Comité de base Espartaco

    Actualmente la tasa de sindicalización en México es apenas de un indignante 9% según datos del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (CILAS), del cual solamente el 2% de esos trabajadores están agrupados bajo un esquema democrático, dejando al otro 7% bajo la sombra de la dirigencia charra y corrupta o de los sindicatos de protección de empresa. Estamos hablando que solamente alrededor de 1 millón de trabajadores y trabajadoras, de 52 millones en total en el país (INEGI) pertenece a Sindicatos Democráticos que realmente defienden los derechos de la clase trabajadora.

En el VENCEREMOS 41 abordamos la primera parte de este texto, analizando cuál era la función de los sindicatos en su origen y hacia donde partieron después de la I Internacional Socialista, cómo es que más que un fin económico los sindicatos tenían que perseguir el objetivo histórico de la revolución hacia un modo de producción socialista. En esta segunda parte complementaremos dando un recorrido por la situación que nos toca vivir en México conforme a la sindicalización, como se ha evaporado la cifra en los últimos 40 años de neoliberalismo en México y sobre todo, cuáles son nuestras tareas como trabajadores para caminar hacia el porvenir de nuestra clase.

El panorama desolador de la organización obrera no es resultado de la falta de voluntad de las y los trabajadores por organizarse, tampoco de la falta de conocimiento e ignorancia, tenemos que comprender, que las cifras arriba mencionadas son resultado de la victoria del llamado Neoliberalismo, fenómeno que llega a plantar bandera con la Reforma Laboral aprobada con Peña Nieto. Pero también hay que entender que el modelo de administración de capital donde se desmantela a la clase trabajadora es producto de todo el proceso de vida del sistema capitalista en México desde 1876 hasta nuestros días. No podemos pensar que los últimos cambios estructurales son los que nos tienen sometidos en una miseria interminable, sino que en efecto el capital echa mano de diferentes tácticas, modelos relacionados económicamente a nivel mundial, que sirven siempre a los intereses de la burguesía y que son planificados en perjuicio de las y los trabajadores.

La historia del sindicalismo en México obra de las y los trabajadores por poner en marco político sus derechos laborales es la historia de la lucha de clases en nuestro país, en ese proceso nosotros podemos darnos claridad acerca del momento en el que nos encontramos y hacia dónde podemos caminar. Por eso es necesario analizarlo de manera crucial, dando puntos de referencia para seguir con nuestra memoria como clase, memoria que es de lucha.

 

 

Nuestra historia: ¿Vanguardia o retaguardia?

El movimiento obrero de fines del siglo XIX fue el punto de partida para las primeras confederaciones obreras como fue el caso de la Confederación de Asociaciones de Trabajadores de los Estados Unidos Mexicanos en 1876, organización que llegó a contar con más de 8 mil trabajadores de hilados y tejidos, que junto con la Unión liberal humanidad y el Gran Círculo de Obreros Libres llevarían a cabo la Huelga de Cananea y la de Río Blanco (Trueba Urbina). Los logros del movimiento obrero con 30 años de lucha desembocarían en la fundación del Departamento de Trabajo y la Casa del Obrero Mundial, así como en 1913 la primera conmemoración en lucha del 1° de Mayo pidiendo la jornada de 8 horas de trabajo y el descanso dominical.

Después de la Revolución Mexicana, hacia los años 1916-1918 se constituirían confederaciones de mayor peso y con una visión más clasista, estamos hablando de la Confederación Regional Obrera Mexicana, que reconocía el principio histórico marxista de la “lucha de clases” y cómo objetivo se planteó la socialización de los medios de producción y logró establecer el 123 constitucional de nuestra actual constitución.

Hasta ese entonces los y las trabajadoras habían pasado de un liberalismo tiránico a un reacomodo de las fuerzas políticas en el país, la revolución había colocado nuevas élites en el poder y los obreros, de no consolidar su organización, se verían amordazados cómo en un principio. EL capitalismo iba consolidando el Estado cómo instrumento de clase y lo veríamos tempranamente en la CROM con el cambio de objetivos y metas hacia el economicismo, hacia la lucha sindical y no por el socialismo, esto fue el resultado de su segundo congreso. El término del proceso y papel de la CROM llegó en 1932 con la salida de la facción Lombardista, la fundación del Partido Nacional Revolucionario (hoy PRI) y la incorporación de los sindicatos a este partido perdiendo su autonomía y sus principios democráticos.

El fondo de lo anterior es que precisamente la revolución no fungió como ese cambio de dominio de una clase por otra, sino más bien funcionó como ajuste a las condiciones de dominación del sistema capitalista en México, este punto es el origen de la corporativización, proceso de cooptación, de la vanguardia transformadora en nuestro país.

Una base de trabajadores no conforme con la CROM, el ala que llamaban radical varía entre anarcosindicalistas y marxistas-leninistas, estos últimos fundadores del Partido Comunista Mexicano y la Federación de Juventudes Comunistas para 1920. Parte importante de la lucha clasista de nuestro país hasta 1981. 

El segundo golpe a la lucha sindical con visión de clase, fue el triunfo de Cárdenas en la presidencia y la creación de su vertiente obrera aliada de la Confederación de Trabajadores de México, que en un principio pareció un logro inminente contra “el contrarrevolucionario” Calles y declarando en su artículo 20 de los estatutos fundacionales “por una sociedad sin clases” desembocó en la instrumentalización de la herramienta de lucha del proletariado: el sindicato.

Los sindicatos mantuvieron un crecimiento continuo y sin crisis relevante hasta los 60’s con la administración de Díaz Ordaz y el Congreso del Trabajo, dónde la soga del Estado burgués mexicano va directo al cuello de los trabajadores y trabajadoras cooptando sus principios revolucionarios de manera clara en el quinto punto del programa de acción: “Luchar por un sindicalismo revolucionario combatiendo toda estimulación que lo desnaturalice; sin embargo hay que entender que revolucionario significa, en este caso, estar con  el gobierno emanado de la revolución mexicana”. ¡Es clara su intención por controlar y desviar de su objetivo histórico a todas y todos los trabajadores de México!

El cambio de política hacia los trabajadores se iba acentuando con el cambio en el modelo de administración de capital, dejando poco a poco el proteccionismo y Estado de bienestar que hasta el momento era vigente. La desaparición del Sindicato Ferrocarrilero de la República Mexicana y la represión del Movimiento estudiantil del 68 fueron expresión y síntoma de lo que se avecinaba para los oprimidos en el país, para la total desarticulación de la organización obrera que vivimos hoy en día.

El goce de las demandas y derechos de los trabajadores hasta los años 70’s y 80’s fue producto de la contradicción económica entre el bloque socialista de la Unión Soviética y el bloque capitalista impulsado por Estados Unidos y los países Europeos. Hasta entonces los sindicatos podían conseguir cumplir la minuta con el diálogo con el Estado, cuestión que cambió a partir de 1994 y la aprobación del TLCAN, con la entrada del Neoliberalismo y su política de muerte, el terrorismo de Estado.

Nuestra historia es sin duda una historia de lucha, pero también es la historia de la cooptación de la clase trabajadora. Hoy en día quedan algunos sindicatos combativos que iniciaron en el siglo XX como el Sindicato Mexicano de Electricistas, que a pesar de ser golpeados por el Estado en 2009, hoy se mantienen en pie de lucha. También está la cooperativa Pato Pascual y la cooperativa TraDoc, que son bastión de la lucha obrera en los últimos años. Ésta triada impulsa la Nueva Central de Trabajadores, lo que parece la parte sindical más democrática y combativa de México. Hay sin duda más referentes que son ejemplo como el Sindicato de Jornaleros de San Quintín, pero hoy la cifra como lo mencionamos en un principio es alarmante; si comparamos tasas de sindicalización y calidad de vida de los trabajadores y trabajadoras, veremos que hoy tenemos más similitud con la edad porfirista y de principios del siglo XX que con la mitad del mismo.

La sindicalización comunista, tarea de las y los trabajadores

Hemos visto como a lo largo de nuestra historia el Estado y la burguesía al mando han marcado la pauta de nuestra precariedad, nuestra miseria, nuestro sufrimiento de hoy en día; el desempleo, el outsourcing, la feminización laboral, son los nuevos baluartes para la explotación de nuestra clase y son el estandarte victorioso de la clase dominante sobre nosotros, los más pero los de abajo. Tenemos que voltear a vernos los unos a los otros hacia un proyecto de unidad combativa que deje atrás los viejos vicios, la era de la negociación de los derechos ya ha pasado y la situación económica y política se va agudizando.

Actualmente vivimos un cambio político muy importante que solo puede ser efecto de los cambios económicos de administración de capital a nivel mundial, el reacomodo capitalista, el fin del neoliberalismo por algo nunca visto pero peor. No queremos ser “ave de mal agüero” pero las condiciones para la gente trabajadora se van a poner color de hormiga. Hoy no contamos con la organización suficiente para cambiar la situación de nuestro país y formar las condiciones para una sociedad justa, una sociedad para las y los trabajadores.

Ante el panorama desolador nosotros, ustedes, los trabajadores, las trabajadoras tenemos la tarea de impulsar el crecimiento de la tasa de sindicalización, pero que ésta siempre aspire a la sindicalización que busca el socialismo como su objetivo. De la misma manera, y cómo lo mencionamos en la primera parte de este análisis la tarea de los sindicatos formados bajo esta vertiente es la construcción del partido histórico comunista, la clase obrera organizada, como herramienta para la toma del poder y para la instauración del socialismo en México.

Los y las trabajadoras tenemos que organizarnos, sí, pero tenemos que dejar también atrás la conformidad y empezar a formarnos, a instruirnos, dejar atrás la ignorancia a la que nos someten los medios de comunicación oficiales y las instituciones estatales, instruirnos y unirnos solidariamente en la lucha por la defensa de nuestros derechos sociales y políticos de educación, salud y trabajo, luchar y agitar en torno a nuestro objetivo de nación. Sin la participación activa de todos y todas una nueva nación no será posible ni hoy ni nunca.

¡Por la unidad de las y los trabajadores!

¡Venceremos!