Comité José Carlos Mariátegui

Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En ello estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño (o un gran) burgués adocenado. (Lenin, El Estado y la Revolución)

 

En 1918 salió a la luz en la ciudad de Petrogrado (San Petersburgo) una de las obras más importantes del pensamiento marxista: El estado y la revolución (ER). La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución. Escrita por V.I. Lenin entre agosto y septiembre de 1917, esta obra expone de forma magistral y didáctica los fundamentos marxista-leninistas del Estado, el poder político y su relación con la democracia, la revolución socialista, la instauración de la dictadura del proletariado y los elementos generales para la construcción de la sociedad comunista.

Lenin redactó ER en el transcurso de la Revolución democrático-burguesa del 27 de febrero (12 de marzo de acuerdo al calendario gregoriano vigente) y la Revolución Proletaria del 25 de octubre (7 de noviembre), periodo también marcado por la última fase del desarrollo de la guerra imperialista de 1914-1918. En ese momento era urgente la tarea política de explicar los temas del poder político y del Estado, pues como lo apunta el dirigente bolchevique:

…la lucha por arrancar a las masas trabajadoras de la influencia de la burguesía en general, y de la burguesía imperialista en particular, es imposible sin combatir los prejuicios oportunistas acerca del Estado… De tal modo, la cuestión de la actitud de la revolución socialista del proletariado ante el Estado adquiere no sólo una importancia política práctica, sino la importancia más candente y actual como cuestión de explicar a las masas lo que deberán hacer para liberarse, en un porvenir inmediato, del yugo del capital. (pág. 26)

Entonces, el objetivo era educar a las masas de trabajadores en una concepción verdaderamente revolucionaria acerca del derrocamiento del régimen burgués, la guerra imperialista y la construcción de la sociedad socialista. Es por ello que Lenin realiza una crítica demoledora a las corrientes no marxistas que influían en el movimiento obrero, comenzando por el romanticismo utopista y la ingenuidad anarquista de Proudhon, Kropotkiny y Bakunin; el oportunismo socialdemócrata menchevique de los exmarxistas Plejánov y Kautsky; el democratisismo pequeño burgués, representado por el Partido Social Revolucionario (Eseristas) dirigido por Kerenski, Avxéntiev y Chernov; y finalmente, el liberalismo burgués monárquico del Partido Demócrata Constitucionalista (Kadetes) .

Como fundamento de su análisis, Lenin parte de un minucioso análisis de la obra de Carlos Marx y Federico Engels, en la cuales los fundadores del materialismo histórico abordan el problema del Estado y la Dictadura del Proletariado. Es por ello que en el libro encontramos numerosas referencias a la Miseria de la Filosofía (1847), El Manifiesto Comunista (1848), El origen de la familia la propiedad privada y el estado (1894), El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852), La guerra civil en Francia (1871)  y su prefacio de 1891, El AntiDühring (1878), La Crítica del Programa de Gotha (1875), La Crítica del Programa de Erfurt (1891), la Contribución al problema de la vivienda (1873), el Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas (1850), así como la correspondencia entre Marx y Engels.

Sin embargo, Lenin no pretende reducir el debate a la simple repetición de frases y citas de Marx y Engels, sino que se concentra en el análisis del desarrollo de la lucha de clases en las últimas décadas del siglo XIX en Rusia y  Europa. Por eso no es casual que encontremos apartados donde sintetiza las lecciones del movimiento obrero revolucionario, a partir de las experiencias de las revoluciones de 1848 a 1851  (Capitulo II) y de la Comuna de País en 1871 (Capítulo III).

LAS TESIS FUNDAMENTALES

Podemos encontrar en la obra ER tesis fundamentales que por su profundidad resaltan y se convierten en aportes universales para el movimiento revolucionario, tal es el caso de los conceptos de Estado, revolución y dictadura del proletariado, el papel del Estado en el imperialismo, dictadura y democracia. En los siguientes apartados intentaremos sintetizar algunas de las ideas centrales.

  1. El Estado es un aparato burocrático militar de represión

Para comprender el problema del Estado, Lenin discute en torno a tres preguntas básicas: ¿cómo ha surgido históricamente el Estado burgués, la máquina estatal que necesita para su dominación la burguesía? ¿cuáles han sido sus cambios, cuál su evolución en el transcurso de las revoluciones burguesas y ante las acciones independientes de las clases oprimidas? ¿cuáles son las tareas del proletariado en lo tocante a esta máquina del Estado? 

Para comenzar a responder, nos remite a la génesis histórica misma del Estado explicando que:

El Estado —dice Engels, resumiendo su análisis histórico— no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera de la sociedad. Tampoco es ‘la realidad de la idea moral’ ni ‘la imagen y la realidad de la razón’, como afirma Hegel. Es más bien el producto de un determinado grado de desarrollo de la sociedad, es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables que no puede conjurar. (pág. 28)

El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables. (pág. 29)

La definición del Estado como producto del carácter irreconciliable de la lucha de clases, muestra al poder político como lo que realmente es: un mecanismo de dominación usado por las clases dirigentes contra las clases dirigidas. La concepción clasista de la génesis y esencia del poder político, desmontan todas las ilusiones oportunistas y liberales que suponen la neutralidad de las instituciones estatales, inclusive las más democráticas, así como su pretendida eternidad, inmutabilidad o ahistoricidad. De esta forma, al concebir al Estado como producto de la lucha de clases aparece su esencia: una fuerza especial de represión (pág. 40) que cuenta con destacamentos especiales de hombres armados y cárceles. El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del poder estatal. Pero ¿puede acaso ser de otro modo? (pág. 32).

La esencia represiva del Estado, tiene un fundamento material que se puede sintetizar en el principio de que las clases opresoras y explotadoras aspiran a mantener y perpetuar su condición en contra de las clases desposeídas y explotadas. Por ello, para los marxistas el Estado es un instrumento de la explotación de la clase oprimida (pág. 34):

La sociedad, que se ha movido hasta ahora entre antagonismos de clase, ha tenido necesidad del Estado, o sea de una organización de la clase explotadora para mantener las condiciones exteriores de producción, y por tanto, particularmente, para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la esclavitud, la servidumbre, el trabajo asalariado), determinadas por el modo de producción existente. (pág. 38)

  1. La dictadura del proletariado se instaura por medio de la revolución violenta y la destrucción del estado burgués.

El ER señala, que al ser el Estado burgués una fuerza especial de represión, independientemente de la forma en que aparezca, representa los intereses colectivos de la burguesía como clase dominante. Es por ello que en la lucha por su liberación, el proletariado no le queda más opción que destruir esta máquina burocrática militarconquistar del poder político por medio de una revolución violenta e instaurar la dictadura del proletariado. De esta forma, para Lenin, la conquista del poder político, representa la tarea fundamental del proletariado revolucionario en la lucha por su emancipación, ya que la dominación política del proletariado, es la única vía para derrotar el poder contrarrevolucionario de la burguesía.

Para aclarar este punto, Lenin se remite a las lecciones del Manifiesto Comunista, donde tanto Marx y Engels apuntan: El objetivo de los comunistas es… formar la conciencia de la clase del proletariado, derrocar al régimen de la burguesa, llevar al proletariado a la conquista del poder.

La teoría de la lucha de clases, aplicada por Marx a la cuestión del Estado y de la revolución socialista, conduce necesariamente al reconocimiento de la dominación política del proletariado, de su dictadura, es decir, de un poder no compartido con nadie y apoyado directamente en la fuerza armada de las masas (pág. 48).

La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta. La supresión del Estado proletario, es decir, la supresión de todo Estado, sólo es posible por medio de un proceso de “extinción”.

De esta forma la conquista del poder político y la instauración de la dictadura del proletariado, es decir la dominación política del proletariado, es la síntesis del programa político de los comunistas.

  1. Una vez conquistado el poder proletario, se requiere la expropiación de los medios de producción

La conquista del poder político y la instauración de la dictadura del proletariado, es para Lenin el primer paso de la completa eliminación del régimen burgués y el derrocamiento definitivo de la burguesía; el segundo es la expropiación de los expropiadores y con ello acabar con la explotación de clase trabajador: el proletariado al tomar el poder estatal  comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado (pág. 38). En ese sentido:

Las clases explotadoras necesitan la dominación política para mantener la explotación, es decir, en interés egoísta de una minoría insignificante contra la inmensa mayoría del pueblo. Las clases explotadas necesitan la dominación política para suprimir completamente toda explotación, es decir, en interés de la inmensa mayoría del pueblo contra una minoría insignificante compuesta por los esclavistas modernos, es decir, por los terratenientes y capitalistas (pág. 47)

La socialización de los medios de producción tiene por objetivo eliminar las condiciones materiales que le permitían a las clases dominantes explotar a la clase trabajadora, pero además permite reorganizar el régimen económico en beneficio de las grandes masas de trabajadores.

El derrocamiento de la burguesía sólo puede realizarse mediante la transformación del proletariado en clase dominante, capaz de aplastar la resistencia inevitable y desesperada de la burguesía y de organizar para el nuevo régimen económico a todas las masas trabajadoras y explotadas (pág. 48).

Esta tesis retoma las enseñanzas del Manifiesto Comunista en el cual Marx y Engels apuntan que el programa de los comunistas se sintetiza en esta fórmula: abolición de la propiedad privada de los medios de producción.  

  1. El socialismo es la primera fase de la sociedad comunista

Según Lenin, la revolución proletaria abre paso a un nuevo estadio social: el socialismo, que representa la primera fase del comunismo. En este estadio social, caracterizado por la dominación proletaria o en otras palaras por la dictadura revolucionaria del proletariado,  la burguesía ha sido derrotada; representando así un período político de transición. Es por ello que mediante una cita a Marx, Lenin señala:

 Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista —prosigue Marx— medio el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado….  

En este sentido, Lenin plantea dos momentos necesarios para el desarrollo histórico de la emancipación plena del proletariado, donde las tareas del proletariado se van definiendo históricamente según su relación con el poder político.

En el primer momento, cuando el proletariado es dominado por el poder despótico de la burguesía debe tomar el poder y derrocar, mediante su dictadura, a la burguesa. En segundo lugar, ya cuando ha instaurado su dominación política, el proletariado revolucionario debe extinguir el Estado:

Antes, la cuestión se planteaba así: para conseguir su liberación, el proletariado debe derrocar a la burguesía, conquistar el poder político e instaurar su dictadura revolucionaria. Ahora se plantea de un modo algo distinto: la transición de la sociedad capitalista —que se desenvuelve hacia el comunismo— a la sociedad comunista es imposible sin un “período político de transición”, y el Estado de este período no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado (pág. 108).

Mientras llega la fase “superior del comunismo, los socialistas exigen el más riguroso control por parte de la sociedad y por parte del Estado sobre la medida de trabajo y la medida de consumo, pero este control sólo debe comenzar con la expropiación de los capitalistas, con el control de los obreros sobre los capitalistas, y no debe llevarse a cabo por un Estado de burócratas, sino por el Estado de los obreros armados.

El Estado podrá extinguirse por completo cuando la sociedad ponga en práctica la regla: “de cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades”; es decir, cuando los hombres estén ya tan habituados a guardar las reglas fundamentales de la convivencia y cuando su trabajo sea tan productivo, que trabajen voluntariamente según sus capacidades.

  1. El proletariado es la clase de vanguardia

En consonancia con la concepción materialista del desarrollo histórico, Lenin ratifica el papel fundamental del proletariado en la destrucción del régimen burgués de producción, en la medida que su existencia objetiva es resultado de la existencia y desarrollo mismo del capitalismo:

El derrocamiento de la dominación de la burguesía sólo puede llevarlo a cabo el proletariado, como clase especial cuyas condiciones económicas de existencia le preparan para ese derrocamiento y le dan posibilidades y fuerzas para efectuarlo. Mientras la burguesía desune y dispersa a los campesinos y a todas las capas pequeñoburguesas, cohesiona, une y organiza al proletariado. (pág. 48)

Sólo el proletariado —en virtud de su papel económico en la gran producción— es capaz de ser el jefe de todas las masas trabajadoras y explotadas, a quienes con frecuencia la burguesía explota, esclaviza y oprime no menos, sino más que a los proletarios, pero que no son capaces de luchar por su cuenta para alcanzar su propia liberación (pág. 48)

Con ello no solo define el carácter y contenido del programa revolucionario, sino también al único sujeto colectivo que lo puede llevar acabo el derrocamiento de la burguesía hasta sus últimas consecuencias. En este sentido el papel de vanguardia del proletariado supone la dirección del conjunto de las clases desposeídas contra el régimen burgués, fundamento de la construcción del socialismo. Finalmente, Lenin apunta que es el proletariado la clase que está llamada a borrar toda diferencia de clases, y con ello, a la extinción misma de él en tanto clase social:

El proletariado toma el poder estatal y comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado. Pero con este      acto se destruye a sí mismo como proletariado y destruye toda diferencia y todo antagonismo de clase y, con ello mismo, el Estado como tal (pág. 38).

  1. La democracia capitalista es dictadura para los trabajadores

Para Lenin no existe peor confusión en el movimiento obrero que la que fomentan los oportunistas, socialdemócratas y demócrata liberales, respecto a lo referente a las ideas de democracia y dictadura. La burguesía y sus ideólogos de todos los matices, presentan a la democracia y a la dictadura como si fueran opuestos generales, y con ello, de forma simplista, condenan la dictadura y defienden la democracia. Sin embargo, los conceptos “democracia en general” y “dictadura en general”, son equívocos, pues no se plantean su carácter histórico, su forma concreta, y por tanto, su esencia misma. En contraparte al oportunismo, Lenin expone las confusiones y límites liberales pequeñoburgueses, al demostrar que toda democracia burguesa es una dictadura para los trabajadores:

Democracia para una minoría insignificante, democracia para los ricos: ésa es la democracia de la sociedad capitalista. Si observamos más de cerca el mecanismo de la democracia capitalista, veremos siempre y en todas partes restricciones y restricciones de la democracia… estas restricciones excluyen, eliminan a los pobres de la política, de la participación activa en la democracia. Marx percibió magníficamente esta esencia de la democracia capitalista al decir en su análisis de la experiencia de la Comuna: a los oprimidos se les autoriza para decidir una vez cada varios años qué mandatarios de la clase opresora han de representarlos y aplastarlos en el Parlamento (pág. 109)

 El carácter democrático no elimina la explotación de la clase trabajadora, es por ello que aunque la democracia es preferible que  cualquier autocracia, no es la máxima aspiración de los  comunistas. El dirigente bolchevique apunta:

Nosotros somos partidarios de la república democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo, pero no tenemos ningún derecho a olvidar que la esclavitud asalariada es el destino del pueblo, incluso bajo la república burguesa más democrática. Más aún. Todo Estado es una “fuerza especial para la represión” de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni es libre ni es popular. Marx y Engels explicaron esto reiteradamente a sus camaradas de partido en la década del 70. (pág. 40)

Y con una cita de Engels subraya su afirmación:

Engels subraya una y otra vez que no sólo bajo la monarquía, sino también bajo la república democrática, el Estado sigue siendo Estado, es decir, conserva su rasgo característico fundamental: convertir a sus funcionarios, “servidores de la sociedad”, órganos de ella, en señores situados por encima de ella. (pág. 99)

 Comentarios finales

Solo queremos decir que se han omitido algunas ideas  y  tesis también muy importantes, tal es el caso del concepto de revolución popular, el tema de la comuna y su organización, la dialéctica del parlamentarismo, la crítica puntual y demoledora contra el anarquismo, el centralismo democrático, cómo es que la guerra imperialismo acelera el desarrollo del Capitalismo Monopolista de Estado, o el análisis de las bases objetivas del reformismo. Lo que demuestra que el libro de “El Estado y la revolución” es un texto riquísimo para reflexionar y analizar desde el marxismo los temas del poder, la política, el Estado y su conjugación con el desarrollo capitalista.

Esperamos que con los comentarios anteriores las juventudes revolucionarias tengan a bien estudiar este clásico del pensamiento marxista y a los viejos militantes a repasar sus tesis, en ambos casos permitiría evitar el extravío tan comúnmente ocurrido en el movimiento popular desde la década de los 90. Finalmente cabe decir que ante el reflujo de 30 años del movimiento revolucionario, producto del abandono del marxismo-leninismo, regresar a los clásicos es una tarea indispensable.