Ha llegado octubre, un mes lleno de conmemoraciones para quienes estamos seguros de que es urgente y posible cambiar el país hacia un rumbo distinto, mejor. Donde todas las personas que vivimos de nuestro trabajo tengamos el poder suficiente para lograr una transformación de fondo tanta y tanta mierda que nos golpea por todos lados.

Estamos convencidos de que urge una salida a la crisis que vivimos. Pensamos que en estos tiempos de caos, de desarme teórico y de pragmatismo extremo entre las filas de “izquierda”, es necesario mirar al pasado para iluminar el presente y construir nuestro futuro.

Hemos preparado este número destacando dos experiencias vitales: los cien años del triunfo de la Revolución Rusa y los 50 años de la caída del Che Guevara en la selva boliviana. ¿Qué significa para nosotros la Revolución Rusa y la Revolución Cubana encabezada por dirigentes como el Che?

Pensamos que la Revolución Rusa que estalló en octubre de 1917 debe ser comprendida más allá de las virtudes o atributos de tal o cual personaje dirigente. Dicha “revolución de carácter socialista” nació de un proceso político que adquirió un carácter de “insurrección de masas”, originado en: 1) la crisis del régimen del entonces emperador ruso, 2) en la existencia de una voluntad revolucionaria entre distintas clases y grupos sociales que actuaron en un momento de coyuntura muy particular, 3) en la audacia y estrategia del partido bolchevique que supo unir a todas la fuerzas inconformes para preparar la insurrección, para finalmente dar un giro político fundamental. Fue una “revolución internacionalista” en el sentido de que salió de la trampa del discurso nacionalista imperante en el contexto de la I Guerra Mundial, para lograr una solidaridad entre los pueblos bajo el principio “de clase”, así como combinar la cuestión social (proyecto comunista) con la nacional (antiimperialismo), logrando irradiar a otras partes del mundo.

En sintonía con dicha experiencia histórica, la victoria de la Revolución cubana de carácter antiimperialista y socialista fue la mayor sorpresa histórica que haya vivido América Latina. Inauguró un periodo ascendente de luchas populares de masas y levantamientos guerrilleros bajo las propuestas del proyecto socialista; protagonizadas por campesinos y jóvenes provenientes de movimientos estudiantiles radicalizados. Los cuales emergieron en la mayoría de las ocasiones de manera distante a los partidos comunistas fundados en el continente bajo el cobijo del Partido Comunista de la Unión Soviética. Entre finales de la década de 1960 y 1970 la irradiación de la revolución cubana había llegado a casi todos los países latinoamericanos, correlacionándose con el ascenso de hasta 54 movimientos guerrilleros en disputa por la toma del poder, o el triunfo electoral de algunos gobiernos de izquierda como el caso particular del chileno Salvador Allende en 1970, hasta la contraofensiva de las dictaduras militares y la derrota del proyecto socialista.

Honor y gloria a los obreros, campesinos y soldados que protagonizaron la Revolución Rusa de 1917. Honor y gloria al Comandante Guevara caído en 1967, cuyo proyecto ético-político cobra mayor vigencia que nunca. Hay un antes y un después de ellos, no de un país, sino del mundo entero.