Por Comité Feminista

Porque no es su virtud femenina específica lo que le da un lugar de honor [a la mujer] en la sociedad humana, si no el valor de la útil misión que lleva a cabo, el valor de su personalidad como ser humano, como ciudadana, como pensadora, como luchadora.

-Alejandra Kollontai

La lucha de las mujeres en la búsqueda de la emancipación se enmarca en muchos contextos, a través de la historia y en numerosos referentes. Por esto podemos decir que el feminismo es un conjunto diverso de propuestas políticas que buscan transformar la realidad que vivimos las mujeres.

Desde los inicios de la revolución industrial, pasando por todos los procesos de surgimiento y consolidación del capitalismo, las mujeres hemos estado presentes en el movimiento popular, ya sea como miembros activos de los distintos procesos revolucionarios, trabajadoras en los movimientos sindicales, amas de casa luchando en contra de la carestía de la vida y el alza de los productos básicos, en pro de la participación política (como el derecho a votar y ser votadas), por el acceso a la educación en todos los niveles, por la independencia civil y económica, entre otros.

Estas propuestas abarcan ámbitos económicos, políticos y culturales, en las que el feminismo tiene varias tendencias. Tantas, que no podríamos hablar de la existencia de un solo feminismo, si no de una abigarrada comunidad de feminismos. El presente texto tiene como finalidad describir la propuesta del feminismo socialista, en el que son las mujeres trabajadoras el sujeto histórico.  Para ello se desarrolla en tres apartados. En el primero se narra de manera somera la estructura del movimiento feminista en su conjunto; en el segundo apartado, se describe la participación de las mujeres en la revolución de octubre de 1917. Posteriormente, en el tercer apartado se puntualizan los logros obtenidos a partir del proceso revolucionario, para finalmente concluir con una serie de propuestas derivadas de este proceso que se retoman por el movimiento feminista contemporáneo.

1.- Estructura del movimiento feminista

En términos generales, existen al menos dos grandes tendencias que los dividen a los feminismos, el sexo y la clase. A estas dos tendencias se les suman una infinidad de subdivisiones que le imprimen la forma de entender situaciones concretas, como también la estructura de sus tácticas y estrategias, que cada propuesta feminista ha ido desarrollando a través del tiempo. Son al menos tres olas o momentos de estallido dentro del movimiento feminista, que sintetizan periodos de auge de consignas políticas que lograron (y logran) agrupar a las distintas propuestas feministas.

La primera ola, surge a la par de la revolución francesa cuyo programa se basaba en los Cuadernos de Quejas y Reclamaciones escritos en 1789 por la anónima Madame B.B. (D’atri, 2004). Se ubica en el nacimiento del estado nación, las consignas contenidas en los cuadernos de quejas fueron posteriormente retomados por Gouges (1789) en sus más de cuatro mil escritos revolucionarios entre los que destacan la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana y, finalmente recogidos en los debates de la época, son enunciados por Wollstonecraft (1792) dentro de la Vindicación de los Derechos de la Mujer, este texto seria clave para el inicio del camino hacia la consolidación del feminismo.

La segunda ola, que Varela (2008) describe desde el sufragismo hasta las propuestas teóricas de Simone de Beauvoir, periodo desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX y que comienza antes o después dependiendo del país al que se hace referencia. En esta ola, aquellas mujeres que ya habían luchado junto con los hombres por la independencia de su país, ahora ampliaban la lista de demandas a igualdad de derechos políticos y sociales, con el derecho al voto como principal estandarte, seguían en la agenda. Ahora se le sumaban además, la abolición de la esclavitud, el acceso a la educación, el cuestionamiento sobre la existencia de la doble jornada laboral y el trabajo doméstico. Es en este punto donde surgen las obreras, aquellas mujeres que tenían la condición de ser trabajadoras, rompían con el esquema construido para ellas en aquellos primeros años del capitalismo patriarcal: el rol de princesa doméstica, débil, obediente y pasiva, de mujer-madre. Contradicción del sistema que delinea bien Marx (1849) ya en el manifiesto comunista, cuando habla del papel de las mujeres y la conformación de los núcleos familiares. Estas mujeres se identificaban como un problema para la estructura ideológica dominante, puesto que compatibilizan la feminidad y el trabajo asalariado: participan tanto en la reproducción, el ámbito privado; como en la producción industrial, en el ámbito público.

Con ellas surgen algunas de las interrogantes que aún se plantean en los movimientos populares, en los grupos más conservadores de la burguesía, las estructuras gubernamentales, así como también dentro de la academia. Algunas de éstas interrogantes son: ¿Es compatible el trabajo asalariado con las mujeres?, ¿se tiene que poner límites al trabajo de mujeres?, ¿qué tipo de trabajador es una mujer?, ¿debe de obtener el mismo salario una mujer y un hombre?. Tratando de encontrar respuestas, se pueden hallar un vasto número de propuestas de y para las mujeres trabajadoras, se señala la importancia de Flora Tristán como precursora, con Unión Obrera (1843) y sus Peregrinaciones de una Paria (1839) y entre otras obras sientan las bases de lo que hoy conocemos como el Feminismo Socialista y el Internacionalismo Proletario1.

La tercera ola, que es la que nos encontramos actualmente (Varela, 2008), surge en el periodo de postguerras. El surgimiento del fascismo en Europa y el estallido de la Segunda guerra mundial trajeron consigo la reducción2 de la presencia y el reconocimiento de las mujeres en el espacio público. De nuevo reinaban los discursos de domesticidad obligatoria. Sin embargo, en este contexto las mujeres comenzaron a preguntarse ¿Cuál es el rol que tenemos las mujeres en la sociedad? A ello se le denominó el problema femenino, caracterizado por explicar que la raíz de los problemas de las mujeres era que éstas envidaban a los hombres, e intentaban ser igual que ellos, en vez de aceptar su propia naturaleza. Que en palabras de Friedan (1965, p. 70) “sólo podía encontrar su total realización en la pasividad sexual, en el sometimiento al hombre y en consagrarse amorosamente a la crianza de los hijos”. Es a partir de aquí donde se delinea que el problema de la diferencia entre los sexos es político y por tanto, de ejercicio del poder.

A partir de éste proceso se suman las demandas relacionadas con el ejercicio del poder sobre el propio cuerpo, la decisión del ejercicio libre del género, las relaciones sexuales como relaciones políticas en la que la tan conocida frase de Katte Millet “lo personal es político” abandera a toda una época. Con la cual da cuna al feminismo radical y a la apertura de las compuertas de una represa, para desbordar desde entonces una infinidad de propuestas políticas y teóricas feministas.  Cada una de estas olas corresponde a procesos vivos que aunque su surgimiento se enmarque en un contexto histórico definido, sus procesos de desarrollo obtienen características particulares.

2.- La participación de las mujeres en la revolución de octubre de 1917

Durante el régimen zarista las leyes hacia las mujeres rusas no eran muy distintas al resto de Europa, se habían creado escuelas para niñas, tenían acceso a la educación secundaria, no estaba  prohibido que acudieran a la universidad y las mujeres podían trabajar sin permiso del esposo. Sin embargo, esto solo tenía efecto en  la burguesía, pues las trabajadoras mantenían una tasa de analfabetismo alta y sus condiciones de vida y laborales eran deplorables.

Es por esto que desde principios del siglo XX, las obreras protagonizaron numerosas luchas sociales contra las condiciones de precariedad laboral. Las largas jornadas de trabajo nocturnas de mujeres niños y niñas,  los entornos y el acoso laboral, el deplorable salario y la persecución patronal, entre otros factores, llevaron a las trabajadoras a realizar revueltas, huelgas, destrucción de fábricas y paros de producción. Se exigía mejorar las condiciones laborales y el cumplimiento de necesidades específicas, como el permiso de maternidad.

Ante esto, Alexadra Kollontai y otras mujeres socialistas comienzan a dirigirse a las obreras, puesto que a diferencia de las feministas burguesas y del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSR)3 consideraban que era fundamental la organización política y sindical, en conjunto con los obreros, contra el sistema capitalista. Las ideas de Kollontai encontraron concordancia con los planteamientos bolcheviques4, razón que le costó el exilio hasta febrero de 1917.

Las luchas sociales de las mujeres no cesaron y fue en 1914, en el que un grupo de mujeres bolcheviques, entre ellas Nadezhda Konstantinovna, Inessa Fyodorovna, Anna Il’inichna Ul’yanova-Elizarova, Liudmila Nikolaevna, Konkordiya Nikolavna y Praskov’ia Frantsevna, crean el primer periódico dirigido específicamente a las mujeres trabajadoras denominado Rabotnitsa5, cuyo objetivo era convocar a mítines y manifestaciones de masas contra la guerra y el alza de los precios. Se destaca, que el primer número hacía alusión a las diferencias entre el feminismo burgués y la lucha de las mujeres bolcheviques, marcadas aún más por la guerra, las primeras mantenían una postura de luchar para tener  condiciones iguales a los hombres, mientras las bolcheviques consideraban que era necesaria la organización proletaria contra la burguesía (Donald, 1982).

Se reporta que durante 1914 y 1917, la participación laboral de las mujeres aumentó considerablemente de 26.6% al 43.4%, incrementando  la mano de obra femenina en el sector industrial, alimentario y textil, ocupando los espacios de los esposos que habían sido enviados a la guerra. Finalmente, el día 23 de febrero de 1917 las obreras textiles se declararon en huelga al grito de ¡Queremos pan!, manifestando así las necesidades más básicas de la población, puesto que las condiciones económicas y sociales se habían hecho intolerables por la participación de Rusia en la guerra. Entre estas mujeres trabajadoras se encontraban las soldatki6, mujeres procedentes de distintos estratos sociales, como la obrera y campesina, cuyas condiciones de vida habían empeorado aún más (Faure, 2010).

El hambre y la guerra permanecían y la protesta aumentaba, 90,000 obreras y obreros respondieron con levantamientos masivos contra el gobierno, y en esta ocasión se alzaron al grito de ¡Abajo la autocracia! y ¡Abajo la guerra!, que concluyeron en el derrumbe del zarismo y creándose un gobierno provisional del POSR menchevique. Tras la revolución de febrero, el partido bolchevique entre otros partidos, fueron legalizados Mientras, Lenin, Kollontai y otros comunistas exiliados se acercaban a la frontera para ingresar a Rusia y organizar a las y los trabajadores. (Bengoechea y Cruz, 2017)

A inicios de abril, las mujeres se movilizaron, decididas a no abandonar las calles hasta que se aprobara su derecho al voto que se ganó el 20 de julio, logrado antes que las sufragistas británicas y estadounidenses. Sin embargo esto sólo era el comienzo, las huelgas no cesaron y cada vez se reclamaban más los derechos laborales de las mujeres, mostrando repudio y descontento al gobierno provisional. Mientras, obreras y dirigentes bolcheviques organizaban mítines y comités de redacción del periódico Rabonitsa, se reunían semanalmente en cada fábrica y discutían las cartas que les llegaban sobre la situación de las mujeres y sus necesidades en las distintas partes de Rusia.

Entre septiembre y octubre, se desarrolla un profundo proceso de concientización social que permite a los bolcheviques ganar a la mayoría de las y los obreros. El Partido Bolchevique resaltaba la necesidad de crear igualdad entre mujeres y hombres, comenzando por las relaciones familiares, tal como lo describe Lenin en su discurso que aparece en la antología de Vermeersch y Fréville:

Las obreras deben tomar mayor parte en las elecciones. Único en el mundo, el poder de los Soviets ha sido el primero en abolir completamente todas las viejas leyes burguesas, las leyes infames que consagraban la inferioridad legal de la mujer y los privilegios del hombre, notablemente en el matrimonio y las relaciones con los niños. (Vermeersch & Fréville, 1951)

La participación de las obreras previo y durante la Revolución de Octubre de 1917 fue vital para su realización, tal como lo menciona Lenin en su discurso al primer congreso Panruso de obreras7 “Una revolución socialista no es posible sin una larga representación de una fracción de las mujeres trabajadoras.” (Vermeersch & Fréville, 1951)

3.- Logros de la Revolución de Octubre para las mujeres

Distintas autoras han señalado la invisibilización de la participación de las mujeres en los distintos movimientos sociales y revoluciones. Sin embargo, contrario a lo que pareciera, las propuestas realizadas durante la revolución de octubre no sólo resaltan la participación de obreras y militantes del Partido Comunista, también marca una diferencia clave con las revoluciones burguesas, puesto que no sólo reivindica los derechos de las mujeres y establece con principal interés su emancipación sino que propone mecanismos prácticos para realizarlo.

Goldman (1993) especifica que la idea bolchevique acerca de la emancipación de las mujeres se basa en cuatro aspectos fundamentales: “La unión libre, la liberación femenina a través del trabajo asalariado, la socialización de la labor doméstica y la extinción de la familia”. En 1918 se crea el Código familiar, este establecía el divorcio por la petición de cualquiera de las partes, creó igualdad bajo la ley entre hombres y mujeres en lugar de catalogar a los hijos e hijas como legítimo(as) e ilegítimo(as), se crea un término para cubrir a los hijos de padres que no estuvieran casados, que para asegurar la manutención por parte de ambos padres. (Bengoechea y Cruz, 2017)

En el ámbito laboral, se otorgó la igualdad salarial8, se prohibieron las jornadas nocturnas de las mujeres y el trabajo infantil. El programa de seguro de maternidad9 fue uno de los más grandes logros de las mujeres trabajadoras, éste otorgaba 8 semanas de licencia de maternidad reenumerada plenamente, espacios de descanso en las fábricas para la lactancia, servicios médicos gratuitos antes y después del parto, así como bonos, administrado por la Comisión para la Protección de Madres e Infantes encabezado por la Dra. Vera Lebedeva. (Bengoechea y Cruz, 2017)

Se le suman a la aprobación de éstas leyes, la insistencia de que para alcanzar la emancipación de las mujeres era necesaria su liberación del trabajo doméstico, por lo que se crea en agosto de 1919, el Departamento de las Mujeres del Partido Bolchevique Zhenotdel10, compuesto por trabajadoras, campesinas y amas de casa, con la finalidad de realizar trabajo específico entre las mujeres. Se lograron organizar congresos y conferencias, analizando  las necesidades de las mujeres trabajadoras, impulsándolas a la participación  dentro de los sindicatos y el Partido. Entre las cosas que crearon fueron: las guarderías, comedores colectivos, lavanderías, entre otras, con el objetivo de la eliminación de limitaciones de las mujeres con pareja y familia. Se dio a todas las mujeres el derecho a ser miembros de los consejos rurales y a ser cabeza de familia. En noviembre de 1920, se legalizó el aborto, mediante un decreto que denunciaba la legislación penalizadora de los otros países, así mismo se revocaron las leyes contra actos homosexuales y las formas de actividad sexual consensual (Bengoechea y Cruz, 2017). Finalmente, consideraban que la “prostitución no es compatible con la república obrera soviética por una tercera razón: no contribuye al desarrollo y fortalecimiento ni de un carácter de clase ni del proletariado y su nueva moral.”, no establecieron castigos legales, en su lugar, se centraron en  abordar las causas de la misma, mejorando las condiciones laborales y de vida de las mujeres. (Kollontai, 1921)

4.- Conclusiones

Las consignas feministas de las distintas olas son el legado de generaciones de mujeres que lucharon por un mejor mundo y que hoy se abanderan en lo que se conoce como la agenda feminista. Una gran parte de esta agenda corresponde a las propuestas realizadas por primera vez durante esos convulsos años entre revoluciones y tienen un evidente carácter socialista.

Las bolcheviques marcaron una pauta a las luchas y teoría feminista, pues plantearon como sujeto de sus luchas a las mujeres trabajadoras como quienes deberían de disfrutar de los beneficios de los logros feministas, planteando claramente la división de clases.  Sus propuestas de análisis teórico cuestionaban de manera crítica las propuestas de emancipación de las mujeres, y mantuvieron un constante debate con las feministas de la época. Además, llevaron a la práctica sus propuestas por medio de la concientización y organización de las obreras a la par de sus compañeros obreros.

Esto último, aún aqueja las luchas feministas actuales y los debates entre las distintas propuestas feministas se mantienen constantes. Es interesante señalar los estragos producto del proceso de institucionalización del movimiento feminista que se enmarca en las propuestas neoliberales que hicieron que el movimiento feminista se fragmentara y privatizara. Quedan por revisar y retomar las propuestas teóricas que las mujeres socialistas desarrollaron.

Notas.

1 Propuesta por Tristán antes incluso de la existencia de la primera internacional en 1864.

2 A pesar de la fuerza política que llegaron a tener los movimientos feministas de la época.

3 De tendencia marxista. Posteriormente se dividió en dos grupos: mencheviques (socialistas moderados que creían que Rusia aún no estaba lista para la revolución) y los bolcheviques (si creían que estaban las condiciones para la revolución, en este grupo se encontraba Lenin). Kollontai se había afiliado años antes al grupo de los mencheviques sin embargo años después cambio su postura a la de los bolcheviques.

4 Propuestas expuestas en el periódico Pravda.

5 Obreras

6 Esposas de los soldados enviados a la guerra.

7 Llevado a cabo el 19 de noviembre de 1918

8 Mismo trabajo por las mismas horas laboradas entre hombres y mujeres.

9 Diseñado por Kollontai.

10 “Sección de la Mujer”

Bibliografía

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Varela, Nuria (2008). Feminismo para principiantes. 2ª ed.  Barcelona: Ediciones B. ISBN DIGITAL: 978-84-9019-565-9

Vermeersch, J. & Fréville, J. (1951). Mujeres y el Comunismo. Antolgía de los grandes textos del marxismo. Paris: ÉDITIONS SOCIALES

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