaturas y otros conceptos, así como la adopción de criterios de gestión empresarial en la vida orgánica de las universidades públicas y privadas.

Si se revisan las cifras oficiales sobre los costos de las cuotas de las universidades públicas en México, se puede observar que algunas llegan a tener mensualidades de hasta $6,500 pesos, como es el caso de la Autónoma de Aguascalientes. Mientras que otras como la Autónoma de Chihuahua, la Autónoma del Estado de México, la Autónoma de Tamaulipas mantienen costos de entre $5,000 y $5,500 pesos, la Michoacana de San Nicolás de Hidalgo llega a tener costos de hasta $4,670 pesos. Considerando que el salario mensual en México oscila entre los $2,300 y $5,000, se entiende por qué 35.2% de las y los jóvenes que ingresan a la universidad, desertan de sus estudios a nivel superior (Tercera Vía 2016).

Es un hecho que la educación como campo de inversión para la iniciativa privada es un fenómeno fomentado incluso por el mismo Estado. No es raro entonces que el número de universidades privadas sea mayor a número de universidades públicas. De esta forma, de 3,568 IES en todo el país, 2,574 son particulares (7 de cada 10). Mientras las universidades públicas, entre las estatales, las estatales con apoyo solidario y las  federales, apenas ascienden a 67. A pesar de ser más numerosas y tener muyo mayor oferta en cuanto a programas de licenciatura, las IES particulares tienen menos matrícula (1,400,972), mientras las IES públicas atienden a 2,843,4239 alumnos, donde las universidades públicas aglutinan un total de 1696,323, insuficiente para satisfacer la demanda de casi 30 millones de jóvenes que viven en el país (Secretaría de Educación Pública 2016).

Bajo el modelo neoliberal, la labor del Estado, respecto a las IES, se reduce a la mediación y regulación de las relaciones entre las instituciones, dejando de lado su función de garantizar el acceso a la educación. Es por ello que, año con año, el índice de rechazadas y rechazados en las universidades públicas alcanza altas cifras, con  un promedio de 250 mil estudiantes rechazados anualmente. Un ejemplo es la Universidad Nacional Autónoma de México, donde este año se les fue negado el derecho a la educación superior a más de 131 mil jóvenes, mientras en la UAEM el número ascendió a 22 mil, en la UAA se rechazó a 9,050 y en la en la UMSNH la cifra podría llegar a más de 11 mil.  Como explica Aníbal Ponce en su obra Educación y lucha de clases: “no es que la escuela burguesa no pueda dar una instrucción para todos; lo que sucede es que elimina a los [que considera como] realmente ineptos” (Ponce 2005).

Como tal, los programas educativos ahora responden a las necesidades del mercado, se enfocan en gran medida hacia el desarrollo de habilidades prácticas que le permitan a las y los egresados de la universidad insertarse en el campo laboral, imperando en este panorama la competitividad y los criterios de empresa. Entonces, se piensa que la universidad pública ofrece productos y bienes, en cuanto a la generación de conocimientos, creyendo que el conocimiento es un bien que permitirá a las y los egresados de la universidad obtener mayores recursos económicos, dejando atrás su papel en la transformación de la sociedad, de buscar dar respuesta y solución a las problemáticas a las que se enfrentan los sectores populares, prefiriendo, en cambio, servir a los intereses de los sectores burgueses. Después de todo, como explica Aníbal Ponce el sistema educativo está diseñado de tal forma que, en la medida en que se avanza en los niveles de educación, las y los estudiantes intenten “escapar a su condición proletaria” (Ponce 2005).  En cambio, le hace aspirar a incorporarse a los sectores burgueses, algo prácticamente imposible se lograr.

De todo este fenómeno, se tiene como consecuencia el aburguesamiento de la universidad, de las y los universitarios que pasan a ser elementos rentables para la acumulación económica. Ya no se está al servicio de la sociedad, sino del mercado, se deja de funcionar como agentes de transformación social, legitimando el orden capitalista, en vez de cuestionar las injusticias y desigualdades sociales  que este sistema trae consigo.

Si se quiere resistir y seguir en pie de lucha contra este proceso, las y los universitarios conscientes deben funcionar, en unidad, como fuerza motriz de la revolución socialista, cumplir con su papel de agitación y propaganda y no recurrir al activismo sin consecuencia revolucionaria. Los movimientos estudiantiles deben ser consecuentes, dejar de actuar en coyuntura, aspirar a transformar la universidad pública en cuestiones de educación y pedagogía, pero sin dejar de lado la transformación de la sociedad y sus estructuras económicas, sociales y políticas.

No basta con pedir mayor financiamiento y gratuidad en nuestras universidades, se debe vincular la lucha estudiantil con las luchas populares proletarias, solidarizarse con ellas, movilizarse y agitarse no únicamente cuando, como universitarios, sus intereses estén en peligro. Ser capaces de hacer que la universidad responda a los intereses de los sectores populares, no a los empresariales, conformar ese anhelo de universidades-pueblo, democráticas, autónomas, en donde se popularice la enseñanza, donde todas y todos tengan cabida y se forme una nueva conciencia contrapuesta al orden establecido, teniendo siempre como base la praxis revolucionaria. Como asegurara Julio Antonio Mella: “Un concepto socialista de la lucha por mejorar la Universidad es similar al concepto del proletariado en su acción por mejorar las condiciones de su vida y su medio. Cada avance no es una meta, sino un escalón, para seguir ascendiendo, o un arma más que se gana al enemigo para vencerlo en la lucha final”.

Bibliografía

Hernández, Zuiri. ¿Cómo enfrentar el recorte al presupuesto de las Universidades? 12 de noviembre de 2016. http://www.laizquierdadiario.mx/Como-enfrentar-el-recorte-al-presupuesto-de-las-Universidades (último acceso: 20 de junio de 2017).

Ponce, Anibal. Educación y Lucha de Clases. Madrid, España: Ediciones Akal, 2005.

Secretaría de Educación Pública. Estadísticas Básicas de Educación Superior en México en el ciclo escolar 2015-2016. 2016. http://www.pides.mx/panorama_esmex_2015_2016/estadisticas_basicas_ed_sup_mex_ciclo_2015_2016.pdf (último acceso: 20 de junio de 2017).

Tercera Vía. Educación Superior en México: Datos para fusilar el optimismo. 23 de mayo de 2016. http://terceravia.mx/2016/05/educacion-superior-en-mexico-datos-fusilar-optimismo/ (último acceso: 23 de junio de 2017).