Vivimos en un momento de grandes cambios a escala planetaria. Al parecer la crisis capitalista ha agotado el modelo de administración que durante 30 años les había propinado festines y orgiásticas ganancias; hoy ante la catarsis que agobia al sistema económico mundial, aparecen viejos demonios de la humanidad, tales como el racismo, la xenofobia y un belicoso ultranacionalismo, que aunque siempre rondaron veladamente los palacios y mansiones burguesas, era vergonzoso presentarlo públicamente. 

      Ante esta situación, la burguesía imperialista prepara una conflagración mundial, que de realizarse, tendría dimensiones inéditas. Como respuesta ante las fuertes maniobras militares del imperialismo Norteamericano, el 24 de enero China desplegó en la provincia nororiental de Heilongjiang, región limítrofe con la frontera rusa, los misiles nucleares intercontinentales Dongfeng-41 (DF-41) como advertencia a Washington, por la instalación del sistema antimisiles de Defensa Terminal de Área a Gran Altitud (THAAD) en Corea del Sur y su apoyo al gobierno de Taiwán. Por su parte el 9 de octubre del año pasado, el gobierno ruso desplegó en la provincia de Kaliningrado, la parte más occidental de Rusia y por tanto la más cerca de Europa, el sistema de misiles Iskander-M, con capacidad de cargar ojivas nucleares, como contramedidas y respuesta a los ejercicios militares, Anaconda-16, realizados por la OTAN en Polonia y el Mar Báltico, en el que participaron 31 mil soldados, 3 mil vehículos, 105 aeronaves y 12 buques de guerra, todos ellos liderados por las fuerzas de Estados Unidos. Hoy la guerra se cierne sobre el mundo. Es por eso que es necesario recordar que, ante la guerra y la barbarie capitalista, la consigna de la paz es una consigna revolucionaria.

     En el país, este año inició con una enorme movilización de las masas populares. El rechazo al gasolinazo encendió la indignación y el descontento popular, no solo la crisis aguda del régimen de Peña Nieto, que cuenta con menos del 12 por ciento de la aprobación popular, sino que además la ilegitimidad se ha extendido a instituciones como el Clero y el Ejército.  La crisis del Estado se agudiza, el crecimiento económico, la generación de empleo y el gasto total se desvanecen, pero esto no solo es resultado de la mala y fraudulenta administración del peñismo, sino que su origen se encuentra en la crisis misma de la economía mundial. Sumado a ello las fuerzas reestructurantes de la economía norteamericana han orillado a que el modelo de administración neoliberal se acerque cada día más pasos a la tumba. Tal como diría Marx, en el Manifiesto Comunista, “de pronto, todo lo que parecía solido se desvanece por los aires”. Las certezas del credo neoliberal, que hasta entonces era profesado por toda la oligarquía  financiera y la burguesía mexicana, han entrado en cuestión. Sin embargo, la burguesía y la oligarquía criolla han visto la crisis y el desastre que se aproxima, y por ello, desde banqueros, industriales, ladrones, y verdaderos mafiosos, tales como Alfonso Romo, Esteban Moctezuma y Carlos Slim, etc., han optado por impulsar una propuesta política que tranquilice el descontento social y se adecúe a los nuevos tiempos. De nuevo, la socialdemocracia, muy de derecha, se pone de moda; por ello AMLO-MORENA se aparece como una opción viable ante los ojos de los empresarios, finalmente nadie mejor que el tabasqueño para reestablecer el régimen burgués.

     Ante la posibilidad de la restauración burguesa, surge la necesidad de que los comunistas no convirtamos en un referente vivo, que mostremos al pueblo trabajador de que la única salida, es a la izquierda sí, pero a la izquierda revolucionaria. Estamos seguros, que la historia la hacen los pueblos, estamos seguros de que ¡Venceremos!